Entorno de lacras políticas conduce a Cartes al fracaso

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Escribe: Luis Alen.

Si definitivamente se le cierra el camino de la senaduría activa a Horacio Cartes, con la consecuencia de quedar sin poder y por tanto sujeto a ser investigado judicialmente por la gran corrupción de su gobierno destapada últimamente, también tendrán que ser pasibles de investigación todos los manejos encarados desde el entorno corrupto cartista, representado por las lacras de la política, tanto del Senado como de la Cámara de Diputados.

A esta altura de los acontecimientos políticos, con un HC que no tiene la certeza que le acepten la renuncia, se puede afirmar que por enésima vez quienes le han jugado una mala pasada no son precisamente los senadores de Colorado Añetete, sino, increíblemente, los lastres de la política que constituyen el círculo áulico del cartismo.

Es que en todo el proceso de la búsqueda de afirmación de su poder, HC apostó por sus impresentables, quienes lograron como toda respuesta atornillarse de nuevo a sus bancas parlamentarias utilizando la chapa cartista, pero ahora resulta que sobreviven al cambio de gobierno amenazando incluso con migrar sin sonrojarse al nuevo poder abdista.

Son las cosas inverosímiles de nuestra política que tendrían que terminar definitivamente pero que parecen seguir sin solución de continuidad, cuando la gente en el país está harta de tanto latrocinio, habiendo un riesgo real de volver a caer en lo mismo en aras de la afirmación del nuevo poder de la República, el cual, sin embargo, debería consolidarse antes que nada sobre las ansias de un cambio en la forma de hacer política.

El presidente electo Mario Abdo Benítez deberá por ello tener el máximo cuidado de no caer en la trampa que le tenderán estos verdaderos lastres, que arrastran incontables procesos judiciales encima, sin que la vara de la justicia haya caído encima de ellos y que utilizan el blindaje de los fueros legislativos o del poder político para eludir las investigaciones fiscales-judiciales.

 

Los vicios de la política

Si no corrió la oferta cartista de gobernabilidad a cambio de impunidad, es el momento de pensar seriamente en que el nuevo peligro para Marito es que los viejos vicios de la corrupción sean de nuevo el pan de cada día de nuestra política criolla, como la continuidad de las prebendas y canonjías de las lacras representadas principalmente por la repartija de cargos en las binacionales o en los demás entes públicos, para parientes, amigos, amantes y paniaguados de los que supuestamente constituyen el soporte del poder de turno, pero que sólo juegan a su propio beneficio, como ha ocurrido con los corifeos del cartismo en los últimos cinco años.

Tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados se sentarán, sólo para poner ejemplos más conspicuos, Javier Zacarías Irún, Óscar González Daher, Víctor Bogado y José María Ibáñez, entre otros próceres colorados, sin contar también los liberales, quienes forman parte de la coreografía que apoyó en su momento a HC, pero que lo único que lograron hasta hoy es mantenerse incólumes en su blindaje, mientras que Cartes va rápidamente al ocaso de su poder.

La historia de la fallida reelección de Cartes, así como ahora su intento que va camino también al fracaso, de ostentar la inconstitucional presea de senador activo cuando que la Constitución sólo le habilita para ser vitalicio, al final sólo se ha convertido en un sainete más de los muchos a los que ya nos tiene acostumbrados la clase política, que de comedia no tiene un ápice, sino, por el contrario, resulta todo un costoso drama que termina pagando el pueblo con las carencias en todos los aspectos de la vida ciudadana.

HC prometió cambiar el estilo de hacer política, al tomar el poder, pero termina su período de gobierno pidiendo en forma desesperada el auxilio del salvavidas que le puedan lanzar sus acólitos corruptos, que no le salen gratis, sino que, además de dinero, seguramente le sacan privilegios “en especie”, ya sea cargos para sus paniaguados y hasta algún favor con los jueces dispuestos a convertir la Justicia en un verdadero mercado persa.

 

¿Qué pasará ahora?

Con un gobierno en retirada asediado por los destapes de olla podrida, al golpe que le dieron con la falta de votos para aceptar su renuncia, HC quiere responder con un último mazazo a la institucionalidad de la República, analizando con su equipo de estrategas la mejor salida para después del 1 de julio, ya que no podrá jurar el 30 de junio, como lo harán los demás senadores electos, con excepción seguramente de Nicanor Duarte Frutos, al cual también el titular del Senado, Fernando Lugo, no le convocaría, por estar en la misma situación que el presidente en ejercicio, es decir, en la condición de senador vitalicio, toda vez que finalizó todo el período constitucional que le tocó presidir en 2003-2008.

Un Plan B que se maneja en el entorno de asesores de HC es que el presidente “pida permiso” como senador, para lo cual podría jurar su suplente número 1, Enrique Riera Escudero, quien estaría sólo un tiempo corto, hasta que el nuevo Senado pueda reunir los votos para el juramento de Horacio, después de finalizar el mandato el 15 de agosto. Esta estratagema podría funcionar toda vez que los senadores de Colorado Añetete midan con otra vara a su colega Nicanor.

Pero la situación se complicaría en el caso que también Duarte Frutos no pueda jurar, por su carácter de vitalicio, que también sería la condición de Cartes una vez que entregue a Marito la banda presidencial.

 

Para los que están con la idea, y pueden impedirlo en el Congreso, de que HC no debe jurar, ni ahora ni después, por tanto resulta esencial que tampoco jure Nicanor el 30 de junio, manteniendo así invariable la figura de la senaduría vitalicia establecida en la Constitución, y que fuera ilícitamente escamoteada por absurdos veredictos de la Justicia Electoral y de la Corte Suprema de Justicia.

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