Unos 7 millones de paraguayos, a partir de hoy 15 de agosto, están con la expectativa del “nuevo rumbo” que prometió el presidente de la República, Horacio Cartes, quien toma desde la fecha las riendas del poder en este país sudamericano.
La esperanza cifrada en un nuevo gobierno es enorme, más aun tomando en cuenta la situación socio-económica que atraviesa el país. Cartes tiene la difícil misión de, prácticamente, reconstruir esta nación guaraní, que fue devastada por culpa de algunos gobernantes antipatriotas, que antepusieron los intereses personales sobre los generales.
El investido nuevo presidente quiere dar vuelta la historia reciente del Paraguay, dándole su derecho y espacio a cada ciudadano, que habita esta bendita tierra. En ese sentido, una de las principales prioridades de Cartes es atraer inversiones de grandes industrias, que posibiliten fuentes de trabajo para los paraguayos, tomando en cuenta la gran faja de desempleo existente.
Otros de los desafíos importantes para el nuevo gobierno tienen que girar en torno a la reducción del índice de corrupción, como también al mejoramiento de la calidad del servicio público básico y apostar a una fuerte inversión en infraestructura. Estos y varios otros retos le aguarda, como grandes tareas, a la gestión de Horacio Cartes, un exitoso empresario, hoy convertido en presidente de la República.
Independiente al plan estratégico que debe poner en andamiento el gobierno de Cartes, el principal talón de Aquiles para su gobierno será la clase política, que mucho antes de asumir el poder, ya se hizo sentir, cuando el mismo anunció que su gabinete será compuesto por técnicos y profesionales idóneos.
Y de acuerdo a los nombres que divulgó para sus colaboradores inmediatos, efectivamente no se observan políticos de carrera que ocupen cargos influyentes, como en los anteriores gobiernos. Esta situación, inclusive, ha dejado muy desprestigiada a la República del Paraguay en el extranjero, cuando se llegó al extremo de nombrar en cargos diplomáticos a seccionaleros y dirigentes de comités políticos.
Este tipo de práctica nefasta debe ser, definitivamente, erradicada en el nuevo gobierno, que prometió dar un rumbo diferente a esta nación, que ha sido depredada por los antipatriotas, por azar de la vida accedieron al máximo poder de la República.
Hay que ser conscientes, que 5 años será poco tiempo para ordenar, totalmente, este país, que ha sido castigado de la manera más cruel. Pero también, 60 meses de gobierno, ya es un buen periodo para hacer mostrar servicio, si es que realmente hay voluntad política.
Indudablemente el pueblo paraguayo espera con inmensa expectativa, ante los sucesivos fracasos de los gobiernos anteriores, que deslumbre la aurora en busca del anhelado nuevo amanecer, lo cual posibilite el postergado desarrollo socio-económico de este hermoso país, enclavado en el punto más privilegiado de América del Sur.
Los 100 primeros días de Cartes servirán como una especie de termómetro, para medir la temperatura en el ambiente y a partir de ahí analizar la conducción de la nave gubernamental, para su recorrido hasta el 2018. La expectativa del nuevo amanecer está insuflada en la mente y en el corazón del pueblo paraguayo. La anhelada transformación es aguardada con inusitado interés.





























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