Hace 38 años que se instalaron en el lugar, en una propiedad de 850 hectáreas, de las cuales 200 son mecanizadas, donde plantan, para la venta, soja y maíz. Además crían cerdos, producen quesos, también para la venta. Para el autoconsumo cultivan poroto, maní, mandioca, batata, entre otros rubros.
Todos trabajan en forma unida. En la organización de Puerto Barra, en primer lugar, están los líderes, que son cuatro y que son elegidos por la comunidad. Tienen la responsabilidad de organizar el trabajo y dar respuesta a las necesidades de la colectividad. Cuentan con escuela, farmacia, comedor comunitario, depósito, ordeñadora de vaca y piscicultura. Este año iniciaron el cultivo de yerba mate. La meta es cubrir 40 hectáreas.
Vivienda
La semana pasada se iniciaron los trabajos de construcción de viviendas, con el que se busca responder al déficit que actualmente tienen. La meta es concluir 4 viviendas por año, hasta llegar a 20, con lo que permitirá que en cinco años más, cada familia tenga su propio espacio físico dentro de la comunidad. El modelo será uniforme y fue consensuado por el concejo de ancianos. La parte inferior, correspondiente a la base, será de material cocido, el resto será de madera.
Una de las primeras viviendas va cobrando forma. La construcción y dirección de la obra está a cargo Felipe Cachagi, el constructor de la comunidad, que incluso fue a los Estados Unidos a perfeccionarse en el área.
“No queremos endeudarnos, es por eso que nos hemos trazado la meta de construir 4 casas por año. Acá somos 40 familias, la mitad no tiene casa. Es decir que en una vivienda viven más de una familia en este momento”, comentó José Anegi, uno de los jóvenes inquietos y trabajadores de la comunidad.
Sustentable
Puerto Barra celebra el próximo 20 de octubre, 38 años de fundación. Sin dudas es una de las comunidades nativas mejor organizadas y económicamente sustentables.
Anegi explica que toda la comunidad trabaja. Cada familia tiene su responsabilidad dentro de ella y como todo emprendimiento se gana y se pierde. “Este año económicamente no nos está siendo fácil, pero no podemos quejarnos. La soja tuvo un muy buen rendimiento este año, con un promedio de 4 mil kilos por hectáreas, pero en el cultivo de maíz zafriña, lastimosamente no nos fue bien, perdimos, debido a que el clima no nos favoreció”.
El joven líder de la comunidad, viaja semanalmente a la localidad de San Joaquín, departamento de Caaguazú, donde comparte la experiencia de Puerto Barra con sus pares de Cerro Moroti. La reducción de los bosques y animales silvestres está obligando a los Aché de Caaguazú a imitar la organización de sus pares de Naranjal.
“Ellos están despertando ahora. A nosotros nos llevó 38 años para tener la comunidad organizada y estamos compartiendo lo que aprendimos en todo ese tiempo. No es que empezamos con tierras mecanizadas y gran extensión de cultivo. Mi papá comenzó a cultivar 2 hectáreas de soja y de ahí fue aumentando de a poco. Caso contrario, vamos a entrar en deudas y después no vamos a tener la capacidad para cubrir los gastos que demandan los cultivos”, sostuvo José.
“Alquilar las tierras es como invitar a una persona extraña a dormir en nuestra casa. El extraño duerme en la cama dentro de la casa y el dueño, fuera”, señaló el líder con su peculiar manera de explicar las cosas.
El dirigente aclaró que no se trata de imponer el sistema de trabajo desarrollado en Puerto Barra, sino de transferir experiencia. “Los miembros de la comunidad deben entender que el desafío para poder progresar es conjunto. Antes, la lanza y la flecha eran nuestros elementos para poder sobrevivir, hoy eso se cambia por la tecnología. Hoy terminaron los bosques, los animales y hay que cultivar la tierra para poder comer, alimentar a nuestras familias y eso hay que aprender”, refirió.





























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