Dios los cría y ellos se juntan

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La mayoría de los políticos paraguayos no viene de la  militancia desinteresada, casi todos tienen un historial cuasi delictivo que explica el comportamiento rapaz  que revelan estando en el poder.
La carrera política local está en directa relación con la capacidad que demuestran los candidatos para torcer las leyes a favor del partido al que pertenecen, o para el beneficio de su meteórico ascenso a los más altos niveles de la administración pública, donde la plata del pueblo cae a merced de sus insaciables apetitos de fortuna y poder.
Claro que ésta ambición enferma que los mueve, está envuelta con el atractivo celofán de la hipocresía que le otorga la más pulcra y patriótica apariencia.  El  cuidado que ponen para guardar las formas es casi perfecto, en eso consiste el arte de la política en Paraguay. Muchos de esos artistas, se especializan en hacer desaparecer fortunas que de una u otra manera va a engrosar sus cuentas bancarias.
A nuestro elenco político no los anima el bien común, lo común en ellos es ingresar al poder para el beneficio individual y si alguna generosidad les sobra, la gastan para favorecer a sus familias y amigos, que pasan a engordar la lista de cientos de miles de personas, unas 350 mil, que viven succionando la teta del Estado. El modelo atrasa, envilece y empobrece a la Nación, la práctica del pokaré termina por convertir a las instituciones republicanas en caricaturas y la democracia en un doble discurso hipócrita. Al parecer las cosas han llegado muy lejos y la gente experimenta el hartazgo que este modo de hacer política le provoca.
La buena nueva es que el pueblo está tomando decisiones y empezó a comunicarlas a los políticos delincuentes que abusan de la paciencia de los ciudadanos. La descarada defensa a favor de la impunidad de Víctor Bogado, despertó indignación y la rebeldía que la misma Constitución Nacional le tiene reservada al pueblo, cuando éste siente que sus políticos tocaron el fondo de sus miserias.
Las redes sociales fue la herramienta, y el impacto virtual cobró cuerpo en las calles de la capital, donde  millares de personas nos representaron como nunca lo hicieron los honorables del poder legislativo.
El mensaje está muy claro, el poder que legítimamente tiene en sus manos la gente, está en uso, y con todas las atribuciones que le confiere la ley suprema de nuestro sistema republicano, el pueblo ha determinado castigar al que deshonra la majestad del cargo que le confió. Las cosas ya no volverán a ser las mismas, más vale que los que están al cuidado de los bienes públicos, actúen en consecuencia, con el pueblo no se negocia por debajo de la mesa.

Escribe: José Martínez

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