EPP es una amenaza real para la estabilidad política del país

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Además de lanzar el mensaje de que son los que imponen la ley del terror en los departamentos de Concepción y el norte de San Pedro, la banda armada del autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) ha demostrado que ya es capaz de entorpecer la agenda de la estabilidad y gobernabilidad del país, tras el asesinato del ganadero Luis Lindstron.
Eligieron a Lindstron, esta vez ya no para decir “aquí estamos nosotros y existimos, téngannos en cuenta” como en el secuestro recaudador de esta misma persona en 2008, sino para cumplir con el anhelo de todo grupo terrorista que busca el poder, de que se le considere un actor de peso en el escenario político nacional.
Los personeros del Gobierno del área de seguridad no terminaron reconociendo el status político o “beligerante” de los aspirantes a insurgentes, pero sí finalmente han admitido que es difícil luchar contra la extremada violencia y fanatismo de los guerrilleros, cuya preparación para la lucha armada en los bosques del Norte de la Región Oriental ya nadie desprecia y menos aún las fuerzas de seguridad.
El golpe de efecto de los del EPP, logrado a través de la eliminación física de un emblemático hombre de trabajo del campo, ha conseguido como primera consecuencia interferir en las tratativas del presidente electo Horacio Cartes con el Frente Guasu para conseguir la gobernabilidad en el Senado. La tibieza del líder del FG, el expresidente Fernando Lugo, en condenar y atribuir al EPP la muerte de Lindstron, no le gustó para nada a Cartes, quien evidentemente debe también marcar distancia con esta clase de actitudes complacientes de la izquierda con el grupo violento.
Cartes sabe que debe liderar una lucha frontal contra el EPP desde el Estado, dejando de lado la parsimonia y desidia de los gobiernos de Nicanor Duarte Frutos, Fernando Lugo y Federico Franco, que no fueron capaces de aprehender a los principales líderes de la banda armada, con el fin de ponerlos a disposición de la Justicia por sus crímenes. Es un pedido de toda la sociedad, y especialmente de las fuerzas productivas, que ya no van a tolerar mano blanda ni pretextos para dejar de combatir a los que ahora están causando zozobra en el campo y amenazan con hacer correr a los productores agrícolas y ganaderos de la región Norte.
La negociación con el Frente Guasu, aunque tenía el problema de la exigencia de Lugo de presidir el Congreso, hubiera significado una gran ayuda para la gobernabilidad y especialmente para la normalización de las relaciones con el Mercosur y la Unasur, que son objetivos claves con los que Cartes desea iniciar con buenos auspicios su gestión al frente del Gobierno a partir del 15 de agosto.
Se debe tener presente también que la elección de las nuevas autoridades del Congreso tendrá lugar a fines de este mes de junio, y ya para entonces el presidente electo tendrá el panorama claro de su relacionamiento con el Poder Legislativo. Pero el EPP vino a patear el tablero de la negociación entre la izquierda y el Partido Colorado, lo que hace difícil y casi imposible llegar a un acuerdo entre ambas fuerzas en el Senado.
Ahora Cartes tendrá que buscar un entendimiento con el PLRA y sus aliados de la anterior concertación electoral. La derrota ha calado hondo en el liderazgo liberal, que está nuevamente agrupado alrededor de los hermanos Franco, quienes dejarán un Gobierno con sospechosos manejos de corrupción y de un peligroso vaciamiento de las arcas del Estado, a los que Cartes deberá poner el ojo y tomar medidas para garantizar una gestión que ponga en el rumbo adecuado a la economía del país.

Escribe: Luis Alen

 

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