Ciudad del Este, así como las otras ciudades de frontera, como Pedro Juan Caballero y Salto del Guairá, sufre una grave crisis comercial como consecuencia de la escasa presencia de compristas brasileños, cuyo poder adquisitivo se vio seriamente afectado por la devaluación del real ante el dólar. Por ahora, todo indica que esta crisis llegó para quedarse por un buen tiempo.
Según los datos, la crisis brasileña se centra principalmente en la devaluación del real e impacta con el menor ingreso de brasileños en las ciudades fronterizas. Es así que la crisis brasileña no sólo afecta al comercio fronterizo, en donde se habla de una caída en las ventas de entre el 70 y 90 %, con más de 1.000 comercios clausurados de los 5.000 existentes en frontera.
Los analistas económicos sostienen que esta situación seguirá dando sus golpes a la economía local, por lo que se recomienda ir ajustando los cinturones, porque la crisis aparentemente llegó para quedarse. Si bien es cierto la recuperación, en el caso de Ciudad del Este, es casi inmediata si la economía brasileña muestra giro positivo, pero como todo índica que no habrá cambios, significa que hay que ajustar los cinturones.
De hecho la desaceleración de la economía brasileña se ha venido sintiendo en el Paraguay desde hace unos 2 a 3 años atrás y que el principal sector afectado es el comercio fronterizo, dedicado a la reexportación de productos terminados.
Todo esto obligó a realizar las correcciones pertinentes en las proyecciones de crecimiento para el 2015, realizadas por el Banco Central del Paraguay (BCP), bajando de 4,5% a 4%, lo cual guarda relación directa con los efectos de la desaceleración de la economía brasileña.
El contexto
La economía brasileña es la mayor de América Latina, por lo que su desempeño tiene importantes repercusiones en los demás países, especialmente en economías pequeñas como la paraguaya. Las proyecciones económicas auguran para lo que resta del año 2015 una baja tasa de crecimiento del PIB.
El Brasil entró en un periodo de desaceleración económica, a lo que se sumarán presiones por un aumento de precios. Adicionalmente, se espera que otros indicadores, como el déficit fiscal primario, presenten un desempeño negativo al cerrar el año.
Paraguay es un país pequeño y con un desempeño altamente volátil. El excesivo peso relativo que tiene la producción agropecuaria en el PIB, dependiente a su vez de las inclemencias climáticas, hace que en los últimos años, aunque hayamos tenido un nivel de crecimiento promedio alto, este ha sido sumamente fluctuante. La falta de previsibilidad derivada de la volatilidad constituye un obstáculo importante para los buenos resultados económicos a largo plazo.
A la volatilidad interna se agregan los vaivenes de los países vecinos, esta vez del Brasil, lo cual debe obligarnos a replantear seriamente el modelo de crecimiento económico a largo plazo. Si bien la situación del vecino país no es todavía grave, nuestra política económica debe ser capaz de enfrentar una situación como ésta.
De hecho, la inestabilidad que presenta la Argentina ya nos viene afectando desde años atrás, lo que debiera haber servido de antecedente para poder enfrentar ahora los posibles efectos negativos de la desaceleración de la economía brasilera.
El Estado paraguayo debe avanzar en el diseño y la implementación de políticas de largo plazo, atendiendo a su condición de país pequeño y con intenciones de insertarse en el mercado mundial.
La diversificación productiva, la apertura de nuevos mercados, la ampliación y el fortalecimiento del sector industrial son, entre otras transformaciones, algunas de las que podrían contribuir a proteger o mitigar los efectos de las coyunturas de los países vecinos.




























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