El escrache del que fueron objeto, la semana pasada, en el poder judicial de Ciudad del Este, el ex presidente de la República, el liberal Federico Franco y su esposa, la senadora Emilia Alfaro, fue la reacción espontánea de un profesional del foro ante la falta de justicia que existe en este país.
El abogado Paraguayo Cubas, quien mantiene un litigio judicial con la ex pareja presidencial, el viernes 31 de julio, alrededor del mediodía, descubrió que el presidente de la Circunscripción Judicial del Alto Paraná, Oscar Alfonso, se estaba reuniendo en su despacho con Federico Franco y su esposa, hecho que provocó la furibunda reacción del profesional del foro.
Cubas vociferó a Alfonso por haberse reunido de manera secreta con el ex mandatario, tomando en cuenta que el abogado mantiene un caso judicial con la ex pareja presidencial, sumado a la imagen de “corrupto” que pesa sobre el mismo ante la sociedad. Igualmente gritó y acusó a Franco de “bandido, ladrón y delincuente”.
El hecho protagonizado por Cubas es fruto de una rebeldía de la carencia de justicia en esta nación guaraní contra los corruptos, que lejos de ser castigados, son considerados ciudadanos de primera en el país. A pesar de que la corrupción no es patrimonio exclusivo nuestro, al menos en otros países, el que comete delito es penado, como está ocurriendo en el Brasil, con el escandaloso desvío de dinero de la estatal Petrobras.
El escrache tiene que ser el último recurso a ser utilizado cuando la justicia no actúa, no castiga u otorga impunidad a quienes cometen delitos de cualquier naturaleza.
El caso que involucra a la pareja Franco y el abogado Cubas, es de una querella por “difamación y calumnia”, promovida por la hoy senadora Emilia Alfaro contra el citado abogado, quien acusó a la misma en haber utilizado la influencia del marido para beneficiar a su entorno con licitaciones multimillonarias de la Itaipu.
El ex presidente Franco, sobre quien pesa la sentencia moral de la población por su desastrosa gestión gubernamental, intenta imponer su influencia política al reunirse, sigilosamente, con el titular de la Circunscripción Judicial de esta región, Oscar Alfonso, para intentar así torcer a su favor la vulnerable y maleable justicia paraguaya.
Y como en este país lo que menos existe es el escrúpulo, el magistrado Alfonso no tiene problema para reunirse con gente de dudosa reputación moral, como el ex mandatario liberal, que la sociedad lo califica como uno de los ex presidentes que más malversó las arcas públicas del Estado paraguayo, en apenas un año de mandato.
Con actuación como ésta, del presidente de la Circunscripción Judicial altoparanaense, queda al desnudo que la justicia no se mide con la misma vara, sino de acuerdo a la “cara del cliente”, como se suele decir en la jerga popular. Justicia se entiende por igualdad, firmeza, rectitud, probidad, ecuanimidad, entre otros conceptos, que muy pocas veces encontrará en la agenda de un juez o fiscal a la hora de emitir una resolución.
En un país como el nuestro, regado por una rebosante corrupción, se tienen en cuenta otros “valores” a la hora de emitir una sentencia. Al final, ante la total falta de equidad de la justicia, la última arma que queda es el escrache.




























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