El muro ZI se viene abajo

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Nunca nadie podría imaginar que uno de los muros de corrupción más portentosos en el país se podría venir abajo. Vale la pena recordar aquel adagio popular: “No hay mal que dure 100 años”. Pero en verdad aquí se espero 17 años para que se destapara la pestilente olla de la municipalidad esteña, que hasta ahora está bajo dominio del clan Zacarías, hoy investigado por varios cargos.

Ni al más optimista habrá pasado por la cabeza que Javier Zacarías, su esposa Sandra McLeod y toda su cofradía hoy estén sentados en el sillón de los acusados. Hasta hace días se sentían omnipotentes, intocables y protegidos por las autoridades de sucesivos gobiernos pos Stroessner, que fueron más visibles en la gestión del ex presidente Horacio Cartes, que abiertamente extendió una vergonzosa impunidad a su “socio” Zacarías Irún y a todo su entorno familiar.

La acción de la justicia en menos de dos meses del gobierno del presidente Mario Abdo Banítez transmite optimismo y esperanzas en la población paraguaya, que por años viene padeciendo el atropello y avasallamiento en sus derechos fundamentales. El crecimiento vertiginoso de la corrupción en el país es el mal a vencer por Marito y todas las instituciones responsables en aplicar la ley y castigar a quienes se apropian de los recursos del Estado.

No debe haber contemplación con nadie, así como dijo el mandatario, “caiga quien caiga”. De lo contrario, el Paraguay continuará sumido en la pobreza y la desesperanza, que viene padeciendo desde décadas la falta de patriotismo y principalmente la carencia de voluntad política de sus autoridades.

La investigación al clan Zacarías llevada adelante por el Ministerio Público debe concluir sin que arroje un ápice de dudas, porque la ciudadanía de este distrito fronterizo aguardó más de 17 años para que esto ocurra. Y tanto las autoridades judiciales, como del actual gobierno deben ser conscientes, que el pueblo está observando y siguiendo paso a paso lo que va sucediendo en la república, y que llegó la hora de que se acabó la tolerancia con los facinerosos y corruptos.

El Paraguay debe dar vuelta la página, para así recuperar la confianza, primero, de los mismos paraguayos y luego de los extranjeros.

Es inadmisible cómo un Javier Zacarías Irún y su entorno, durante estos 17 años, haya hecho lo que quiera y nunca hubiese sido, ni siquiera, investigado por algún organismo de control del país. De una vez por todas se debe acabar con los privilegios y abusos de poder, que tanto perjuicio ya ha generado, tanto en lo social, económico y en otras áreas sensibles, como la educación y salud.

El que se apoderó, irregularmente, de los recursos del Estado debe pagar las consecuencias. Es hora de acabar con la impunidad, que es el principal caldo de cultivo para el florecimiento de la corrupción.

 

Zacarías Irún, su esposa Sandra McLeod y todos sus cómplices deben ser procesados y llevados a prisión, como cualquier ciudadano que haya infringido la ley y el estado de derecho. El gobierno de Marito ha dado un paso importante en apenas dos meses de gestión. Hoy el pueblo de Ciudad del Este, el Alto Paraná y todo el país está observando cómo el muro corrupto de ZI se viene abajo.  

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