Gerentes de HC ignoran controles y emulan práctica de Zacarías Irún

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Escribe: Luis Alen.

Emulando el ejemplo de Javier Zacarías Irún, que nunca se dejó auditar por la Contraloría General de la República, el Gobierno de HC es conducido por un gabinete paralelo de “monjes negros” que se demostró están inmunes a las fiscalizaciones, como el último caso de Petropar, cuya unidad de contrataciones manipuló una licitación en forma grosera, sin que la Dirección Nacional de Contrataciones Públicas moviera un dedo.

El presidente Horacio Cartes suele hacer con frecuencia alardes de su poder económico, realizando donaciones para resaltar su figura de hombre que no necesita “robar” al Estado, porque plata le sobra. Estas generosas dádivas salieron a relucir en la campaña electoral que se desarrolla por las internas de la ANR, como queriendo dar a entender que la billetera cartista es la base del poder del nuevo rumbo.

Como toda respuesta, el rival del candidato cartista para la junta de gobierno, Marito Abdo, dijo que es consciente de esta situación, pero que ganará “al hombre más rico del país”.

Sin embargo, el verdadero rumbo “oculto” que promueve la permanencia del cartismo en el poder más allá de 2018 ya no parecería ser la prominente billetera sino la toma del Gobierno por parte de los gerentes del Grupo Cartes, encabezados por su propio titular, Carlos Cañete, que desde Petropar maneja todos los hilos conducentes a precautelar la ambición del jefe de conseguir la reelección presidencial a cualquier costo.

Los gerentes son un virtual grupo de “monjes negros” en las entidades claves, a los que los titulares de los entes deben rendir cuentas de sus actuaciones. A su vez, los gerentes tienen comunicación directa con HC, pasando por encima muchas veces de los responsables de cada institución.

Esta es una demostración de que al poder político se le agregó un poderoso poder fáctico que actúa como un gabinete paralelo, sin que esté en ningún caso bajo la mira de los organismos de control como la Contraloría General de la República, que hasta anunció ya que retirará sus síndicos de las entidades estatales porque están sin hacer nada. Así, Horacio Cartes logró consolidar un poder paralelo comenzando por el gabinete de gerentes en la sombra, o de “monjes negros”, cuyas verdaderas atribuciones no pasan precisamente por una buena gestión administrativa sino por fortalecer la iniciativa del jefe de mantenerse en el poder a cualquier costo.

Los gerentes, al no rendir cuentas a nadie sino al presidente Cartes, están por encima de cualquier método creíble de control financiero o administrativo, lo que aumenta las sospechas de sinuosos procedimientos con el fin de favorecer a “amigos” del poder, por ejemplo en las jugosas licitaciones, como el reciente caso de los fletes de Petropar.

No fue para otro cometido que el gerente del Grupo Cartes, Carlos Cañete, haya desembarcado como asesor “ad honorem” en Petropar, poco después del triunfo electoral de abril de 2013. El mismo Cañete fue ahora el brazo ejecutor para que se torciera el resultado de la subasta para la contratación del multimillonario flete de combustibles, a favor de una naviera “amiga”, dejando de lado al precio menor ofertado y dando lugar a la oferta más cara.

Esta confluencia de poder político y poder fáctico a través de un gabinete paralelo de gerentes del cual Cañete es el hombre clave, junto a Juan Carlos López Moreira, el jefe del gabinete civil presidencial, no pareciera obra de improvisados, sino de hombres bien entrenados en el arte de someter la política nacional y las instituciones al poder fáctico, pero no ya acudiendo a la inagotable cantera de la  billetera cartista, sino a través de un bien armado aparato de gestión con aristas maquiavélicas, donde el fin justifica los medios.

El plan de consolidación del proyecto HC prevé la acumulación no sólo de poder político sino también económico y mediático, manifestada también hace unos días en la compra de periódicos, radios y hasta una posible estación de televisión por parte del poderoso Grupo empresarial.

La estrategia clave es fortalecer el poder emergente que le vio nacer al cartismo en 2009 gracias a la generosa billetera de Horacio, pero que hoy ya no resulta la única columna de soporte, atendiendo a la necesidad de retroalimentar otros factores determinantes para la permanencia del proyecto hegemónico en el tiempo.

Grosera manipulación

La licitación de Petropar tuvo una grosera manipulación sin que en ningún momento la Dirección Nacional de Contrataciones Públicas interveniera para enmendar la situación. Es que olímpicamente fue dejada de lado la mejor oferta presentada con un descuento considerable en los precios, para favorecer a la quinta empresa posicionada, que realizó la oferta más onerosa.

Contrataciones Públicas por lo visto no quiso enfrentarse al poder fáctico de gerentes, representado en Petropar por Cañete, con lo cual se confirma que el cartismo ha empezado a neutralizar todos los organismos de control administrativo, ignorando la CGR y siguiendo con la Fiscalía y el Poder Judicial.

Cuando los actos de los administradores no son puestos bajo la lupa de los organismos de control, se está en presencia de una virtual “dictadura” en el Estado, que hace sospechar de las verdaderas intenciones de HC, que sería nada más y nada menos que la acumulación de tal poder que, en definitiva, le permita ya no acudir a su billetera sino a embretar a los rivales políticos teniendo la sartén por el mango en toda la administración pública, sin ninguna posibilidad de ser investigado alguna vez por la Contraloría o el Ministerio Público.

La democracia en el país puede estar herida de muerte en el caso que continúe esta forma de conducirse de Cartes. Es que la asimilación de poder político con el poder fáctico de sus gerentes revela que esta simbiosis no trae nada bueno para el futuro democrático, toda vez que el gabinete paralelo puede estar dando órdenes hasta ilegales que, como en el reciente caso de Petropar, son dadas al solo efecto de demostrar quién manda en el país, y, si es posible, por encima de la ley.

Un dato ilustrativo es que los mecanismos legales ya no funcionan en estos casos para precautelar los derechos ciudadanos. De hecho, las empresas afectadas por el desaguisado en la petrolera estatal rehuyeron entrar en un litigio judicial para salvaguardar sus intereses. Simplemente, se llamaron a silencio siendo conscientes que no habrá forma de vencer a la aplanadora del Gobierno en la Justicia.

Una demostración de que el gabinete paralelo de gerentes es el que maneja el país junto con HC, es que el gabinete oficial del Ejecutivo casi no se reúne tanto en el Palacio de López como en Mburuvicha Roga, ni se convoca a periódicas conferencias de prensa para escuchar las preguntas críticas de los periodistas. ¿Para qué? Si el poder de “monjes negros” no necesita rendir cuentas a la opinión pública sino a su jefe HC.

Con razón no existen casi denuncias de corrupción en el sector público, ya que la Contraloría ni Contrataciones pueden meter sus narices en el manejo de los gerentes. Mientras tanto, siguen sumándose indicios de graves manipulaciones en los procesos administrativos.

Para muestra sólo basta un botón: el Ministerio de Hacienda maneja cada vez con mayor hermetismo la emisión de los bonos soberanos, como el último caso de los US$ 280 millones que se obtuvo con corredores de bolsa de Nueva York, haciendo que la deuda pública total ya llegue al 18 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Con esta contratación, la emisión de bonos soberanos asciende a US$ 1.780 millones, que deberán ser devueltos en los próximos años sin que exista la seguridad que la aplicación de los fondos en algunos proyectos de dudosa rentabilidad, como la transformación energética del horno de la Industria Nacional del Cemento, generen los recursos para honrar los compromisos.

El Gobierno actúa así en forma totalmente irresponsable en el tema de la deuda externa pública, aunque también se podría especular con que los gerentes de HC tienen la expectativa de que su jefe presente al país como única solución la continuidad del régimen cartista. Porque, ¿quién en su sano juicio se animaría a tomar las riendas del Gobierno sabiendo que deberá afrontar el gran agujero negro de una deuda inmanejable?

 

El objetivo indudablemente es mostrar que la única salvación para el país es que HC continúe incólume en la cima del poder no ya con su billetera, sino con procesos administrativos llevados adelante por los gerentes, sin que nadie ose ponerlos bajo la mira de las entidades de control.

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