Culpan a Paraguay del contrabando, pero en Brasil lo manejan los grupos mafiosos

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Escribe: Luis Alen.

 

Ya no es ninguna novedad que se denuncie en Brasil el contrabando proveniente del Paraguay, y especialmente el de cigarrillos. Pero lo preocupante son las declaraciones que tratan de centrar toda la culpa en el presidente Horacio Cartes, cuando se sabe que el esquema de los tráficos ilícitos está manejado por grupos mafiosos con sede en el vecino país.

Para empezar, la industria tabacalera paraguaya ha florecido en base a la calidad de su producción y ha consolidado marcas propias en los diferentes mercados de la región, lo cual por supuesto ha generado la animadversión de las grandes multinacionales que controlan el negocio en el continente, como la British American Tobacco (BAT) y la Philip Morris International (PMI)

Y a continuación, no es tampoco responsabilidad de la industria del tabaco en el Paraguay la elevada cuota impositiva que pesa sobre los cigarrillos producidos en los países vecinos, con niveles que superan el 70 por ciento como ocurre en el mismo Brasil.

Por eso, suena ridículo que se quiera frenar el contrabando de cigarrillos de Paraguay a Brasil con medidas extremas de control, utilizando hasta a las Fuerzas Armadas, cuando se sabe que el diferencial de impuestos entre ambos países deviene en un atractivo sustancial para hacer rentable la venta del producto paraguayo en el territorio brasileño, por encima de cualquier costo que provenga de las fiscalizaciones de la Receita o de la Policía Federal.

Por otra parte, la propuesta del Frente Guasu paraguayo de llevar a 50 por ciento los impuestos sobre el cigarrillo parece dictada por los brasileños o sugerida por otros países de la región, pero resulta inaplicable a nivel interno de nuestro país porque iría contra el desarrollo de la industria nacional tabacalera, que ya está pagando más de 50 millones de dólares anuales en impuestos y da fuentes de trabajo a miles de compatriotas.

Pareciera que el Frente Guasu también quiere atacar al presidente Cartes y no encuentra la mejor manera de hacerlo que proponiendo subas impositivas sobre los cigarrillos, bajo el pretexto de reducir el consumo de tabaco en el país y así bajar el gasto de la salud pública en el tratamiento de las enfermedades producidas por el hábito de fumar.

Exportación legal

Los voceros brasileños de las multinacionales BAT y Philip Morris, nucleados en dos organizaciones no gubernamentales (Oenegés) también sugirieron que llegó la hora de que los gobiernos de Paraguay y Brasil negocien la entrada legal de los cigarrillos paraguayos en el vecino país, bajo el régimen de exportación en el marco del Mercosur.

No sería una mala idea desde el momento que sin ninguna publicidad ni marketing muy complicado las marcas de las tabacaleras paraguayas se han posicionado favorablemente en el ránking de los cigarrillos más vendidos, tanto en Brasil como en otros países de Sudamérica.

Pero el problema radica en los impuestos internos muy altos que rigen para la comercialización de los cigarrillos en los mercados de dichos países. Las multinacionales están habituadas a estos niveles de impuestos y hasta los propician, con tal de luchar contra los productos de introducción fuera de las normas aduaneras.

Pero las industrias paraguayas no podrían mantener costos competitivos y precios accesibles al público consumidor, desde el momento que deben importar la mayor parte de la materia prima y los insumos, con el agregado de los fletes elevados que deben pagar por la condición de mediterraneidad del país, a lo que se añade también la carga impositiva vigente en el Paraguay.

Llama la atención que los voceros de las Oenegés de antipiratería y anticontrabando del Brasil se hayan puesto de acuerdo al unísono para reclamar medidas más estrictas del Gobierno de su país contra el ingreso de cigarrillos y otros productos desde el Paraguay, cuando se conoce que la producción “pirata”, incluida la de tabacos, está floreciendo en el vecino país al amparo de la mirada complaciente de sus autoridades.

Hay informes que dan cuenta de la creciente falsificación de marcas de cigarrillos paraguayos en el Brasil, así como de otros productos de importación procedentes de China. Salta a la vista que, de esta forma, el problema se da vuelta e implica al mismo Brasil y a los responsables del control de la piratería, dejando de ser un tema que atañe al Paraguay o a su Gobierno.

De allí que suena muy fácil echar toda la culpa al presidente Cartes o a la industria tabacalera paraguaya, en el caso de los cigarrillos, porque resalta una vez más que el contrabando escapa al control del Paraguay, pasando a constituir un caso de falta de fiscalización adecuada en las aduanas y en las rutas del país vecino.

Resalta así la connivencia de las Oenegés con las multinacionales, como el caso de la Asociación Brasileña de Lucha contra la Falsificación, que más bien deberían desviar la mirilla de sus tiroteos hacia las grandes y aceitadas mafias que controlan toda clase de tráficos ilegales en el Brasil, y que envuelven tanto a funcionarios como a miembros de las organizaciones criminales.

 

Los cigarrillos paraguayos, que son un artículo lícito en contraposición a las drogas prohibidas, resultan un producto  bajo sospecha por el solo hecho de competir con las marcas de las multinacionales, en base a calidad y precio. El asunto del control impositivo ya es problema interno del Brasil.

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