Falta de rumbo seguro en Hidrovía revela escasa fuerza negociadora

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Escribe: Luis Alen.

La vuelta al Mercosur sin condiciones, por parte del presidente Horacio Cartes, causó la lógica satisfacción de las dos emperatrices del ámbito regional. La actitud de HC contrastó nítidamente con las posiciones firmes del anterior gobierno de Federico Franco ante sus pares mercosurianos, que hasta llegó a insinuar la salida del país del acuerdo y la integración a la Alianza del Pacífico.

Cartes evidentemente optó por la política del buen vecino poco molestoso, sin exigir prácticamente nada a cambio de la reinserción paraguaya, pero ahora llegó la hora de plantarse ante lo que ya resulta un exagerado letargo del proceso integracionista, a tal punto que se habla de un Mercosur moribundo.

A casi un año y medio de asumir el mando de la República, HC aún continúa rogando a sus pares del Mercosur la aprobación de varias cuestiones fundamentales para nuestro comercio, lo que ocurrirá de nuevo con la cumbre que se desarrolla esta semana en Paraná, Argentina. Pero, ¿por qué se ha dejado transcurrir tanto tiempo sin tener los resultados esperados en el proceso de integración, especialmente desde la perspectiva de los intereses paraguayos?

Otro hubiera sido el panorama si es que el regreso del Paraguay al Mercosur se hacía bajo ciertas condiciones que debían cumplir los vecinos, especialmente en materia de integración energética a través de las dos represas binacionales y la libre navegación de los ríos, que involucran dos facetas esenciales para el desarrollo nacional.

Hidrovía sin timón

Está el caso de las trabas argentinas a la salida de los productos paraguayos al mar. Hace tres años que no se reúne el comité de la Hidrovía Paraguay-Paraná, a pesar de su importancia como canalizador del comercio exterior no sólo paraguayo, sino también del oriente boliviano, el Mato Grosso brasileño, la producción del Litoral argentino y los puertos uruguayos.

No contento con apañar los atropellos de su sindicalista marítimo Omar “Caballo” Suárez contra las 3.000 embarcaciones con bandera paraguaya -la mayor flota de la Hidrovía-, el gobierno de Cristina Kirchner arremetió también contra el Uruguay, al prohibir a sus exportadores utilizar la instalación portuaria de Montevideo para operaciones de trasbordo en contenedores vacíos disponibles en dicha terminal.

Cartes sabe que la única forma de garantizar la salida segura del 80 por ciento de nuestro comercio exterior de exportación e importación por la Hidrovía, es a través de contar con una administración del curso hídrico internacional bajo reglas acordadas y acatadas por el Gobierno argentino. Lo que realmente no se está logrando por la misma languidez del Gobierno paraguayo en sus reclamaciones ante Buenos Aires, si es que realmente las hay.

Por todo esto, sonarán muy huecos los discursos en la cumbre del Mercosur, a menos que se ponga sobre la mesa de negociaciones la voluntad política firme de terminar con las trabas en la Hidrovía. Al mismo tiempo, el Gobierno paraguayo deberá conseguir con sus pares de Buenos Aires y Brasilia, un trato también diferente en las hidroeléctricas, con el fin de avanzar hacia la verdadera integración energética, que permita al país obtener mayores beneficios con la exportación de electricidad, que actualmente se realiza a precios inicuos.

Si no se consiguen los resultados esperados a corto plazo en la integración dentro del Mercosur, tanto la Hidrovía como las represas hidroeléctricas Itaipu y Yacyretá continuarán sin el rumbo esperado para los intereses paraguayos.

Hasta ya se empieza a creer en aquellos que auguraron una política exterior sumisa de HC ante sus vecinos por los intereses particulares de su empresa tabacalera, que está inundando la región y casi toda América Latina con cigarrillos ingresados de contrabando.

 

Achacar al presidente Horacio Cartes el creciente mercado alternativo latinoamericano de cigarrillos baratos que compiten con las marcas de las grandes multinacionales, se ha vuelto un tema recurrente de la prensa continental, quizás porque es más noticia un jefe de Estado “contrabandista” que un menos conocido traficante colombiano o mexicano. Esto acaba de ocurrir tras el periplo a México del presidente Cartes para asistir a la Cumbre Iberoamericana.

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