La capital del Alto Paraná hace tiempo está abandonada a su suerte, y lo más penoso, por la misma gente que se benefició de ella, y que hoy está disfrutando de la bonanza económica que le otorgó este distrito fronterizo, que desde hace años se debate en la más profunda crisis que se recuerde.
Pareciera que al Gobierno poco o nada le importa el devenir del pueblo paranaense, que soporta los embates de la terrible recesión comercial, que ya ha causado estragos en esta zona fronteriza, como el cierre de centenares de comercios, y el consecuente despido de miles de trabajadores.
La profundización de la crisis no es algo nuevo. Data de más de una década y media aproximadamente (2004), cuando el gobierno brasileño comenzó a endurecer el control fronterizo, como una demanda a la ilegalidad comercial en esta localidad altoparanaense.
Ahí comenzó una idea de trabajo sobre “transparencia comercial”, que partió principalmente del sector privado, que comprometió al gobierno de turno de ese entonces para lograr sanear la transacción económica y comercial en Ciudad del Este. A pesar de que se logró terminar la tarea, el plan se puso en vigencia, hace alrededor de 8 años atrás, pero hasta hoy no ha cobrado efecto. La informalidad continúa tan vigente como antes.
Esta situación igualmente jugó un papel negativo en la economía de esta comunidad fronteriza, principalmente para la imagen en el extranjero, de donde nos ven como un país tramposo, y que siempre está envuelto en la ilegalidad.
Cuántos turistas fueron estafados por los mismos comerciantes, y otros, por vividores, que deambulan todos los días el microcentro comercial, procurando potenciales víctimas. Muchas veces, para peor, cuentan con la cobertura de algunos agentes de la propia Policía Nacional, que debería estar haciendo lo contrario, o sea, ofrecer seguridad a quienes visitan esta zona de la frontera.
La otrora capital mercantil de la república ha quedado en el tiempo, y el actual gobierno ni se inmuta por la gravedad del problema. El presidente Horacio Cartes más se preocupa por la obsesión reeleccionaria, que por el dramático panorama económico de Ciudad del Este, que se debate en la más profunda crisis conocida en los últimos años.
El 2016 fue uno de los peores años, en el plano comercial, para los habitantes de esta región fronteriza. Sin embargo, comienza el 2017, pero sin avizorarse de que la situación mejorará. El Gobierno tiene la obligación de priorizar el crítico panorama que enfrenta la capital del Alto Paraná, atendiendo que durante varios años se constituyó en el principal bálsamo de la economía nacional.
Hoy apenas es una quimera aquellos floridos años comerciales de Ciudad del Este, llegando a instalarse-según la prestigiosa revista Forbes- entre los tres centros comerciales más importantes del mundo, junto a Hong Kong y Miami. Si existiese voluntad política se hubiera mantenido.
Las autoridades deberán dejar atrás las cuestiones políticas y ocuparse en serio en la reconstrucción y revitalización de la capital comercial del Paraguay. Hoy no existe ni un proyecto que apunte a la recuperación económica. Es deber del Gobierno de impulsar un plan serio y responsable, que permita rescatar del abismo a esta localidad fronteriza. Actualmente Ciudad del Este está olvidada por sus autoridades.





























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