Escribe: Luis Alen.
El presidente Horacio Cartes avanza ya casi sin oposición al objetivo central que tiene desde que llegó al Gobierno: detentar el poder total con el fin de asegurar la posibilidad de la reelección indefinida. Sólo que para ello deberá reformar la Constitución, o forzar alguna sentencia de la Corte Suprema que le habilite la enmienda constitucional, para llamar a un referéndum que sería un mero trámite a la vista de su especialidad que es, como se ha visto, ganar elecciones.
Superado el escollo de la interna colorada, en donde “el caballo del comisario” ganó con una diferencia de 10 puntos, tocó el turno de desmontar la amenaza del G15 de senadores.
Y no le costó mucho esfuerzo a HC, por cuanto cuatro legisladores miembros de la disidencia pasaron a integrar una bancada supuestamente independiente, que, sin embargo, por lo visto reciben con reverencia los dictados del cartismo, ya que, pese a su declamada independencia de criterio, se adhirieron en plena sesión del Senado a abandonar el recinto con el fin de dejar sin quórum a la Cámara Alta antes de tratar el punto de la conformación de una nueva terna para la Corte por parte del Consejo de la Magistratura.
El Senado se proponía contradecir al Consejo de la Magistratura, que había seguido el juego al Ejecutivo, que sólo quería agregar un nombre a la terna anterior de la cual había salido Linneo Ynsfrán, posteriormente vetado por Cartes. Es decir, siempre con la intención de sacar, por fin, un nuevo miembro que sea aceptado por el presidente.
La obsesión de HC es tener una “Corte a la medida”, con el fin de alcanzar la posibilidad de la reelección. Los ministros de la Corte, magistrados y fiscales, además de muchos políticos tanto colorados como de los demás partidos de oposición, saben que Cartes llegó para quedarse y, encima de todo, quiere recuperar con creces la plata que invirtió para llegar a la presidencia. Por supuesto, el afán no se queda en la recuperación del monto invertido, sino en ganar más aún que eso, con el control de los negocios en el país.
Los únicos que se interponían con bastante fuerza al proyecto cartista eran los senadores del G15, que finalmente fueron perdiendo espacio ante el avance de la arremetida cartista. Sólo por poner un ejemplo: el senador Nelson Aguinagalde, ex disidente, habría recibido la oferta desde carpas cartistas de su retirada del grupo opositor a HC con la promesa de que se le daría una “manito” en sus casos judiciales donde se le acusa de enriquecimiento ilícito cuando era gobernador de Alto Paraná, entre 2008 y 2013.
El riesgo latente es que la democracia salga perdiendo con esta situación, pues el contrapeso al poder, que implicaba el G15 en el Congreso, va cediendo terreno frente al avance cartista.
La estrategia de HC
Cual consumados ajedrecistas, Cartes y su equipo de asesores políticos calculan por adelantado las movidas que darán sus adversarios, lo que de alguna manera desorienta a éstos, a tal punto que no pueden enfrentar con éxito los movimientos de las piezas cartistas en el tablero político nacional.
Es así que la estrategia de HC puede ser etiquetada como el “cuco del miedo”, por cuanto oficialistas como los disidentes colorados y opositores de otros partidos, no se animan a enfrentar la aplanadora cartista, cuyo objetivo esencial es el poder total. Perciben que Cartes y su equipo tienen este objetivo, pero no se deciden a armar una estrategia contundente para hacerle frente.
Los cuatro senadores disidentes que pasaron a la vereda de enfrente, manejaron el mismo discurso, en una señal de que fueron bien aleccionados por los asesores del primer anillo cartista. Dejaron sentado que ya no era el momento de seguir con los enconos de la interna, y que había que impulsar la “Lista 1” al triunfo en las municipales de noviembre.
Primer miedo: el no perder en noviembre, porque evidentemente para el presidente será una derrota en el caso que los opositores ganaran una buena porción de las comunas, tanto en Asunción como en el interior.
Una victoria en noviembre será para el cartismo de suma necesidad para su proyecto hegemónico, por lo que nada mejor que enarbolar la bandera de la Lista 1, de tal forma que los heridos y contusos en las internas de cada municipio no se vayan a votar por candidatos no colorados, como sería el caso de Mario Ferreiro en Asunción, que repetidamente insta a los colorados a votar su proyecto.
Segundo miedo: A volver a la llanura, como ya repetidas veces ha señalado HC en sus discursos, acerca de que la división en el coloradismo y una mala gestión en el Gobierno pueden llevar de nuevo a la caída del Partido Colorado en manos de la oposición en 2018.
Cartes se agarra de este miedo para decirles a los colorados que, así como llegaron de vuelta al poder con él en 2013, si no se aglutinan a su alrededor también podría ocurrir que se repita el drama de la caída de 2008.
Tercer miedo: A no recibir una “mano” del poder, con el fin de asegurar la impunidad, desactivando cualquier investigación fiscal por las malas administraciones de fondos, tanto en ministerios como en empresas estatales o municipios.
HC también utiliza con suma habilidad este método de allegar lealtades, como en los tiempos del stronismo, cuando el “noble jefe” otorgaba la garantía de la impunidad para quienes se quieran enriquecer en su entorno, siempre y cuando lo hagan con sumisión a los dictados de su poder omnímodo.
Esta bendición del poder puede alcanzar hasta a los “opositores cartistas”, como de hecho se han comportado una parte importante de los legisladores liberales que responden al liderazgo de Blas Llano, quien se muestra muy condescendiente con las medidas que toma HC en el ejercicio de la búsqueda del poder total de la República.
El cuarto miedo: que es el total y el decisivo, abarcando tanto a la clase política como a las fuerzas vivas o los poderes fácticos. Ahí está el caso del EPP, en contra del cual se ha lanzado todo el aparato militar y policial, con un gran presupuesto que, sin embargo, no ha dado como resultado la captura de los integrantes del grupo armado irregular. Por el contrario, éste se ha vuelto mucho más belicoso y violento, secuestrando a gente inocente y matando a policías en las narices de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC), en la zona norte del país.
El último golpe de derribar una torre de alta tensión, ya realizado en otra ocasión, demuestra que los sediciosos están queriendo infundir el temor de que la población se halla amenazada por una escalada de acciones de violencia en el campo y, próximamente, tal vez en las ciudades.
El temor a un quiebre del Estado democrático, en estas condiciones es real, y no hay otra forma de salvarse que aglutinarse en torno al presidente y su equipo. Es el pensamiento tanto de la clase política mayoritaria, en estos momentos, e incluso del empresariado, a pesar de que en el seno de éste hayan surgido voces de protesta que no pasaron de meras quejas por la situación de inseguridad en el campo.
Así como se dice que el EPP resulta funcional a la necesidad que tienen el narcotráfico y los demás tráficos fronterizos de una “zona liberada” en el norte, el grupo criminal también forma parte, en forma involuntaria tal vez, de la estrategia del miedo de HC.
Triunfa la impunidad
Con la estrategia del miedo y la conquista de lealtades a través de esta vía, el cartismo pasa a la etapa en la cual se siente ya más cómodo para avanzar hacia el poder total. La anterior etapa estuvo signada por la estrategia del dinero, lo que se vio hasta la interna pasada, en la cual el mismo HC reconoció que puso plata de su bolsillo para financiar la captación de votos.
El riesgo de esta segunda fase del avance cartista hacia la consolidación en el poder es que la República y su democracia vean cómo sus políticos finalmente se rinden ante un “unicato” de nuevo cuño, una especie de “stronismo sin Stroessner”, o para decirlo con letras más actuales, un “cartismo colorado” que lanzó la voz de orden de pintar de rojo todas las municipalidades del país. En cierto sentido, dicho lema significa “carterizar” no sólo el partido Colorado, sino a todos los demás partidos.
Si bien HC seguirá cuidando mucho de no comprometer su gestión con tufos de negociados o malos manejos de recursos, y evitando grandes escándalos de corrupción en los ministerios o entes, aprovechará siempre cualquier desliz de los opositores para sacarles en cara sus trapisondas. Esto indica que la impunidad tiene sus límites y que si al poder le conviene ventilar los casos de corrupción para su propio beneficio, lo hará.
Es el caso último de la Contraloría, donde el contralor puesto allí por el Unace de Lino Oviedo, y la subcontralora catapultada a dicho cargo por el liberalismo, en 2010, debieron ahora renunciar ante la seguridad de su destitución vía el juicio político, esta vez con más tiempo para la defensa de los acusados que cuando se le sacó a empellones a Fernando Lugo del poder, en 2012.
El contralor y la subcontralora fueron el claro ejemplo de lo que puede ocurrir cuando la impunidad les mueve a los funcionarios a ser muy voraces con el dinero público. El poder aguantó bastante, hasta que decidió ventilar las excentricidades del manejo en la Contraloría con la secretaria VIP y los funcionarios privilegiados. De allí al juicio político bastaron algunas publicaciones de prensa, con las cuales se hizo insostenible la situación del contralor y de su entorno.
Hay que recordar que la misma impunidad le brindó el contralor a la administración de los Zacarías en Ciudad del Este. Su ex correligionario del Unace por lo visto le era muy cercano a sus afectos a Javier Zacarías Irún, o habría otras razones políticas o incluso supuestas propuestas “no santas” de carácter crematístico, pero lo cierto es que durante la gestión de Oscar Velázquez al frente de la CGR no hubo ni atisbos de alguna auditoría decente en la comuna de CDE.
El manejo del poder, como antes su dinero, le da prerrogativas a Cartes para aparecer sin ánimo de apropiarse en forma directa de los bienes estatales con alguna maniobra burda, pero, a la larga, el control sobre los grandes negocios en los que participa el Estado, como la APP (Alianza Público-Privada) le puede significar más de un dolor de cabeza, a la vista del excesivo ensanchamiento de la deuda estatal, que en apenas dos años se duplicó.
Habría que ver hasta dónde es capaz de llegar sin sobresaltos a la gran etapa de mostrar obras suficientes como para decir que ha cumplido con sus promesas electorales, aunque todavía falta mucho de concretarlas en la práctica, especialmente en materia de seguridad, educación, salud e inclusión social.




























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