Exportaciones del agro y la energía deben dar más dividendos al país

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Sin lugar a dudas, la generación de hidroelectricidad es la principal riqueza del país, pero resulta totalmente subutilizada a los fines del desarrollo nacional, por no ser exportada con un régimen conveniente para el país. Lo mismo ocurre con otros rubros agropecuarios de exportación, como la soja y la carne, cuyo aporte para financiar el presupuesto nacional ahora se estará aumentando con la generalización del IVA y el IRAGRO.
Los últimos datos estadísticos revelan que las exportaciones  totales del país se han incrementado hasta julio de este año en un 39 por ciento con respecto al ejercicio anterior, con un valor exportado de 5.954 millones de dólares. La pregunta es: ¿qué grado de impacto ha tenido este significativo aumento para mejorar el bienestar general del pueblo o financiar el presupuesto nacional por la vía de los impuestos y los demás ingresos del fisco?
Tienen razón quienes critican el poco efecto multiplicador en la economía y, peor aún, en la creación de empleos o en la generación de recaudaciones fiscales, de estas exportaciones del sector primario. Pero también cabe apuntar que la exportación de energía eléctrica a los países vecinos no está rindiendo lo que debería ser para financiar las inversiones desarrollistas del Gobierno.
Los mismos registros del Banco Central están indicando que el valor exportado de energía a los países del Mercosur, es decir a Argentina y Brasil, fue hasta julio de 1.287 millones de dólares, mientras que lo realmente ingresado al Tesoro nacional en concepto de compensaciones y royalties, para financiar el presupuesto, apenas supera los 700 millones de dólares en todo el año.

Llamativas diferencias
Resulta claro que en los casos del valor exportado de soja y carne, y de otros productos del agro, se manejan ingresos de exportación de acuerdo a los precios vigentes en el exterior. Es decir, la cantidad exportada se multiplica por los precios aceptados o pactados en el mercado internacional. A su vez, los beneficios que podría obtener el Estado de estas exportaciones se basan en la mayor o menor presión tributaria existente sobre el cultivo de la soja y otros cereales, así como sobre la industria cárnica.
Históricamente, en el Paraguay las exportaciones no han sufrido gravámenes, pero sí en forma directa o indirecta los productores y agroexportadores son aportantes al fisco en base a los tributos internos. Pero se afirma que ni el 5 por ciento del valor exportado por ellos ingresa al fisco a manera de recaudación tributaria, y con los datos actuales no sobrepasaría los 300 millones de dólares, que es una cifra ínfima si se tiene en cuenta que el presupuesto nacional ya se halla en estos momentos por un total de gastos para la administración central del Estado de 6.300 millones de dólares.
Al comparar con la energía, se nota que el precio de venta pactado con los vecinos está marcando un valor exportado mucho menor de lo que se podría haber fijado, atendiendo al alto valor agregado de la hidroelectricidad, comparado con el precio del petróleo en el mundo. Sin embargo, el beneficio que recibe el Estado paraguayo en concepto de royalties y compensaciones supera con creces el porcentual de ingresos que ingresa en materia de soja o la carne.
Por eso es que se insiste tanto en la mayor conveniencia para el país de destinar los ingresos de la venta de la energía a un fondo nacional de desarrollo que financie la creación de infraestructura y las condiciones para la instalación de industrias en el país, con las cuales utilizar más la hidroelectricidad, y no venderla a precios tan bajos.
A su vez, la exportación de productos primarios sin elaboración o valor agregado, como en el caso de la soja y los demás cereales, debería ir bajando para dar paso a la venta al exterior de productos derivados en base a un proceso de industrialización. Además de aportar más impuestos, la industria podrá así favorecer que la exportación con mayor valor agregado tenga un impacto positivo sobre la economía, a través de la creación de empleos y el incremento en la capacidad de ingreso de la población, con lo cual los elevados niveles de pobreza irán disminuyendo también.

Escribe: Luis Alen
lusialgo@yahoo.com

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