Con preocupantes perspectivas se cierra año económico complicado

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Tal como ocurriera en 2010 y 2011, cuando de un 15 por ciento de auge en el PIB (Producto Interno Bruto) se bajó a un 3 por ciento, de nuevo en 2013 de un incremento de casi 14 por ciento se anuncia un aumento de sólo 4 a 5 por ciento en 2014, en un ritmo zigzagueante de la economía paraguaya incluyendo el intervalo de un crecimiento prácticamente “0” en 2012.
Estos vaivenes del nivel de producción y actividad económica reflejan sin lugar a dudas no sólo la vulnerabilidad del país ante los avatares climáticos que impactan en la producción agropecuaria y los cimbronazos de los precios de materias primas a nivel mundial, sino también la mala respuesta de los gobiernos que se sucedieron en el período indicado ante los ciclos económicos inestables. Entre los factores que ahora se señalan como causante directo del menor ritmo económico que se prevé para 2014 figura la inadecuada política de inversiones del Estado, que sufrió una parálisis totalmente evitable durante el largo período de traspaso del mando a la nueva administración, entre abril y agosto de 2013.
Pero no sólo se puede achacar el menor crecimiento económico a la irresponsable actitud de castigar a todo un país y al propio Estado -por los supuestos hechos de corrupción a investigar- con la paralización de los pagos a las empresas contratistas de obras de infraestructura, estimándose en un paro que afectó a más de 100 mil personas. También existen otros elementos a considerar dentro de la desidia gubernamental.
Corresponde reconocer que los sucesivos gobiernos desde el 2008 a esta parte, no pudieron o no quisieron, que es lo peor, establecer un plan serio de inversiones públicas a 10 años plazo que saque al país de su estancamiento de décadas en materia de infraestructura de transporte, tanto fluvial y vial, como aérea y ferroviaria, de tal forma a facilitar los procesos productivos y de salida o entrada de productos, tanto de exportación como importación.
Precisamente, el Banco Mundial acaba de confirmar que el Paraguay ha retrocedido dos puntos en el ránking internacional “Doing Bussiness” (Facilidades de Negocios), pasando del puesto 107 al 109. Esto ocurrió porque se ha observado que el país tiene serias dificultades en el proceso de despacho de las mercaderías, tanto para la exportación como para la importación. Según el estudio del BM, Paraguay tarda alrededor de 29 días en el proceso de exportación de mercaderías a su lugar de destino, cuando el promedio de América Latina es de sólo 17 días, lo que repercute en el costo del envío de los contenedores, que se vuelve así más alto. El encarecimiento en los envíos y la recepción de contenedores lógicamente ocurre porque el país está a 1.000 kilómetros del mar, pero además se indica que nuestra economía tiene falencias notorias de infraestructura que dificultan que se pueda llegar al promedio de la región latinoamericana en cuanto a tiempo y costo del comercio de productos. Es cierto que el país exhibe otros indicadores de bajo costo y que resultan competitivos a la hora de evaluar la rentabilidad de las inversiones productivas, como la estabilidad macroeconómica y la baja presión impositiva, pero en los aspectos institucionales como la administración tributaria muy desprolija y los problemas de seguridad jurídica principalmente en el tema de propiedad de la tierra y derechos intelectuales o marcarios, existen también evidentes fallas que corregir. Pero en lo que más hacen hincapié los analistas del Banco Mundial es con relación a la complicada situación de la infraestructura de transporte.
No se concibe que el país, con tanta abundancia potencial de energía eléctrica no haya desarrollado aún un sistema eficiente de transporte ferroviario electrificado para una salida rápida de la producción de exportación y una entrada de productos importados a través de un ferrocarril que una Asunción con Ciudad del Este, y desde aquí empalme con la red ferroviaria brasileña hasta llegar a Paranaguá, sobre el océano Atlántico.
Lo mismo se puede afirmar con relación a la salida del Pacífico, por medio de una línea ferroviaria que vaya hasta el puerto chileno de Antofagasta, donde también el país cuenta con un puerto franco.
Pero todo este plan de inversiones, con la necesaria participación del sector privado, queda finalmente supeditado a la “buena voluntad” del poderoso vecino brasileño, de conceder al país un status diferente al de mero proveedor de energía eléctrica a bajo costo, para pasar a ser un consumidor de su propio excedente energético, actualmente bajo control de Brasilia. No se puede elaborar ningún plan de inversiones en base a la electricidad, si es que el Brasil no cede al Paraguay para los próximos diez años, el uso gradual de la energía que le corresponde en el complejo hidroeléctrico de Itaipú.
El Gobierno paraguayo no puede quedar a la deriva y a la buena de Dios esperando un guiño favorable del Brasil en este tema, sino acometer una dura tarea de inversiones en generación de electricidad térmica, posiblemente sobre la base del gas natural boliviano, además de la eólica y la solar, con el fin de poseer una buena oferta de energía para el consumo interno y la exportación.
Sólo así se consolidarán las inversiones públicas y privadas con las cuales propender a un crecimiento económico mayor en los próximos años y no depender de la variabilidad climática y los ciclos internacionales de materias primas.
Hay que recordar que un incremento del 5 por ciento en el PIB resulta totalmente insuficiente para bajar la pobreza varios puntos porcentuales, ya que la población sigue aumentando por encima del 2 por ciento anual.
Así, el crecimiento real resulta del 3 por ciento, cuando lo mínimo es de 5 a 6 por ciento real para cantar victoria en esta materia de lucha frontal para bajar el umbral de la pobreza extrema, en la que está jugado el actual Gobierno nacional presidido por el empresario Horacio Cartes.

Escribe: Luis Alen

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