El papa fue lapidario: “La patria primero, después mi negocio”

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Escribe: Luis Alen.

El papa Francisco, como estaba previsto, conmocionó al país con su carismática presencia de un respetado líder mundial, y dentro de los códigos de rigurosa circunspección que maneja la diplomacia vaticana, entre líneas hizo alusión a la clase política paraguaya en el encuentro con los líderes sociales, con una frase lapidaria: “La Patria primero, después mi negocio”.

El Paraguay quedó en silencio para escuchar al jefe de la Iglesia Católica, las actividades proselitistas con miras a las internas partidarias del 26 de julio fueron suspendidas y toda la expectativa nacional se concentró en una visita que marcará con rasgos indelebles la historia del país.

Francisco no ignora evidentemente los problemas sociales que nos aquejan, pero se cuidó de entrar en honduras, porque él mismo advirtió que no quiere caer en reduccionismos, nominalismos y la ideologización que en un tiempo pasado reciente pudo llevar al peligro de dividir a la misma Iglesia.

Lo que más impactó a todos, sean católicos o no, fue la franqueza en las palabras del Pontífice, llenas de humanismo y solidaridad con los más necesitados, tanto pobres como gente carente de atenciones, calidez cercana y, sobre todo, de una compañía que ayude a las personas que sufren soledad.

El peligro latente: la ingobernabilidad

El Santo Padre por lo visto está muy bien informado de la situación política paraguaya, porque fue directamente al meollo de la cuestión que agobia a la ciudadanía, como es el peligro de caer en la ingobernabilidad por el juego de intereses creados que se enfrentan en el escenario de la política nacional.

Si bien no aludió directamente a Horacio Cartes, quien estaba presente en el estadio Leon Condou, a buen entendedor pocas palabras, ya que dijo sin rodeos que un gobernante asediado por el “chantaje” no podrá gobernar con buenos resultados para el país.

¿En qué sentido el chantaje? Explicó que hay actores políticos que utilizan el chantaje que se origina en la misma corrupción, poniendo en práctica aquello de que “yo te doy esto a cambio de que me des aquello”, o el “dame esto que yo no te molesto por aquello de malo que haces”.

Fustigó duramente la aplicación del chantaje por parte de los políticos, pero recordó que el chantaje proviene directamente de la corrupción que atenaza a la clase política y que no permite así que el gobernante pueda tener una buena gestión al servicio de la nación.

En otras palabras, HC no podrá tener gobernabilidad en la medida en que sea pasible de ser investigado por actos de corrupción cometidos en el pasado o que esté cometiendo ahora. Sus oponentes políticos, y en el caso actual la disidencia colorada, no le dejará tranquilo sabiendo los puntos débiles del presidente.

Y otro talón de Aquiles del jefe de Estado es la “colusión” de sus negocios particulares con los intereses del Estado. Por caso, el tema del contrabando masivo de cigarrillos hacia el Brasil, la Argentina y otros países latinoamericanos, que más de un juicio ya han iniciado contra HC por el delicado asunto.

Allí se entiende lo que afirmó el Papa en relación al “primero la Patria, después mi negocio”.

Esta afirmación contundente de Francisco se complementa notoriamente con la otra fuerte alusión a la Justicia, en el sentido de que los juicios deben ser transparentes y rápidos. Y además, que la economía debe tener un rostro humano, buscando primero el bien común, la famosa hipoteca social y después la mera búsqueda del beneficio egoísta.

La cuestión social

Como se esperaba, el Papa pidió a los gobernantes y a toda la clase política poner en práctica programas que reduzcan las lacerantes desigualdades entre unos pocos ricos y muchos pobres, además de la crisis campesina que expulsa a los labriegos a las ciudades, sin olvidar a los indígenas, que son los últimos en la escala social.

La Iglesia paraguaya cuidó de no tener roces con el Gobierno en los temas sociales, como sería el caso de un encuentro exclusivo del Papa con los campesinos, los sindicatos obreros o los indígenas. Pero la reunión con los representantes de la “sociedad civil” sirvió por lo menos para que el Papa le “profetizara” a HC, sin citarlo directamente, que no tendrá el ambiente propicio para concluir su mandato con alguna tranquilidad y con buenos resultados.

Si la visita ya sirvió también para poner en guardia sobre la peligrosa simbiosis entre los intereses generales del Estado y los negocios particulares del presidente, la presencia del Pontífice máximo entre nosotros ya entró en la historia como la de alguien para quien no pasó desapercibido lo que ya se ha advertido en esta misma columna acerca de los peligros que acarrea el manejo cartista del poder, que confunde el país como si fuera la continuación de una empresa de HC.

La presencia del Papa Francisco, ¿traerá consecuencias políticas como las que tuvo evidentemente la visita del Papa Juan Pablo II en 1988, que contribuyó al derrumbe del gobierno del dictador Alfredo Stroessner?

 

Lo que resulta notorio es que el Gobierno tuvo que digerir un trago amargo con la mención del Vicario de Cristo a la realidad de un Horacio Cartes sometido eventualmente a presiones que nacen de su pasado y presente empresarial, además de la práctica de mezclar a su grupo de empresas con los intereses del Gobierno, en alusión directa a la presencia de los gerentes del Grupo Cartes en ministerios y principales entes recaudadores.

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