Disidencia colorada muestra fuerza y desafía al cartismo para el 2018

145

Escribe: Luis Alen.

Los 400 mil votos de Mario Abdo Benítez en la interna colorada es un capital político que da al senador y a los disidentes una autoridad enorme con la cual contrarrestar las ambiciones hegemónicas de Horacio Cartes. Todo pasará por la reforma constitucional.

Más aún resulta un gran logro, si se tiene presente que la campaña se hizo prácticamente a pulmón, al tener muy pocos fondos en comparación a la robusta billetera del presidente de la República, quien, en pleno acto de festejo de la victoria de su delfín Pedro Hércules Alliana, reconoció que financió íntegramente de su bolsillo el proselitismo de Honor Colorado, poniéndose directamente en contradicción a lo que dispone el Código Electoral, que establece expresamente límites a los aportes personales a los partidos.

La victoria del cartismo puede ser considerada pírrica, porque no está asegurado el control de HC sobre la junta de gobierno de la ANR, y están aún por verse los resultados de las municipales de noviembre, en las cuales la ciudadanía tendrá la última palabra sobre el desempeño del Gobierno y las autoridades locales para atender los reclamos de la gente.

Marito en línea de largada

La disidencia colorada plantó cara ante la soberbia de HC, que no dará el brazo a torcer según ya lo confirmó el presidente en su discurso de la “victoria”, no habiendo posibilidades para un “abrazo republicano” o una negociación.

En realidad, ¿negociar qué? Si la gobernabilidad no dependía de los resultados comiciales del pasado domingo, toda vez que los senadores del G-15 ya pasaron el Rubicón el 1 de julio al acceder Abdo Benítez a la presidencia del Senado y al conformar la nueva mayoría opositora en la Cámara Alta, contraria a los dictados de HC.

La campaña electoral a todas luces era muy desventajosa para los disidentes, por la evidente ausencia de recursos económicos frente a la poderosa maquinaria cartista. Pedro Alliana derrochaba miles de dólares cada semana, mientras las huestes de Marito se desenvolvían como podían, con escasos aportes del PC central.

Las esperanzas de la disidencia de contar con algún apoyo empresarial fuerte quedaron prácticamente en el intento, ya que casi todos los posibles “sponsors” no pasaron de las promesas y se borraron, como confirmando que las presiones de Cartes sobre los empresarios eran las mismas que debían soportar los funcionarios públicos a la hora de demostrar su adhesión a la fórmula oficialista.

Por todo esto, ha sido doblemente un éxito la cantidad de votos obtenida por la disidencia, que la posiciona firmemente para discutir con el cartismo la chapa presidencial colorada para los comicios de 2018.

Habrá que ver también si es que en los próximos meses HC no plantea discutir una reforma constitucional para la reelección, que requiere de un consenso de las fuerzas políticas.

Marito ya adelantó el domingo que no habrá un ambiente propicio para hablar de reelección, debido a que no se ven los resultados en el Gobierno, de tal forma a cumplir con las promesas electorales realizadas para la vuelta al poder de la ANR en 2013.

La ventaja de Abdo Benítez con miras a las presidenciales resulta notoria, mientras el cartismo todavía debe desgastarse en cumplir con la gente una gestión medianamente aceptable que hasta el momento tiene un saldo negativo.

Para las internas de 2017 quedan sólo dos años y unos meses, y una Constituyente en 2016 tendría un efecto paralizador para los planes gubernamentales. Ni la billetera de HC podría servir con el fin de reclutar voluntades en un ambiente político que se verá ya dominado por la carrera presidencial que se inició el pasado domingo con Marito como primero en línea de largada.

Mucho se especula sobre el papel que pueda tener Fernando Lugo para un posible acuerdo del Frente Guasú con HC para la reelección, dado que un cambio en el texto constitucional también le beneficiaría al expresidente defenestrado en 2012. Sin embargo, aún con los aportes de los votos del Frente Guasú para el rekutú de Cartes, aparentemente la disidencia podría aglutinar un poderoso frente contra el proyecto de la reelección.

Si no le sale al presidente la convocatoria de la Constituyente, no habrá otro camino que optar por un delfín para la sucesión, lo que se adelanta desde ya como una misión bastante complicada, en vista de la escasa personalidad política de Pedro Alliana o de algún otro integrante del círculo áulico cartista.

Por todas estas consideraciones, Cartes intentará por todos los medios echar mano del expediente de la reelección, no reparando incluso en el costo que le significará el operativo para sus generosas faltriqueras. En ese caso, la disidencia tendrá que poner todo su empeño en desbaratar el plan mediante una campaña en la cual cree en la ciudadanía una conciencia acerca del peligro para la democracia de un “stronismo” de nuevo cuño, esta vez  basado en el poderío de un grupo empresarial.

Líder de la oposición

No es la primera vez que de la misma ANR surge una fuerte oposición al poder de turno, a pesar de ser un Gobierno colorado. El 26 de julio también nació un liderazgo opositor personificado en Mario Abdo Benítez y en los senadores disidentes.

No resulta ninguna casualidad que en la conferencia de prensa del domingo pasado, una vez conocidos los resultados, flanqueaban a Marito los senadores Enrique Bacchetta y Arnoldo Wiens, quienes eran la cara visible de un bloque senatorial dispuesto a seguir la lucha contra la pretendida hegemonía del cartismo.

Muchos se preguntan si se mantendrá unida la disidencia, ante los cantos de sirena crematísticos que seguramente habrá con el fin de comprar conciencias en un mercado político en el que campea el poder del dinero abundante de HC.

Marito y sus compañeros seguramente no tendrán poderío económico, pero sí representan una voluntad de lucha que es característica del viejo y combativo partido de Caballero.

En la transición democrática sobraron ejemplos en este sentido, como el caso Luis M. Argaña contra Juan C. Wasmosy, y el mismo Lino Oviedo arremetiendo contra el poder wasmosista. O el más reciente y sonado episodio de la caída del partido en 2008, por los errores y la soberbia de Nicanor Duarte Frutos, que provocó el desbande de buena parte del electorado colorado hacia Lugo.

Es posible que Horacio tenga en cuenta estos antecedentes para erigirse a su vez en abanderado de alguna causa identificada, en forma astuta, con alguna renovación que atraiga el voto juvenil. Ya la prensa empresarial conectada con el cartismo (caso ABC o Ultima Hora) ha tratado de meter en el imaginario popular que la disidencia resulta una rémora de la vieja forma de hacer política, con lo cual se trata de convencer a los votantes jóvenes que HC representa la renovación o una nueva forma de hacer política.

Cartes ya dio a entender que trata de resultar simpático al electorado juvenil, que en la interna del domingo tuvo mucho que ver en el resultado y tendrá más prevalencia aún en las internas de 2017 y las generales de 2018. Así, mostró su apoyo al remanido tema del desbloqueo de las listas sábana, que no es muy bien visto en las carpas de la clase política en general y que sería muy difícil implementar según la misma Justicia Electoral.

HC también puso énfasis, así como la prensa empresarial, en el hecho de que el financiamiento de la campaña colorada no se realizó a costa de los recursos del Estado. Sin embargo, esta misma prensa muy poco focalizó su atención en que sigue siendo ley suprema en el funcionariado el voto por el puchero y el caballo del comisario, en prácticamente todos los ministerios, entes públicos, empresas binacionales y municipios del país. ¿Y acaso esto no es una suerte de uso de los recursos públicos al servicio del poder, tanto nacional como municipal?

No en vano se puso a andar fuertemente la figura de la reelección, o incluso la re-reelección, de algunos intendentes cuya gestión ha sido muy cuestionada por la ciudadanía. La victoria de algunos de ellos en la interna del domingo habla a las claras que el cartismo hace “uso y abuso” también del aparato estatal para sus fines políticos de permanencia en el poder, ya sea nacional o local.

Y ni hablar de la alusión del presidente a la utilización de sus fondos particulares para financiar la campaña colorada, que merecería a lo sumo la apertura de una carpeta fiscal de investigación, no sólo por violar la ley electoral sino también para conocer el origen del dinero cartista.

Lo que no se les dice a los jóvenes votantes es que HC está planificando el poder total de la República, con el fin de manejar todos los negocios desde el Palacio de López. Para ello tiene un gabinete paralelo de gerentes que controla todo el manejo y la gestión del Estado, con la mira puesta en la utilización del poder para poner al grupo empresarial Cartes a la vanguardia del crecimiento empresarial del país.

 

Si los ciudadanos que dieron su voto a HC estaban o no enterados de estos hechos ya es mera anécdota. Lo cierto es que la República vivirá de ahora en más meses de intensos forcejeos entre el Gobierno, la disidencia colorada y el resto de la oposición, que pondrán en riesgo la gobernabilidad y la posibilidad de que el cartismo realice una buena gestión que le permita presentarse ante el electorado con alguna posibilidad de éxito en las próximas compulsas electorales.

Facebook Comentarios

Compartir