¿Fin a la mamadera?

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Varios políticos, principalmente, del partido colorado se rasgaron las vestiduras, cuando el presidente electo Horacio Cartes anunció que privilegiaría en su gobierno a técnicos y profesionales capaces.
El hecho, indudablemente, sacudió a la fauna política paraguaya, que está acostumbrada a la repartija de cargos cuando se instala un nuevo gobierno en el país. Cartes metió el dedo en la llaga y generó una fuerte turbulencia al interior de su propio partido, cuyos principales articuladores se niegan a acabar con el clientelismo criollo.
Cuando comenzaron las especulaciones de los nombres que integrarían el futuro gabinete de Cartes, hubo enfurecimiento en la cúpula colorada, más concretamente en el sector que se atribuye como responsable de la victoria del empresario, hoy convertido en flamante presidente de la República.
Sin embargo, ya quedó demostrado a lo largo de la campaña política, el carácter fuerte y firme de Cartes, por lo que con maquinaciones trasnochadas no lo harán cambiar de postura o posición. El presidente electo, con el slogan, “el nuevo rumbo” buscará dar un giro de 180 grados a la historia política de Paraguay, cuyos protagonistas están acostumbrados, por décadas, en convertir el Estado en un botín político.
El futuro nuevo mandatario movió el avispero, más que eso, pisó un campo minado, donde se torna sumamente arriesgado caminar. A buena hora sentó esta postura, porque tarde o temprano se tiene que poner fin a esta práctica nefasta, que tanto daño ya causó a esta república, que lejos de lograr el anhelado desarrollo, como el cangrejo, va hacia atrás.
A Cartes le aguarda un camino tortuoso que recorrer. Aparte de las promesas que tratará de honrar, heredará un Estado devastado, y que tendrá la difícil misión de reconstruirlo. Para lograr ese ineludible compromiso, necesitará el apoyo de toda la ciudadanía nacional, que espera que en el nuevo gobierno aparezca al final del túnel una luz de esperanza.
El pueblo paraguayo aguarda con expectativa la asunción del nuevo gobierno, que tratará de rectificar rumbo de una nación que se encuentra en terapia intensiva. Cartes, necesariamente, se topará con varias dificultades, pero si existe voluntad política de los demás poderes del Estado, articulando y unificando criterios, se puede lograr el anhelado desarrollo socio-económico.
Se habla de que se priorizará la inversión extranjera, para lo cual se cursó invitación, para el 15 de agosto, a más de 200 empresarios. Uno de los principales planes de Horacio Cartes es lograr la instalación de plantas fabriles en los diversos rubros, que permitan generar fuentes de trabajo, una histórica deuda pendiente en los sucesivos gobiernos de turno. De lograr este objetivo, indudablemente, disminuirá la pobreza extrema en el país.
Ahora es momento de empujar el carro todos juntos y trazar el nuevo rumbo. El éxito de Horacio Cartes radicará en no dejarse llevar por la fuerte presión que recibirá de su entorno político, una vez que esté sentado en el sillón del Palacio de López. Sus planes y programas de gobierno tendrán que hacer cumplir estrictamente, si pretende revertir esta dramática situación económica del Paraguay. El presidente Horacio Cartes deber poner fin a la mamadera.

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