Corrupción y prepotencia se enseñorean en comuna de CDE

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Los hechos de corrupción en la comuna esteña no bajan de nivel. No existe una sola barrera que permita poner coto a esta situación. Medidas consideradas parche y sólo para esquivar las críticas son las que se aplican. Un policía de tránsito, Diego Burgos, fue grabado en el preciso instante que recibía una coima. La jefa comunal lo destituyó de inmediato y ahí quedó; no se tomó otras medidas correctivas serias. De hecho sigue al frente de este departamento el ex militar Carlos Florenciáñez, indiciado como jefe de una gavilla de delincuentes con uniforme de tránsito, que sólo salen a las calles para coimear, y cuyo producto va a parar a varios destinos poco claros. Nadie hace absolutamente nada al respecto. La ciudadanía está totalmente desprotegida. Con el desorden generalizado existente en la comuna paranaense, colaboran para que sea así, las propias autoridades, como lo protagonizado recientemente por el edil liberal, ahora neozacariista, Atilio Alegre.

 

En secuencia se observa al agente de tránsito, Daniel Burgos, recibiendo el dinero de una automovilista. Esto ocurrió sobre la avenida Adrián Jara (frente a la oficina de Claro), en pleno centro de la ciudad.

Lentamente va escapando de las manos de la autoridad municipal el control del grupo de recaudadores, en su mayoría delincuentes con uniforme de Policía de Tránsito de la comuna de Ciudad del Este. Una tibia reacción de Sandra McLeod -destituyó a un policía descubierto in fraganti- para tapar la verdadera corrupción en la dirección de Tránsito. A esto se suma la prepotencia de los mismos representantes del pueblo, como lo protagonizado la semana pasada por el edil Atilio Alegre.
Un Policía de Tránsito, Daniel Burgos, fue grabado en el mismo instante que recibía una coima en la concurrida esquina de la avenida Adrián Jara y Curupayty (frente al hotel Executive) en una intervención a una conductora que habría cometido una infracción. Este incidente se verificó el viernes de la semana pasada.
Si no se divulgaba estas escenas en los medios, es probable que pasara desapercibido, debido a que todos están comprometidos en estos hechos. La gavilla está encabezada por el intocable Carlos Florenciáñez, director de esta sección de la Comuna; protegido de lo más encumbrado del clan Zacarías.
La dirección de Tránsito, verdadera oficina recaudadora; y perfecta maquinita de hacer dinero que goza de la más grande impunidad.
Si bien la corrupción es una determinación personal; sin embargo la misma autoridad municipal lo permite con actitudes como la de mantener a Florenciáñez al frente del discutido departamento. El ex militar ya fue destituido por hechos de corrupción hace tres años y un tiempo después regresó “por orden superior”.
La destitución “inmediata” de Burgos por orden de McLeod fue interpretada como una suerte de parche para desviar la atención de lo más urgente e importante; la verdadera guerra contra la corrupción.
El ex agente de tránsito Burgos es sólo la hilacha de una madeja que cubre un gran y efectivo sistema de corrupción, que maneja importante cantidad de dinero, producto de tales hechos corruptos. Este esquema fue desarrollado por Florenciáñez; hombre de absoluta confianza de Javier Zacarías; ex intendente y ex candidato a Presidente por el Frente para la Victoria, en las recientes elecciones coloradas. Hoy Zacarías, no se despega de Cartes, buscando acceder a algún cargo dentro del nuevo gabinete.

Recaudador
Burgos fue uno de los principales recaudadores de Florenciáñez. Los más eficientes tienen zonas de elevada rotación vehicular; como el caso de la avenida Adrián Jara y su intercepción con la calle Curupayty; lugar donde fue grabado en el momento preciso en que cobraba una coima.
Burgos “fabricaba” la infracción y de inmediato iniciaba el acoso al “infractor”. La amenaza de secuestro del registro de conducción; de la habilitación del automóvil y más tarde del mismo vehículo -instrumento de trabajo- comienza a inquietar a la víctima. El Policía induce a un posible arreglo para evitar el “trámite engorroso” de recuperación de los documentos y automóvil y la  “infractora” en este caso, termina comprendiendo que esa propuesta -ilegal- es de conveniencia pues paga un precio menor a la multa y no pierde el automotor y documentos. Minutos después se cierra el trato y se consuma el hecho de corrupción.
Llegó la especie a oídos de Sandra McLeod y cual comprometida contra estos hechos procedió de inmediato a destituir a Burgos; pero jamás levantó el teléfono para pedir explicaciones a Florenciáñez. Sandra sabe que en Tránsito no existen policías; sino gavillas de corruptos dirigidos por el ex militar. La historia ratifica esto, pues hace tres años la misma intendenta destituyó a Florenciañez; pero un tiempo después le devolvió el cargo; por presión de la jefatura del Clan Zacarías.
Florenciáñez dijo a los medios que de inmediato se dio participación a la intendenta y la propia fiscalía. Lo que no dijo es porqué el mismo no se pone a disposición para una investigación a profundidad de otros casos que sí lo involucran.
Este hecho, el incidente de Burgos, es el segundo en una semana. Unos días atrás un ciudadano argentino, Luis Burton, hizo una denuncia por una situación similar. Estos casos sólo revelan el estado de descomposición en el que se encuentra la Intendencia municipal de Ciudad del Este.

Escribe: Federico Herreros T.
federicoherrerost@gmail.com

 

 

 

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