Escribe: Abog. Gloria Carolina Ramírez Franco
Dando seguimiento al tema abordado en la edición pasada, con ciertos punteos preliminares, donde se han levantado elementos críticos sobre las condiciones de las mujeres jóvenes, adultas y niñas, de las sociedades indígenas en esta zona de frontera, se pudo visualizar que en su gran mayoría los habitantes de las comunidades indígenas viven en condiciones muy duras y terribles, lo cual conlleva a una serie de violencias en los hogares donde el hombre supuestamente quiere imponer sus normas, su poder.
Según ciertos estudios realizados, de manera participativa, se están sacando a luz los crímenes y constantes violaciones que en gran parte son cometidos por personas no indígenas: paraguayos, brasileños, argentinos. La existencia de una elevada proporción de mujeres que son violentadas en sus derechos, en un momento que deberían estar estudiando, trabajando, contribuyendo al fortalecimiento de sus pueblos y cultura, resulta inadmisible.
Vemos como un apartado, pero muy grave, un tipo de violencia específicala trata o trafico de personas, la lucha contra la misma genera cierta dudas con relación a las mujeres que son instruidas en las distintas comunidades indígenas de la zona, ya que durante la capacitación muchas mujeres que participan como respuesta al tema de sus salidas, hicieron referencia a ciertos elementos que nos vemos en la necesidad de agrupar en grupos de estudios y trabajos: -La necesidad de conocer y profundizar la violencia de género, especialmente la de tráfico de personas. –Una esperanza para encontrar un mecanismo de prevención conjuntos, entre las mujeres indígenas de las tres fronteras. -Expectativa con respecto a la propia fuerza de las comunidades indígenas y de sus líderes políticos. -Erradicación de la violencia de género y explotación, que dependen de los gobiernos, sobre todo enfatizando las causas que las generan.
Las mujeres quienes fueron capacitadas en las distintas comunidades, se han involucrado con coraje y determinación, con el firme objetivo de incrementar en sus comunidades y asociaciones indígenas, las experiencias e informaciones recibidas en cuanto a los derechos humanos, género, juventud, situación socio ambiental, violencia contra la mujer y trata de personas; una cuestión factible, pero que no representa una tarea fácil.
El Ministerio de la Mujer, como un ente del Estado, que se precia como defensora de los derechos humanos (Mujer), en este tema específico de los derechos de los pueblos milenarios, está encarando con un trabajo mancomunado entre varias instituciones para elevar las condiciones sociales, defender la integridad y la libertad de las nuevas generaciones, con políticas decididas a eliminar las condiciones que favorezcan la violencia de género y explotación, ejercidas fundamentalmente por los varones no indígenas que aniquilan la dignidad de las niñas, jóvenes, mujeres adultas y adultas mayores nativas, movidos por la diferencia racial, según la cual las indígenas son prácticamente infrahumanos; en otras palabras, seres vivientes disponibles para satisfacer todo tipo de intereses – incluso, los de índole económico-, sin que puedan siquiera quejarse, visión ésta que se remonta en la historia de la colonia, conocida como la encomienda.
El problema de la violencia de género y la de trata de personas en que las víctimas son mujeres indígenas, es un aspecto que denigra a toda la sociedad, sean estas paraguayas, brasileñas o argentinas. Con ciertas medidas de acción se requiere la urgente voluntad de incorporar un diseño de las políticas públicas, con mucho conocimiento sobre el tema, basado en estudios de campo con las especificidades étnicas y culturales de los pueblos nativos y sus generaciones para su mejor efecto.
Dicho conocimiento debe ser clave para una educación popular, pero con la participación directa y protagónica de todos los miembros de las comunidades indígenas.





























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