Disidentes dicen que Cartes apoya falta de transparencia de Zacarías

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Escribe: Luis Alen.

Los escándalos de corrupción en la Policía Nacional y la Contraloría General han acaparado la atención pública en los últimos días, con revelaciones de uso criminal y carnavalesco del dinero público, pero los montos en juego resultan ser sólo una mínima expresión en comparación a los dudosos manejos que asesores y gerentes de Horacio Cartes están realizando en diferentes e importantes ámbitos del Estado.

Posiblemente HC no necesita que se le acerquen los famosos “maletines para la corona” cada semana, como ocurría con presidentes anteriores ansiosos por enriquecerse en el cargo, pero lo cierto es que el jefe del Ejecutivo da pie a sospechas sobre sus reales intenciones al poner en ciertas entidades generadoras de recursos, de gran importancia para el poder de turno, a los gerentes pertenecientes a empresas del Grupo Cartes.

Los gerentes no son funcionarios públicos, cobran el salario que les paga el propio Cartes en su grupo de empresas y sólo le rinden cuentas a él, de tal modo que no son responsables jurídicamente de sus actos, debiendo asumir las consecuencias ante la Justicia los encargados nominales que reciben órdenes de los gerentes de HC.

Este es por ejemplo el caso de Petropar, donde últimamente se ha armado un monopolio en la importación y distribución de combustibles que tumbó el libre mercado establecido en agosto de 2000 durante el gobierno de Luis González Macchi.

Por lo que se ve ahora, uno de los objetivos del nuevo rumbo cartista es controlar el negocio petrolero, como ocurrió durante la dictadura stronista, pero a través de un esquema monopólico que genera motivos de alarma porque sería el primer paso para montar un sistema autoritario económico y político, por parte de HC. Lo peor del caso es que el monopolio ya recibió la bendición de un juez, lo cual confirma los pasos firmes que está dando Cartes hacia una sumisión del Poder Judicial a sus órdenes.

La finalidad del monopolio que se reconoce oficialmente es fortalecer al ente petrolero estatal y sacarle parte del mercado a las distribuidoras privadas, con el fin de hacer viable la empresa y permitir el pago de la cuantiosa deuda que se mantiene con PDVSA de Venezuela, por US$ 300 millones.

Pero la intención real sería otra, ya que el gerente cartista en la entidad estatal, Carlos Rubén Cañete Tarman, ex tesorero del Club Libertad durante la presidencia en dicha agrupación deportiva del actual titular del Ejecutivo nacional, está tramando que a caballo del monopolio se eche a andar nada menos un esquema favorable a ciertos intereses privados trasnacionales, cuya primera señal se vio en el caso de la adjudicación de una parte del flete fluvial de combustibles a una naviera “amiga del poder”, Panchita G de Navegación, que está vinculada a Trafigura, la cuestionada proveedora de combustibles a nivel mundial que ha tenido varios casos de denuncias de provisión de derivados de petróleo de mala calidad, no sólo en el Paraguay sino en otros países y continentes.

No escapa a los observadores más avezados que este tipo de manejos es una variante de la corrupción en el Estado, ya que el país se convierte en una presa a aprovechar por parte del poder de turno, y en el gobierno actual adquiriendo el carácter de una empresa más del grupo empresarial dominante, en este caso el Grupo Cartes.

Ya se habla de un gabinete paralelo integrado por los gerentes y asesores que reciben la paga y órdenes directas sólo del mismo Cartes. Son los nuevos “monjes negros” del poder.

Esta situación no pasa desapercibida tampoco a los senadores del G15, que son cabeza de la actual disidencia colorada opuesta a la tendencia que va tomando el “nuevo rumbo” de HC.  El candidato a la junta de gobierno de la ANR, Mario Abdo Benítez (“Marito”), expresó sin rodeos que después del triunfo electoral del 26 de julio próximo le pedirán al presidente de la República que retire a sus gerentes de entes como Petropar.

Por lo visto, los senadores están avisados de la maniobra cartista de ir copando las instituciones del Estado por medio de asesores y gerentes que ya empiezan a mostrar el objetivo de HC de no permitir que potenciales rivales utilicen los recursos estatales para hacerle frente en una eventual pugna para lograr la tan deseada reelección en 2018.

Un títere en la junta

El pez cae por la boca, y es lo que le ocurrió a HC en una entrevista concedida a un grupo de medios perteneciente al empresario Antonio Vierci, quien al igual que Aldo “Acero” Zuccolillo se guarda bastante de no atacar directamente a Cartes pese a los criticables manejos de sus gerentes en la instituciones de la República.

Con relación a la elección del títere de HC para la junta de gobierno colorada, Pedro Alliana, el jefe de Estado dio a entender directamente que “Marito” Abdo se hizo disidente sin medir la capacidad real de recursos que tendría para enfrentar a la poderosa maquinaria oficialista.

Es decir, Abdo Benítez sería una especie de rebelde sin causa, al no tener aparentemente un aparato partidario que lo respalde, los recursos económicos suficientes para enfrentar la costosa campaña electoral y el respaldo de los medios de comunicación. En una palabra, el único camino que le quedaba era acatar la digitación de Alliana, ya que Cartes prefería a una marioneta manejable en la cúpula de la ANR y no a un posible presidente autónomo de las sugerencias provenientes del Ejecutivo.

De lo que Cartes no habla es de las consecuencias de ingobernabilidad que trajo su desafortunada opción por Alliana, ya que en la misma entrevista no quiso comentar acerca de los entretelones de la elección en el Senado de Linneo Ynsfrán como ministro de la Corte y del posterior rechazo presidencial al designado tras un proceso previo de total transparencia.

Dejó entrever HC que detrás de la opción por Ynsfrán estaba un acuerdo de poder entre la disidencia colorada y la multibancada del Senado para ponerle freno a la atropellada del presidente en busca del poder total. Pero ante la insistencia periodística, no quiso entrar en detalles que le amargaran la tranquilidad de la entrevista, incentivada por la condescendencia amigable de las preguntas que se le hacían por parte de la comunicadora.

HC también dio pistas acerca de la forma en que captó la adhesión de los clanes políticos de Alto Paraná e Itapúa, al afirmar que cuando “Marito” fue a tratar de tener calor popular en Ciudad del Este y Encarnación, como toda respuesta recibió el rechazo de la “gente” de dichas zonas, pese a que fustigaba la falta de transparencia de sus jefes políticos, como el caso de Javier Zacarías Irún en la administración de la intendencia de CDE, que nunca permitió la presencia en la comuna local de auditores de la Contraloría.

En respuesta a Cartes, Abdo Benítez fue tajante al afirmar que está clara ahora la película, acerca del apoyo de Cartes a la falta de transparencia de Zacarías Irún, a cambio de contar con la adhesión del zacariísmo al objetivo cartista de copar la junta de gobierno de la ANR y así desarmar de paso cualquier intención del líder esteño de ponerle palos a la rueda del plan hegemónico de HC.

Ahora se puede confirmar también que el presidente desbarató la intentona del vicepresidente Juan Afara y del liderazgo de Itapúa de erigirse en potenciales herederos del cartismo, al conseguir que Zacarías Irún descabalgue de sus pretensiones de encabezar la junta, quien así obligó prácticamente a los demás precandidatos a seguirle el ejemplo.

 

El que no se plegó a la maniobra fue Mario Abdo, apoyado por el grupo de senadores del G15 y el resultado está a la vista, con un HC jugado al todo o nada por afianzarse en el poder, mientras la disidencia no sólo espera ganarle el 26 de julio sino también marcarle el rumbo de aquí a 2018.

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