Corrupción sacude al Parlamento

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El Parlamento Nacional en los últimos tiempos se convirtió en una cueva de corruptos, rateros y ladrones. Hoy es sacudido a través de las redes sociales, movilizaciones y la prensa, porque las instituciones no funcionan para castigar a los facinerosos, que guarecidos bajo el fuero, gozan de una vergonzosa impunidad y así siguen burlándose de la ciudadanía.

Sin embargo, al pueblo cansado de tanto atropello, y sin que sea oído en sus reiterados reclamos, no le queda otra que salir a la calle a expresar su repudio contra las grandes injusticias que se viene cometiendo desde el poder fáctico en esta república.

El Paraguay no puede continuar sumido en la ilegalidad, donde, penosamente, en las últimas décadas, la marca país es la corrupción. Este mal endémico ha traspasado toda la esfera social, pasando a corromper a toda una sociedad, sin que las instituciones o autoridades competentes tomen medidas o castiguen a quienes se vean envueltos en este grave hecho.

La corrupción en esta nación guaraní no es patrimonio exclusivo del Parlamento Nacional, sino de otras instituciones, como el Poder Judicial, el Ministerio Público, el Poder Ejecutivo, Aduanas y varios Ministerios, son, constantemente, salpicados por hechos irregulares, que, indudablemente, no ayudan en nada para que el país sea observado como alternativa válida para la inversión de capital de grandes empresas multinacionales.

El pueblo paraguayo está hastiado del “pokaré” de sus autoridades, peor aun por la abierta impunidad existente a los ladrones y corruptos, que “decoran” las Cámaras de Diputados y Senadores, como otras instituciones públicas, que, permanentemente son asaltadas por una banda de facinerosos, que no reciben el castigo que se merecen.

El próximo presidente de la República, Mario Abdo Benítez, tiene la responsabilidad y el compromiso asumido con la ciudadanía en combatir la corrupción en el Paraguay; trabajar para limpiar  de facinerosos y de ladrones las instituciones del Estado, para que nunca más hayan un Oscar González Daher, un José María Ibáñez, un Víctor Bogado, un Javier Zacarías Irún, un Luis Canillas, entre otros inmorales, que dañan terriblemente la credibilidad de esta nación sudamericana.

Asimismo, los parlamentarios deben demostrar una real voluntad política para tratar así de combatir y luchar contra este flagelo, que se llama corrupción. Si los diputados y senadores en verdad quieren limpiar el Congreso de los bandidos, tendrán un fuerte acompañamiento del pueblo, que desde años sufre las consecuencias del grosero clientelismo político, que se ha tornado una práctica común en el Paraguay.

El país merece salir de la “cloaca” en donde está sumergido desde hace muchos años atrás. El pueblo no puede seguir viviendo y conviviendo con la inmundicia. Suficiente ya del que se viene padeciendo, y es hora que aparezca un gobierno patriota, que ponga fin al atropello permanente al estado de derecho, y el sometimiento constante de la justicia al capricho de los ladrones y facinerosos, que siguen haciendo lo que se les antoja, porque en el Paraguay no hay castigo para los bandidos.

 

Es hora de sacudirse y no dejar más que seudos autoridades sigan burlándose del sufrido pueblo, que se merece un mejor nivel de vida, y para lograr eso hay que acabar con la corrupción, mal éste que ahora sacude al Parlamento paraguayo.

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