Suman y siguen las evidencias acerca de un creciente descontrol en las finanzas estatales, a seis meses de la asunción al mando del presidente Horacio Cartes. Preocupa el hecho de que al Jefe de Estado se le hace cuesta arriba llevar adelante una buena gestión de los fondos públicos, debido al alto costo que debe pagar por la “paz partidaria”. Tiene que poner freno a esta situación que conspira contra el éxito de su gestión. Algunos parlamentarios e intendentes del país, coinciden en señalar que la Ley 4.758/12 del Fondo Nacional de Inversión Pública (Fonacide) debe ser modificada.
Un análisis de los primeros meses de gobierno muestra, por un lado, que HC consiguió de la cúpula de la ANR y de los legisladores colorados el apoyo para obtener leyes fundamentales para su gestión exitosa, como la Alianza Público-Privada (APP) y la de Responsabilidad Fiscal, pero, por otra parte, se nota que tuvo poco margen para poner freno a las “recaudaciones paralelas” como las de la Aduana, o en la ejecución de gastos que no se sabe a dónde fueron a parar, ya que no se vieron mayormente las obras realizadas, como en el sonado caso del Fonacide para las escuelas manejado por gobernaciones y municipios, la mayor parte en manos de liderazgos locales republicanos.
El equipo técnico del gabinete económico, comandado por el ministro de Hacienda Germán Rojas, dio el grito de alerta cuando reconoció que la institución a su cargo no cuenta con recursos para cubrir el 30 por ciento de los compromisos presupuestados por la administración central en 2014, debiendo recurrir en consecuencia a aplicar medidas draconianas que afectarán a los contribuyentes, como aumentar multas a los morosos y a adoptar mano dura en la gestión de los impuestos, en el caso del Impuesto a la Renta Personal y en la generalización del IVA (Impuesto al Valor Agregado)
A pesar de que no es ninguna novedad que la administración tributaria adolece de falencias que arrastra desde tiempos inmemoriales, como la alta evasión impositiva y la corrupción aduanera, ahora son puestos en entredicho los antiguos mecanismos de recaudación paralela, que nutren los famosos “maletines para la corona”, que en la época de Cartes ya suenan como un anacronismo, con un jefe de Estado que renuncia a su sueldo y lo dona a una organización privada de beneficencia, además de hacer gala de una envidiable disponibilidad de bienes a los que accedió con su anterior actividad de empresario exitoso.
El presidente advirtió a sus correligionarios de la ANR que ya no deben tomar el Estado como un botín, pero, sin embargo, la realidad parece ir en contra del deseo del mandatario, por los datos de un creciente descontrol tanto en las Aduanas como en la orientación de los gastos del Fonacide, en manos de gobiernos locales altamente corruptos.
Maletines alimentan
a la clase política
Si HC ya no acepta recibir los maletines para la corona, por el contrario se ha anotado para recibirlos la flor y nata de la clase política, sin distinciones de colores, ya que también se ha dado esta especie de “asociación ilícita” en la época del gobierno luguista y en el corto interregno liberal.
El presidente Cartes se ha encontrado evidentemente con un monstruo cuyos tentáculos resultan difíciles de atrapar y controlar. El dato mayor es que los recursos podrían estar financiando la prematura interna en el Partido Colorado y, peor aún, el fortalecimiento de dirigentes emergentes que pondrían en entredicho el mismo liderazgo de HC en la ANR.
El jefe de Estado ha tenido que ceder a las presiones de dirigentes y seccionaleros otorgándoles cupos para ellos mismos y sus operadores, en Yacyretá, Puertos y otras entidades, yendo inclusive contra el sistema de transparencia implantado por el Gobierno cartista para el acceso igualitario en los puestos públicos a través de los concursos de méritos y aptitudes.
Los montos de dinero de los contribuyentes que son dilapidados por los parlamentarios son verdaderas “propinas para el mozo”, en comparación a las sumas que se podrían calcular como resultado de la recaudación paralela de la maquinaria montada por los políticos para alzarse con buena parte de las finanzas del Estado.
Si ya es un adefesio que el 90 por ciento del presupuesto estatal se destine a sueldos, a su vez centenares de millones de dólares son desviados a bolsillos particulares a través de la recaudación paralela de la maquinaria corrupta de la clase política.
Como muestra vale un botón: de los US$ 351 millones que recibieron en 2013 las gobernaciones y municipios en concepto de royalties, Fonacide y otros ingresos, poco es lo que se sabe si realmente fueron a obras de infraestructura que tanto requieren ciudades y pueblos del interior.
El escándalo en el manejo del Fonacide por parte de los municipios se hace patente cuando no se sabe qué pasó con US$ 32 millones que los intendentes debieron invertir en poner a punto la infraestructura escolar para el inicio del año lectivo, y no lo hicieron en la mayoría de los casos de acuerdo a las pruebas arrimadas por la prensa en los últimos días.
El Fonacide, Fondo Nacional de Inversión Pública y Desarrollo, es una ventanilla creada con los 240 millones de dólares adicionales que el Paraguay recibe del Brasil cada año en concepto de compensación por cesión de energía en Itaipú. Gran parte de estos recursos son destinados a la educación, salud y obras de infraestructura, a través de los municipios y gobernaciones.
A Cartes se le hace difícil dominar este descontrol, pero lo tiene que intentar, ya que está en juego la renovada y exitosa gestión al frente de la administración estatal que ha prometido, como emblema del Nuevo Rumbo. Debe poner a trabajar con patriotismo y dedicación honesta tanto a la Contraloría General como al Poder Judicial, con el fin de poner freno a la actual dilapidación de fondos, como es el caso de las patéticas escenas que muestran cómo se pisotean los derechos de los niños que merecen dar clases en un ambiente decoroso y con buena alimentación que nutra sus cerebros.
Si la “paz partidaria” se da a cambio de escuelas en ruinas, el nuevo Gobierno sería igual o peor a los anteriores. HC evidentemente no quiere esto, por ello es de esperar que reaccione y ponga coto al actual descontrol en el gasto del Estado.
Una parte importante de estos recursos hoy dilapidados a través de las recaudaciones paralelas pueden significar el cumplimiento de metas del actual Gobierno, con el fin de mostrar los buenos resultados de una gestión diferente.





























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