Es “Justo” una auditoría

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El anuncio, desde la campaña electoral, del hoy electo gobernador del Alto Paraná, Roberto González Vaesken, de realizar una minuciosa auditoría a la gestión de su antecesor, Justo Zacarías Irún, ha causado un verdadero revuelo en las huestes del clan, cuyos principales bufones comenzaron a lanzar amenazas y chantajes contra el futuro titular del ejecutivo departamental.

La palabra transparencia es la que menos quiere oír el clan Zacarías, que está lejos en ponerla en práctica, porque este grupo político desde hace años vive bajo la sombra de la impunidad, gracias a instituciones y organismos genuflexos, que se someten a los poderes fácticos, marcados por una alta corrupción que se apoderó definitivamente de esta nación sudamericana.

González Vaesken no puede cometer la torpeza de tomar una administración sin conocer qué manejo de gestión ha tenido. Es un deber de cualquier autoridad que toma un poder, en realizar una fiscalización de lo que posteriormente debe administrar, y más aun, cuando hay serias sospechas de presuntas irregularidades, que han saltado a la luz pública.

Es sabido que el clan Zacarías siempre transitó al margen de la ley, y para sus integrantes es extraño y hasta resulta ofensivo, que alguien ose en pretender auditar la gestión de cualquier integrante de este grupo político, que no está acostumbrado a que nadie se atreva a levantarle el dedo o poner en dudas su tarea administrativa.

El clan Zacarías, bajo la batuta del “jefe”, Javier Zacarías Irún, siempre transitó por el camino de la prepotencia e impunidad, antivalores que sólo conducen a un mayor deterioro social, en una nación que está muy dañada por la ilegalidad, y que en el horizonte no se observa soluciones a corto plazo.

El flamante gobernador electo, desde el primer día de gestión debe marcar diferencia con la administración de su antecesor, Justo Zacarías Irún, sobre quien pesa varias denuncias de corrupción, pero que hasta ahora el Ministerio Público no ha impulsado ninguna investigación, atendiendo que un buen porcentaje de fiscales y jueces de la zona es funcional al clan Zacarías.

La corrupción es un mal que ha tomado a toda la sociedad paraguaya, con honrosas excepciones. Pero en medio de esas excepciones deben surgir las autoridades patriotas, que aman y desean lo mejor para su país. González Vaesken, un exitoso empresario, prometió extremar esfuerzos y cumplir con la palabra empeñada, en realizar una gestión transparente y poner a consideración de la fiscalía el estado en que fue encontrada la gobernación de Justo Zacarías.

El nuevo gobierno de Mario Abdo Benítez, que asumirá el poder el próximo 15 de agosto, prometió que uno de sus principales desafíos será el combate a la corrupción, que en esta administración de Horacio Cartes ha crecido de manera alarmante, dejando al país en una posición poco favorable para la buena imagen, especialmente, para futuras inversiones extranjeras.

El compromiso de las nuevas autoridades es acompañar con buenas y transparentes gestiones al gobierno de Marito, que va tomar una pesada herencia de Cartes, cuya administración está plagada de irregularidades de gestión de varios de sus colaboradores, pero que el mismo nunca demostró una firme voluntad política para poner un coto al terrible latrocinio que es sometido las instituciones del Estado, en estos últimos cinco años de gestión.

 

Por esa y varias otras razones, el próximo gobernador de esta importante región tiene la responsabilidad de auditar la gestión de Justo Zacarías, quien soportó varios y serios cuestionamientos en su administración y que sólo con una auditoria o fiscalización contable se podrá dilucidar todo. El doctor Roberto González Vaesken debe cumplir con la promesa hecha en campaña y llevar adelante una auditoría “Justo”.

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