Clase política será escollo para Cartes

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La votación en contra del Metrobús en la Cámara de Diputados mostró a la bancada colorada sometida a las órdenes provenientes del presidente electo Horacio Cartes, quien pidió un paréntesis de ocho días para solicitar al BID un cambio en el objetivo del préstamo otorgado. Pero, de igual forma, aparecen interrogantes en el horizonte respecto a lo que será la relación de HC con sus bancadas parlamentarias, tanto en el Senado como en la Cámara Baja, principalmente, por el manejo irracional del presupuesto nacional que hasta ahora propició la clase política.
El Gobierno se verá obligado a realizar profundas reformas económicas, que involucran una racionalización del tamaño del Estado y la eliminación de gastos superfluos así como un sinceramiento en materia de subsidios como el que se otorga a los transportistas, en vista de las dificultades que tiene actualmente Hacienda para cerrar sus cuentas. Allí chocará inevitablemente con los parlamentarios, quienes posiblemente le votarán a Cartes su proyecto de generalizar el IVA agrícola, pero con la condición de que no les corte su propensión a inflar el presupuesto.
Una incógnita mayúscula se plantea con la herencia de deudas dejada por la irracional gestión de gastos del gobierno de Federico Franco, especialmente en las obligaciones incumplidas con los constructores de obras viales y con otros proveedores del Estado, a los que se adeudan sumas multimillonarias. Se sabe que, en última instancia, el Gobierno acudirá a un préstamo de corto plazo del Banco Central, a cuenta de los impuestos a ser recaudados hasta fin de año, pero todo dependerá finalmente del grado de disciplina en el gasto que acepte acompañar la clase política.
Es posible entonces que más de una batalla se dé entre el Poder Ejecutivo y el Congreso, poniendo a prueba el acuerdo político “azulgrana” alcanzado en junio para la elección de las autoridades parlamentarias y para miembros del Consejo de la Magistratura, el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y la Justicia Electoral. En caso de una rebelión de sus huestes en el Parlamento, provocando la división de los colorados tanto en Diputados como en Senadores, Cartes tendría a su disposición votos liberales, encuentristas y progresistas, si no del Frente Guasu, pero todo dependería finalmente del tamaño de la fractura en las bancadas de la ANR.
Por ello, la imagen de unidad conseguida hasta el momento es fundamental sostener una vez inaugurada la gestión presidencial el 15 de agosto. De entrada, es posible que HC, aprovechando esta “luna de miel” con sus parlamentarios, consiga la Ley de Responsabilidad Fiscal en unión a las leyes anunciadas que gravarán más a los productores agropecuarios, pero, por otro lado, será necesaria una coordinación mayor entre el Parlamento y el nuevo equipo económico presidido por Germán Rojas, posible ministro de Hacienda, para la sanción de un presupuesto nacional adecuado a la necesidad urgente de reducir el déficit fiscal enorme que se hereda de la administración saliente.

La cuestión social
Otro gran problema que debe enfrentar el nuevo gobierno es la deuda con la sociedad en muchos aspectos, originados también varios de ellos en la inoperancia y la irresponsabilidad de la clase política en poner coto a una bola de nieve que ha venido creciendo, especialmente en cuanto a la falta de una política de empleos y de inversiones en el sector privado, que ponga a su vez freno al crecimiento del aparato estatal improductivo.
Como ya lo han señalado tanto Cartes como los obispos en una reunión mantenida la semana pasada, la solución a los problemas sociales, tanto en el campo como en la ciudad, así como la reducción de la pobreza, pasan por la creación de puestos de trabajo por medio de las genuinas inversiones que realice el sector empresarial privado, y no ya el Estado. Sin embargo, un requisito esencial para que se dé este escenario es el funcionamiento de la Justicia y la reducción de la gran corrupción que envuelve las mismas relaciones entre los sectores público y privado.
Cartes sabe que su lucha contra la corrupción dependerá sin lugar a dudas de la forma en que lleve su relación con la clase política, porque sabido es que el Parlamento ha sido un verdadero mercado persa en los últimos tiempos, donde ha habido fuertes rumores de compra de votos para la aprobación de algunos temas o el rechazo de otros, como en el caso del Metrobús.
Ni bien se instalaron los nuevos congresistas en sus bancas, ya copiaron a sus colegas que salieron en junio con la presentación de nuevos proyectos de pensiones graciables, creación de nuevas universidades privadas y de otros innecesarios planteamientos que suponen el uso irracional de recursos. 
La voz de orden debe ser por una parte la política de austeridad, que no sólo involucre el congelamiento salarial en el sector público y la no creación de nuevos puestos estatales, sino también la disciplina fiscal que traiga como resultado un mayor apoyo del Estado a la estabilidad macroeconómica conseguida en los últimos diez años, principalmente con el aporte privado y la paciencia ciudadana hacia el escandaloso manejo reciente de las finanzas públicas por parte del gobierno liberal.

 

Escribe: Luis Alen

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