Antes que nada sepamos primero uno de los significados de estadista, que según la Real Academia de Lengua Española, es la “persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado” y a reglón seguido añadimos una frase clave de Winston Churchill, ex primer ministro del Reino Unido:”El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.
Y esta expresión de Churchill encaja más que perfecta al actual comportamiento del presidente Horacio Cartes, que abandonó su responsabilidad de estadista para convertirse en un vulgar operador político, por una de las facciones del partido colorado. Lejos de preocuparse por el devenir del pueblo paraguayo, que fue el compromiso asumido cuando fue ungido como primer mandatario, ahora se dedica a subir en las tarimas de los mítines políticos y se pasa desafiando a sus ocasionales adversarios de turno.
Cartes, desde cualquier ángulo que se mire, se está equivocando de camino, al entrar a sostener una confrontación fútil con sus propios correligionarios, hoy adversarios circunstanciales, especialmente, con el G-15 senadores, que puede tornarle complicada la gestión al frente del Poder Ejecutivo.
Pareciera que el presidente está rodeado de asesores incapaces, que no le advierten del riesgo en que pone su Gobierno, para abandonar su investidura de estadista y sumergirse obsesionada y ciegamente en la campaña proselitista por la presidencia de la Junta de Gobierno, y olvidando así las urgentes necesidades sociales del pueblo.
La ciudadanía paraguaya es sumisa, pero memoriosa, y es difícil que se olvide de los compromisos de campaña de Horacio Cartes, que a casi dos años de su Gobierno muy poco ha honrado, y para peor, en los últimos meses dejó su traje de mandatario, para ponerse un pañuelo colorado al cuello y convertirse en el jefe de campaña de Pedro “Mangui” Alliana, con vista a las elecciones del 26 de julio, donde será electo el próximo titular de la ANR.
Cartes necesariamente deberá hacer un alto en el camino y rehacer su hoja de ruta, porque por ahora está muy sinuoso y empantanado. El presidente no puede caer tan bajo, priorizando sus intereses políticos partidarios sobre las necesidades nacionales, para lo cual fue electo por una abrumadora mayoría de paraguayos.
El pueblo se merece mayor respeto por parte de la máxima autoridad del país, que es el presidente de la República. Pareciera que Cartes no llega a medir la dimensión del cargo que ocupa actualmente. El mandatario tiene que ser consciente de la tamaña responsabilidad que le confió la ciudadanía en las urnas, y alejarse de la lucha trivial y recuperar su figura de estadista.
La división se va acentuando con mayor magnitud en el mismo partido de Gobierno, y el principal protagonista de esta escisión es el propio presidente de la República, que dando rienda suelta a sus afanes personales, está dejando de lado a la propia nación, que carece de innumeras necesidades sociales. Horacio Manuel Cartes Jara no puede seguir confundiendo su figura de mandatario u estadista, con un simple operador político.




























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