Conversamos con el Dr. Jorge Amarilla, especialista en Neurología del Hospital del Área 2 de la Fundación Tesãi, sobre los daños y las secuelas neurológicas provocadas por el botulismo, así como las medidas de prevención, síntomas, diagnóstico y tratamiento oportuno.
El profesional manifestó que el botulismo es una enfermedad neurológica grave y potencialmente mortal, causada por una toxina producida por la bacteria Clostridium botulinum. Esta toxina bloquea la liberación de acetilcolina en las terminaciones nerviosas, provocando una parálisis flácida progresiva.
Los alimentos que con mayor frecuencia se asocian al botulismo alimentario son: conservas caseras de verduras, especialmente espárragos, remolachas, choclo y porotos, conservas de carnes y embutidos elaborados artesanalmente, pescados ahumados, fermentados o conservados de forma inadecuada, alimentos enlatados con envases abombados, oxidados o deteriorados, aceites aromatizados con ajo o hierbas conservados sin refrigeración adecuada, además de productos fermentados preparados sin controles sanitarios.
Daños neurológicos
El Dr. Amarilla explicó que los efectos neurológicos pueden manifestarse con visión borrosa o doble (diplopía), caída de párpados, dificultad para hablar y tragar (disfagia), debilidad muscular progresiva que generalmente comienza en la cabeza y desciende hacia el cuello, brazos, tronco y piernas. También puede producir sequedad bucal, disminución de la producción de saliva y, en los casos más graves, parálisis de los músculos respiratorios e insuficiencia respiratoria que pone en riesgo la vida del paciente.
Consultado sobre la posibilidad de que los daños neurológicos sean permanentes, el especialista señaló que, en la mayoría de los casos, los nervios logran recuperarse gradualmente cuando el diagnóstico y el tratamiento se realizan de manera oportuna. No obstante, enfatizó que la recuperación puede demandar semanas o incluso meses.
“Algunos pacientes presentan fatiga, debilidad muscular o dificultades respiratorias residuales durante un tiempo prolongado. En los casos más severos puede ser necesaria una rehabilitación neurológica y respiratoria”, indicó el experto.
Diagnóstico precoz y tratamiento adecuado
Asimismo, destacó que con un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado, la mayoría de los pacientes sobrevive y recupera gran parte de sus funciones neurológicas. Sin embargo, advirtió que sin atención médica el botulismo puede resultar mortal debido a la parálisis de los músculos respiratorios.
“No hay que dudar en acudir a un especialista. Cuanto más rápido se diagnostique y trate el botulismo, mayores serán las posibilidades de recuperación y supervivencia”, remarcó.
Grupos de riesgo
Entre los grupos más vulnerables se encuentran los adultos mayores de 60 años y los lactantes menores de un año. En estos últimos, el riesgo es mayor porque su flora intestinal aún no está completamente desarrollada, lo que facilita la producción de la toxina cuando existe exposición a esporas presentes en el ambiente o en ciertos alimentos, como la miel.
“Dar miel a niños menores de un año no es recomendable porque su intestino aún no está maduro. En cambio, si un adulto consume miel que contiene esporas de Clostridium botulinum, generalmente no ocurre nada porque su sistema digestivo ya está completamente desarrollado”, explicó.
Medidas de prevención
Se recomienda no suministrar miel a niños menores de 12 meses, preparar y conservar correctamente las conservas caseras, desechar latas abombadas, oxidadas o dañadas, mantener una adecuada higiene y cuidado de las heridas porque la bacteria se encuentra de forma natural en el suelo, el polvo y los sedimentos acuáticos. Cuando sus esporas contaminan alimentos y estos se almacenan en condiciones favorables para su crecimiento, pueden producir la toxina responsable de la enfermedad.
Signos de alarma y estudios
Se debe acudir de forma urgente a un centro asistencial ante la aparición de: visión borrosa o doble, caída de párpados, dificultad para hablar o tragar, debilidad muscular progresiva y dificultad respiratoria.
El diagnóstico se basa en una evaluación clínica que incluyen síntomas neurológicos, antecedentes de consumo de alimentos sospechosos, estudios laboratoriales para la detección de la toxina botulínica en sangre y heces, cultivo para identificar el Clostridium botulinum, una electromiografía que puede alteraciones de la transmisión neuromuscular y evaluación de la función respiratoria con un enfoque multidisciplinario.
Fundación Tesãi a la vanguardia
La Fundación Tesãi insta a la población a un reconocimiento temprano de los síntomas y la rápida atención especializada, acciones fundamentales para reducir complicaciones, evitar secuelas graves y aumentar las probabilidades de recuperación. “Estamos preparados para dar orientación, acompañamiento profesional, tenemos un equipo médico de primer nivel, unidades de terapia intensiva bien equipadas, el suero anti botulínico está disponible en el país, vía MSPyBS. Estamos listos para diagnosticar esta enfermedad y salvar vidas”, remarcó finalmente.
































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