
Escribe: José Martínez
Autoridades políticas y funcionarios de todos los niveles de las entidades e instituciones, hurtan, derrochan o desvían sistemáticamente el dinero público, la indignación que siente el ciudadano honesto ante semejante delito, está llegando al límite.
Los valores que hacen magnífico a un país, fueron desplazados por la angurria miserable de la sin razón, la superficialidad y los más bajos instintos que afloran cuando la bestia derrota al hombre.
La gente siente que en la rendición de cuentas, que sus administradores ensayan, están falseadas y ésta idea se refuerza con el rápido enriquecimiento que experimentan los que desde la función pública, y por el atajo de la deshonestidad, de la noche a la mañana se volvieron potentados.
Ya quisiera el ciudadano honesto, saber a cuántos billones de guaraníes asciende el botín con el que se alzaron y adónde van a parar esos recursos que roban al Estado.
Algo es seguro; no fueron destinados para la construcción de obras, no para la educación, no para insumos en los hospitales, no para la merienda escolar, tampoco para los aborígenes, menos para los minusválidos o ancianos, esa plata es utilizada para la construcción de imponentes mansiones, la compra de costosos vehículos, el pago de cirugía plástica, caprichos de exquisiteces, viajes de placer y respaldo para una descarriada vida de lujos y derroches, que sin rubor hacen pública los corruptos enriquecidos con plata sucia.
El cohecho, delito que perpetra una autoridad o funcionario público cuando acepta o solicita una coima a cambio de realizar u omitir un acto inherente al cumplimiento honesto de su función, es como una cosa normal y hasta socialmente aceptada, lo mismo que el tráfico de influencias, gracias a lo que familias enteras ligadas al poder fungen alguna tarea en la función pública, para alzarse mensualmente con millonarios salarios.
La prensa del día revela nombres y apellidos de funcionarios, autoridades y familiares de los mismos, que son sorprendidos en grosera flagrancia, cometiendo los delitos de cobros indebidos de salarios y estafas, pero hasta hoy, los pasos de la justicia son marcadamente tímidos ante la desfachatez de los imputados, cobardemente escudados tras fueros parlamentarios dispuestos para el cumplimiento de funciones oficiales y no para protegerlos de la justicia por los delitos que cometen.
La gente está expectante, esperando que los procesos terminen con la devolución del dinero y el castigo ejemplar a los culpables, sin embargo tiene el secreto temor que las investigaciones entren en el charco del opareí, entre otras cosas, porque el mismo dinero hurtado que los lleva ante la justicia, puede que también sirva para dejarlos en libertad.
La corrupción en la humanidad es histórica, existe desde que el mundo es mundo, pero la que se detecta en nuestro país colma todo nivel de tolerancia.
Generalmente el producto de la corrupción lo manejande manera muy discreta, contrariamente a los corruptos locales, que no tienen la menor dificultad para refregarlo en la cara de los contribuyentes, haciendo una grosera ostentación del producto de sus atracos.
La mayoría de altos funcionarios autoridades y ex autoridades, ingresaron a la función pública sin fortuna conocida y salen tras algunos años, transformados en soberbios potentados.
Esta descripción de la corrupción que está empotrada en distintos ámbitos y en el sector público, es nada más que uno de ellos.
La corrupción instalada en Paraguay atraviesa todos los sectores de sociedad, ,está en la doble contabilidad de las empresas, en la compra de títulos universitarios, en la habilitación de universidades, en el negocio del contrabando, en el manejo de información confidencial del gobierno para la repartija de las oportunidades entre los amigos, en la evasión impositiva de grandes emporios comerciales, que florecen al amparo de los socios o accionistas empotrados en el poder público, la identificamos en el sobreprecio, en la manipulación de la información, en el fraude electoral, en los malos servicios básicos muy bien pagado por los maltratados usuarios, en la desaparición de pruebas en un juicio, en los atropellos impunes de los derechos del consumidor, con la anuencia de las instituciones de control etc.
La lista es extensa, está en la calle a la vista de todos, la podemos ver, sentir, oler, convivimos con ella. Con seguridad algún acto de corrupción te está afectando y es de esperar que no seas del tipo de gente que la consiente por miedo o impotencia o peor, que la promueva por conveniencia.





























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