La obsesión de Horacio Cartes de buscar la reelección por todos los medios legales e ilegales, lo está llevando a un desgaste innecesario. Y lo peor, mientras se debate, en un escenario turbio, la enmienda presidencial, el país está paralizado, sin importarle mucho al Gobierno la suerte del pueblo paraguayo.
¿Qué es lo que le empuja al presidente a buscar la reelección por cualquier vía? Esta es la interrogante, que difícilmente encuentre respuesta la ciudadanía. Pero ante el misterio que rodea a la obcecación del mandatario, surgen varias conjeturas, hasta el temor de Cartes de que sea reactivado el expediente en Estados Unidos por el extravagante presidente americano Donald Trump.
Existe una clara y abierta resistencia ciudadana y de los disidentes políticos a la aventura de Cartes en buscar aprobar la enmienda presidencial, a pesar de la flagrante violación del artículo 229 de la Constitución Nacional. Pareciera importarle poco esto al mandatario, que está moviendo cielo y mar para seguir en el poder otros 5 años más y así sucesivamente, como sueña edificar cualquier mente autoritaria.
Este proyecto de atentar contra la Carta Magna viene a manchar aun más la deteriorada imagen de Paraguay en el concierto internacional, principalmente en los países donde la democracia se encuentra plenamente consolidada.
El mismísimo saliente presidente estadounidense, Barak Obama, había sostenido que “desearía pugnar por un tercer mandato…”, pero que la Constitución no le habilitaba. Con esto dejaba claro el respeto irrestricto al estado de derecho, y que la Constitución, bajo ningún aspecto, se discute sino se acata.
Esta anarquía hacia donde nos está conduciendo Cartes cada vez se torna más peligrosa, porque atendiendo a la reacción del pueblo, ya no desearía retornar a la época oprobiosa del Gobierno de Alfredo Stroessner, que dejó lágrimas, sudor y muertes en varias familias paraguayas. Si Cartes continúa con su capricho, se puede repetir el “marzo paraguayo”.
El mandatario tendrá que reflexionar profundamente sobre la actitud asumida, y tratar de rever esa ambición ciega y desmedida en que está embarcado. Horacio Cartes, como la principal figura pública de este país tiene el deber y la obligación de honrar y respetar la ley madre de la nación.
De lo contrario, imperaría la ley de la jungla, donde domina el más fuerte. Eso no se puede permitir porque sería regresar al pasado. Es hora de dejar atrás definitivamente la etapa terrible que le tocó enfrentar a miles de compatriotas, bajo un sistema autoritario, en que nadie tenía derecho a opinar y disentir, a no ser para congraciarse con el régimen de turno.
Urge que el presidente deje de lado la avaricia y que empiece a trabajar en serio en este último año y medio de mandato que le queda. La ciudadanía aguarda resultados en terreno, como generar mayor fuente de trabajo, una mejor atención en la salud, mayor recurso para la educación, combatir la inseguridad y la corrupción, entre otras prioridades.
Pero mientras continúa en su afán reeleccionista, en un abierto desafío a la Carta Magna, esta nación guaraní deberá seguir esperando que aparezca un presidente patriota, nacionalista y que anteponga los problemas del país sobre las obsesiones personales. ¿Será que aparecerá un presidente así, en un país donde casi no se reivindica esos valores en la clase política? Cartes debe abandonar esta aventura suicida, que le está desgastando más de la cuenta.





























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