Con Dilma nada para festejar

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El Gobierno de Horacio Cartes respiró aliviado tras la reelección de Dilma Rousseff a la presidencia del Brasil. Aparentemente, una eventual victoria de Aécio Neves pudo haber significado un cerco militar en la frontera, para combatir el comercio ilegal.

Si en verdad ese era el miedo del gobierno, hay que reconocer que desde la era de Ignacio Lula da Silva (2003) las fronteras paraguayas, principalmente entre Ciudad del Este y Foz de Yguazú, vienen sufriendo un férreo control, desalentando que los denominados “turistas compristas”  brasileños lleguen hasta la capital paranaense a adquirir los productos ofertados en los centros comerciales locales.

Nadie busca justificar o apañar los negocios prohibidos que se generan desde el territorio nacional, pero tampoco el gobierno paraguayo debe permitir que sea perjudicado el comercio lícito en esta zona fronteriza de la república.

El endurecimiento en la fiscalización aduanera, desde años atrás, por parte del gobierno brasileño, ha significado una multimillonaria pérdida al comercio paranaense, que ahora se encuentra agonizante y sin posibilidad de recuperarse a corto tiempo.

Uno de los hechos más visibles de gobiernos anteriores y el actual, es la falta de voluntad política para buscar poner en práctica un plan estratégico, que intente revertir la crisis económica de Ciudad del Este, que lo tiene agobiado, aproximadamente desde el 95, cuando comenzó la recesión y hoy es una “enfermedad”, a la que se debe hallar la panacea adecuada, para reposicionar a la otrora capital mercantil del Paraguay, en el lugar donde se merece.

El escepticismo crece, como antes, con la reelección de Dilma Rousseff, porque Brasil no amaga, con el gobierno petista, pacificar esta región fronteriza con el Paraguay. A raíz del rígido control ejercido por la Receita y Policía Federal, el comercio ha caído estrepitosamente. Sin embargo, el gobierno de Cartes pareciera no inmutarse ante esta cruda realidad, que, lentamente, va acabando con la principal y casi única fuente de empleos en esta zona, el comercio.

Varios sectores conservadores de la clase política paraguaya aplaude la reelección de la presidenta brasileña. Pero entrando en un análisis más profundo, no se encuentra beneficios muy importantes que haya generado para el país doce años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), que deberá en el 2018 completar 16 años de gestión gubernativa.

Horacio Cartes no tiene que cruzarse los brazos para encaminar un rápido y serio diálogo con la presidenta reelecta, para abordar y discutir varios temas pendientes, en los que está incluida la crisis fronteriza. Indudablemente el gobierno de la vecina nación tiene la presión de poderosos grupos empresariales, que buscan aniquilar a Ciudad del Este, ya que constituye una seria amenaza  para el comercio brasileño.

Cuatro años más de Dilma Rousseff bajo ningún aspecto se puede considerar como algo alentador para el Paraguay, tomando en cuenta que la política de un gobierno, de fachada socialista, tiene como principal objetivo tener a los países chicos del hemisferio como chivos expiatorios. El presidente Cartes no puede seguir permitiendo el sometimiento del Paraguay y es hora de hacer respetar sus derechos y soberanía.  Por tanto, no hay mucho para aplaudir con Dilma.

 

 

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