El gobernador electo del Alto Paraná no querrá volver a repetir el rol de sus antecesores, los que no fueron más que meros apéndices del poder ejecutivo central, esto en el caso de estar aún con el ánimo de cumplir con la no pocas promesas sobre las que cimentó su claro triunfo electoral. La gestión política del mismo deberá ser ardua para que Alto Paraná recupere aquello que sistemáticamente le fue negado por anteriores gobiernos, incapaces de reconocer su importancia capital para el progreso de la República, en principio porque el X Departamento históricamente es la región con los más elevados índices de crecimiento del Paraguay, acompaña este perfil su innegable importancia geopolítica regional y proyección global, aspectos que lo convierte en llave maestra para la apertura de importantes mercados y lo pone en sintonía de primera mano con el movimiento económico y político del mundo, muy por encima de la mismísima capital de la República. Lo dicho potencia la promisora visión política iniciada con la apertura del Este, cinco décadas atrás. En el punto y en relación a los anteriores gobiernos de la época democrática, podríamos concluir con aquella expresión que dice, no existe peor ciego que aquel que no quiere ver. En consideración a la configuración de país descentralizado que identifica teóricamente la estructura gubernativa del Paraguay, el nuevo gobierno departamental deberá hacer valer ante el poder central todo lo que políticamente esté autorizado, a favor del desarrollo regional, caso contrario de nuevo habremos cambiado de gobernador sólo para que todo siga igual. Los frentes que se establecen como campos del trabajo del nuevo gobernador, son los del ámbito local e internacional, es de esperar que los múltiples problemas que deberán ser resueltos en el área territorial, no minimice la fuerza que precisará el flamante gobernador para el relacionamiento internacional, potestad que le confiere el régimen de la descentralización que rige en el País.
Por todos los argumentos esgrimidos a favor del perfil departamental y ante la lentitud en la implementación de la normativa descentralizadora, cabe esperar una celeridad en su aplicación regional, y esta gestión está en las manos y bajo la responsabilidad del Ing. Lucho Zacarías. Los antecedentes en la tarea descentralizadora son poco estimulantes, lo que intensifica enormemente el mérito de lograrlo en esta ocasión.
Comparto algunos informes relacionados con la gestión descentralizadora en el área de Salud, sin que los otros sectores estén muy alejados del ejemplo. En el Presupuesto del Estado es donde se traduce realmente la voluntad política de descentralizar. Si alguien declama descentralización y luego verificamos que el Presupuesto Nacional está centralizado en un 96% y sólo un 4% descentralizado, entonces estamos hablando de una extrema centralización. En Paraguay la proporción es 96% para el nivel central, 2% para el regional y 2% para el local. Viendo un gráfico así, las palabras sobran. Todo el dinero es gastado por el gobierno central. Ni hablar del desinterés que los sucesivos gobiernos centrales han puesto en potencializar los recursos turísticos y comerciales de Ciudad Del Este y aun menos en mostrarse partícipe de la solución de los múltiples problemas que enfrenta, aun que ella es la ciudad del Paraguay con mayor aporte al fisco.
Un nuevo Gobierno no debería ser tan solo alforjas de esperanzas, técnicamente debe ser altamente eficaz, laborioso y transparente. Para que la tarea del nuevo gobernador de Alto Paraná dé respuesta a las expectativas positivas que inspiró, va a necesitar de un gobierno así.
Escribe: José Martínez





























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