EPP se burla del Gobierno

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Para la ciudadanía paraguaya es inexplicable que un grupo de 20 personas tenga que seguir sembrando pánico y terror en el país. Estamos hablando del autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), que más bien no pasa de ser una banda criminal, que se dedica a matar, secuestrar, robar y traficar, con el único fin de generar recursos económicos para seguir potenciando y fortaleciendo a la agrupación, que está concentrada en el norte del Paraguay.

Ningún Gobierno hasta hoy pudo acabar con el EPP, desde que comenzó aparecer allá por el año 97, cuando sus integrantes intentaron robar el Banco Nacional de Fomento, cavando un profundo túnel, pero fueron descubiertos cuando estaban por llegar al “objetivo”. Ese frustrado atraco, en ese entonces, estuvo liderado por la pareja conformada por Alcides Oviedo y Carmen Villalba, hoy privados de su libertad.

Millones de guaraníes el Estado paraguayo destina, cada año, para dotar de recursos a la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC), conformada por policías y militares, para combatir a este grupo criminal, que está refugiado en las espesas selvas del norte del país. A pesar de recibir todo el apoyo posible, hasta ahora no ha dejado resultados muy auspiciosos la presencia de los uniformados para acabar o aprehender a los integrantes del EPP.

Hace poco el ministro del Interior Francisco de Vargas habló de “operativos exitosos” de la Fuerza de Tarea Conjunta, declaración que recibió la repulsa de la ciudadanía, atendiendo que hasta la fecha ningún líder importante del EPP ha sido detenido o abatido por los organismos operativos, que realizan sus tareas en esa parte de la República.

Para la mayoría de la población no pasa de ser un fiasco el combate de los uniformados contra la banda criminal, que continúa segando vidas inocentes, sin el menor remordimiento y sensibilidad humana. El EPP disfrazado bajo la cacareada “lucha social” se dedica a matar a mansalva, como el último hecho, donde a sangre fría acabaron con la pareja de alemanes. El chantaje es otra especialidad del grupo, donde hasta la fecha (223 días) mantiene en cautiverio al policía Edelio Morínigo, cuya liberación estaría sujeta al canje de ciertos integrantes del EPP, presos en las cárceles del país.

Esta tragedia e inseguridad continuará si es que el Gobierno no adopta una mano dura contra esta organización criminal, que ya tendría instalada células dormidas en importantes municipios del país, fuera del departamento de Concepción y San Pedro,  regiones donde comenzaron a engendrarse esta banda de facinerosos.

Los principales organismos del actual Gobierno tienen que extremar todos los recursos posibles para hallar la solución a este flagelo social e intentar terminar, por la vía más rápida, con este grupo de criminales, que desde hace años viene acrecentando la inseguridad en el Paraguay.

Esta penosa situación repercute de manera directa en la economía del país, atendiendo que aquellos potenciales inversores que tenían planificado traer su capital en esta nación sudamericana, ahora pensarán varias veces para hacerlo.

 

El presidente Horacio Cartes ya no puede seguir asistiendo con los brazos cruzados las barbaridades que vienen cometiendo esta asociación delictiva, que hasta ahora encuentra el camino libre para continuar perpetrando sus fechorías, porque las autoridades competentes del Gobierno no actúan con mano dura. Si ahora no se toma en serio este drama social, en poco tiempo más, los ínfimos 7 millones de habitantes de este país serán dominados por este grupo guerrillero. El EPP se ríe del accionar del Gobierno.

 

 

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