Horacio Cartes continúa con el proceso de análisis de los antecedentes y formación de los posibles candidatos a integrar su gabinete, en un cometido que ya lleva varias semanas, sin que hasta el momento el presidente electo haya soltado prenda de algún nombre que ya tiene “in pectore”. La anunciada selección nacional se hace esperar, a pesar de que ya se han empezado a filtrar probables números puestos, como el caso de algunos técnicos que trabajan en el equipo de transición.
HC ha demostrado que la mejor estrategia en la política nacional y partidaria deviene de tomar resoluciones para afianzar su poder y no en cometer errores que luego signifiquen una pérdida de la capacidad de mando, tan indispensable en el país en estos momentos en que se va un gobierno débil, que acumuló más puntos en contra que a favor durante su corta gestión.
En primer lugar, la alusión de Cartes a una “selección nacional”, apunta indudablemente a la característica básica de su gobierno, ya evidenciada en el acuerdo político para las mesas directivas del Congreso.
Es decir, la selección apunta a nombres procedentes de los partidos que integran esta base política ampliada, que le ayudará precisamente a HC a conseguir la anhelada gobernabilidad.
Se aguarda así un verdadero gabinete nacional, multicolor, más allá de que el Partido Colorado de por sí tiene mayoría propia en la Cámara de Diputados, o la posibilidad de tejer mayorías coyunturales en el Senado. Sin embargo, Cartes ha maniobrado hábilmente para armar su propia base parlamentaria, sin depender del buen o mal humor de sus propios correligionarios en ambas cámaras. Lo que se llama una “operación te duermes”, utilizando la jerga juvenil actual, es decir, anticipándose a las movidas políticas de sus eventuales adversarios, tanto en el plano partidario como en la oposición.
¿Por qué la demora en dar a conocer el gabinete?
HC daría a conocer los nombres de sus ministros sólo unos días antes del 15 de agosto, según las fuentes consultadas, por el impacto político que tendrá entre sus adherentes colorados un gabinete multicolor y posiblemente más técnico que político.
En realidad, ya existe un “gabinete en la sombra” integrado por los técnicos del equipo de transición que hacen acto de presencia y recopilan datos de la situación calamitosa de la administración actual saliente en los diferentes ministerios, especialmente en términos financieros o de licitaciones que están en proceso para la adquisición de bienes y servicios. Quien encabeza este grupo es Germán Rojas, un ex presidente del Banco Central y ex banquero últimamente en el sector privado, específicamente en el Banco Sudameris.
Se menciona en forma insistente que Rojas será el ministro de Hacienda y jefe del equipo económico del nuevo gobierno. Un técnico avezado en el lugar indicado, teniendo como su brazo derecho al posible nuevo presidente del Banco Central, el economista Carlos Fernández Valdovinos, quien ya fuera alto funcionario del área de estudios económicos del BCP y que hasta hace poco estaba trabajando en el exterior.
Es evidente que el presidente electo trata de no incomodar a los sectores partidarios colorados que le dieron el voto mayoritario en abril pasado, por lo que resulta inevitable que algunos puestos del gabinete irán a personas representativas de estos grupos. Pero hay ministerios que requieren de técnicos bien experimentados y capaces, por lo difícil que se plantean los problemas, tanto en materia de negociación internacional (Relaciones Exteriores, con temas de Unasur, Mercosur, Itaipú, Yacyretá, planta nuclear argentina, etc.) como en el plano social (Educación, Salud, Vivienda, saneamiento ambiental, lucha contra la pobreza)
Lo que menos puede hacer HC es improvisar en materias claves como las señaladas, por lo que no se puede dejar influir por las presiones provenientes de la dirigencia colorada.
Afortunadamente, Lilian Samaniego, la presidenta de la ANR, le ha dado tranquilidad al presidente diciendo que darán todo el apoyo necesario para que la gestión del nuevo Ejecutivo esté libre precisamente de presiones provenientes de la junta de gobierno del partido oficialista.
Pero de cualquier modo existen las presiones, como el caso del no disimulado “round” entre los cartistas de primera hora como José Ortiz, gerente de Tabacalera del Este –propiedad de Horacio Cartes- y Wildo Almirón, del riñón de Javier Zacarías Irún, por la titularidad de la entidad binacional Itaipú.
Como no podía ser de otra manera sin estar el nombramiento oficial, Ortiz niega toda pretensión por el cargo, a pesar de que ya ha puesto pie en la entidad como cabeza de un equipo de transición cartista para recibir toda la información del director saliente, el liberal Franklin “Anky” Boccia.
La pugna entre el cartismo y el zacariísmo por Itaipú ya viene de la época electoral, y la elección final de HC significará un mensaje contundente de que no se dejará llevar por las cuotas políticas en los nombramientos para cargos tan importantes que implicarán en definitiva el éxito o el fracaso de su gestión al cabo de cinco años, en 2018.
Por ello, la demora en conocer a los hombres del presidente obedece seguramente a la intención de Cartes de que la selección nacional de ministros no signifique una vulgar “rifa” de cargos en base a la presión política, sino a una libertad de elección que le signifique finalmente la posibilidad de una gestión exitosa, con amplia base política, consenso social y esperanza cierta de la ciudadanía en una administración diferente, no cargada de ineficiencia y corrupción como la que desafortunadamente le tocó dirigir en su “interregno” de un año a Federico Franco.
Escribe: Luis Alen





























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