Mientras el gobierno de Horacio Cartes no plantea ningún plan de salvataje, la crisis, cada vez, le tiene más dominada a la otrora capital mercantil de la república, Ciudad del Este.
A esto hay que sumar la imperante corrupción en que están inmersas las autoridades municipales de la capital altoparanaense, bajo la batuta de Javier Zacarías Irún, apuntado como el jefe de un clan que hace y deshace en el segundo municipio más importante del Paraguay.
Y como si fuera poco, el jefe de Estado observa con indiferencia el desolador panorama que desde hace años se apoderó del mayor centro comercial de este país sudamericano. Cartes, a pesar de haber prometido, cuando fue investido presidente de la República, que Ciudad del Este sería transformada en un polo industrial, sin embargo, aquel juramento no fue trasuntado en realidad, y el pueblo paranaense continúa soñando de que se haga realidad.
Es más, el mandatario, las veces que viene a este distrito fronterizo del país, es al sólo efecto de otorgar respaldo e impunidad a un clan perverso, que se ha enriquecido a costa del pueblo, dilapidando los recursos públicos.
Cartes, como nadie, se dedicó a practicar un discurso cargado de mentiras e hipocresía, donde se pasa enfatizando la “transparencia de gestión” en la función pública, pero al mismo tiempo se abraza a personas de dudosa reputación pública, salpicadas, principalmente, en hechos de corrupción, como Javier Zacarías Irún, por citar sólo uno. El citado político, días atrás, fue denunciado por la Asociación de Abogados del Paraguay por presunto “enriquecimiento ilícito”. Pero la carpeta, curiosamente, habría sido encajonada.
Está más que demostrado que al actual gobierno poco o nada le interesa la suerte de la capital del Alto Paraná, ya que se pasa priorizando proyectos políticos mezquinos sobre los grandes planes que puedan apuntalar el desarrollo y crecimiento de este país.
Es lamentable que los sucesivos gobiernos de turno nunca hayan mostrado voluntad política para tratar de revertir la grave crisis socio-económica que enfrenta Ciudad del Este, desde años atrás. El presidente Cartes tiene la obligación y el compromiso de honrar la palabra empeñada, poniendo en práctica un plan de salvataje para este distrito fronterizo, que, en estos momentos, está sumergido en la desolación y dejadez.
Es más que preocupante como el mandatario se interesa casi nada por el devenir del segundo municipio más importante de esta república, hasta hace unos años atrás el principal pulmón por donde respiraba la economía nacional. Hoy apenas es una quimera esos momentos floridos de la capital del décimo departamento.
Horacio Cartes se ha ido extremadamente lejos con sus oscuros planes políticos, donde sin mayores escrúpulos se pasa protegiendo a corruptos y mafiosos, olvidando los compromisos asumidos con el pueblo cuando fue investido como presidente de todos los paraguayos. Es peligroso y extremadamente grave, que un mandatario brinde abiertamente “protección” a ciudadanos que deben rendir cuentas a la justicia.
Cualquier gobierno de turno tiene el sagrado compromiso de prestar mayor atención a Ciudad del Este, que desde hace años está en el olvido. Actualmente esta localidad fronteriza se encuentra en total abandono por parte de las autoridades locales, regionales y nacionales. De esta manera, es casi imposible de se vuelva a recuperar la vivacidad mercantil de otras épocas.





























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