Escribe: Luis Alen.
El presidente Horacio Cartes quiere ir armando una incipiente base política que le responda directamente a él, sin depender de los liderazgos partidarios, tanto dentro de la ANR como fuera de ella. Es el sentido del anuncio de la conformación de un “ejército” de jóvenes que se movilizarán para manifestar su apoyo a la gestión gubernamental en distintos terrenos, contrarrestando manifestaciones callejeras de la oposición, con presencia en los medios de comunicación y hasta en las redes sociales. En el Este hay igual reacción, pero contra el poder dominante del clan Zacarías, al que se le exige que rinda cuentas de su gestión municipal.
Salvo el caso del directo enfrentamiento con la disidencia que encabeza Julio César Velázquez, HC ha procurado no romper lanzas en forma contundente con los principales líderes, algunos de ellos de indisimuladas ambiciones en constituirse como rival de fuste para la persona que finalmente Cartes apoye para la titularidad partidaria colorada en 2016.
Ha ocurrido esto con Juan Carlos Galaverna, Oscar González Daher, Lilian Samaniego y hasta con Javier Zacarías Irún, quien la semana pasada se congratulaba de tener el apoyo del presidente de la República para el desalojo de los vendedores de la vía pública en Ciudad del Este, pese a que también se sabe del apoyo del cartismo entre bambalinas a los postulados antizacariístas del frente ciudadano esteño.
Como contrapeso a la disidencia colorada, Cartes ha sabido articular apoyo con el sector de Blas Llano en el PLRA, lo que le ha dado una cómoda gobernabilidad en el Parlamento. HC tuvo la sagacidad de neutralizar así los liderazgos partidarios y el caso de Zacarías Irún es paradigmático, pues al mismo tiempo que éste se deshace en elogios al presidente, seguramente HC está detrás del pedido de los diputados para que la Contraloría audite las cuentas de la comuna que dirige la esposa de ZI, Sandra McLeod. Igualmente se puede decir de la comisión unicameral del Senado para investigar las irregularidades denunciadas en la gestión de los Zacarías en CDE.
Un as bajo la manga
Cartes parece tener siempre un as bajo la manga, o un Plan B bien pensado, toda vez que una anunciada primera opción política no cuaja en la realidad. Tal el caso de la presidencia del Congreso, prevista a principios de año para Juan Carlos Galaverna, según lo indicó el propio jefe de Estado, pero que después lo pasó para Blas Llano, en un enroque habilísimo que dejó descolocados a tirios y troyanos.
La previa del duelo por la presidencia de la ANR en 2016, se tendrá con las escaramuzas de las municipales en 2015, en los dos principales centros de poder del país, la capital Asunción y la segunda urbe Ciudad del Este. Para Cartes, oficialmente aún es prematuro hablar de candidaturas y menos aún de internismos que eventualmente puedan socavar su autoridad o poner en riesgo la gobernabilidad, por lo que HC es reacio a forzar los tiempos electoralistas.
Pero a nadie escapa que lo peor que le pueda ocurrir a un Gobierno es el “autismo político”, es decir, la orfandad política de gobernantes que no tuvieron suficiente soporte partidario o de bases políticas, como una forma de apuntalar su acción gubernativa. Fue el caso de varios gobiernos en la época democrática, lo que se agravaba a medida que llegaban a los últimos años del mandato.
HC ha sido todo lo contrario a gobernantes anteriores, en el sentido de que ha resultado toda una revelación desde el principio como articulador político, hasta el punto que consiguió la tan ansiada gobernabilidad que otros no la tuvieron fácilmente o sencillamente carecieron de ella, por lo que no consiguieron buen gobierno con las conocidas consecuencias nefastas para el progreso económico y social. Ejemplos sobran en la historia reciente del país.
Horacio aplicó por un lado la regla de oro del “divide y vencerás”, en el sentido de que sacó partido de la división colorada apoyándose a la vez en una facción del liberalismo, el llanismo, lo que le ha dado muy buenos resultados.
Asimismo, puso en práctica la vieja táctica política de otorgar la “bendición del líder” para los potenciales delfines (herederos políticos) o los que se creen como tales. Por eso no rompió directamente con Javier Zacarías Irún, el líder de la disidencia, ni con Juan Carlos Galaverna, éste último su estratega político “ad hoc” pero peligroso compañero de ruta desde donde se lo mire. Ambos se ufanan de contar con el apoyo o la amistad del jefe de Estado, pero en el fondo saben que HC no les dejará asomar mucho la cabeza a la hora de barajarse los nombres para la intendencia de Asunción o para cuando se decida si finalmente los Zacarías continuarán dominando Ciudad del Este. Para la presidencia de la ANR tampoco tendrán mucha voz ni influencia en el entorno presidencial.
En estos momentos, la presión subterránea de Cartes se concentra sobre el Clan Zacarías, con el respaldo implícito que estaría dando para la intervención a la gestión de la esposa de Javier en la municipalidad esteña. El proyecto de resolución presentado por varios diputados de todas las bancadas para exigir a la Contraloría realizar un detallado estudio de nueve puntos problemáticos de la administración zacariísta en CDE, no es más que el primer paso orientado a la posterior decisión de intervenir la comuna, que deberá ser resuelta por la Cámara Baja en función a los resultados de la auditoría, que si es bien realizada en forma profesional e imparcial, necesariamente desembocará en la intervención.
Una intervención a la municipalidad de Ciudad del Este tiene connotaciones netamente políticas, ya que implicará un golpe mortal a las ambiciones políticas de Zacarías Irún, quien ya está pensando en competir con Lilian Samaniego por la titularidad de la ANR en 2016. Pero primero deberá pasar por la dura prueba de la intervención a la gestión de su esposa y al posible veto posterior de la justicia electoral a un rekutú de Sandra McLeod.
El Clan Zacarías se cree intocable en CDE y en Alto Paraná, y hasta ahora el cartismo no lo considera como primer enemigo a vencer, pero lo será una vez que se sienta con la suficiente base política para hacerle mella a nivel nacional en las internas del año que viene y en las elecciones partidarias de dentro de dos años. Las escaramuzas actuales son sólo una previa a lo que realmente vendrá en los próximos meses.





























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