Giro radical del Gobierno permite ingreso de Venezuela al Mercosur

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Era previsible la última movida de Horacio Cartes en Mercosur en el tema Venezuela, para dar un giro de 180 grados en la inicial postura paraguaya de no reconocer como válido el ingreso “por la ventana” del régimen bolivariano al acuerdo regional. El realismo político fue adoptado finalmente con el fin de asegurar buenos negocios para el país en el ámbito económico.
Como siempre ocurre cuando “la necesidad tiene cara de hereje”, las consideraciones estrictamente jurídicas fueron dejadas de lado para apañar -por usar algún término- la gruesa metida de pata de los países del Mercosur, cuando en junio de 2012 suspendieron a Paraguay del bloque y permitieron el ingreso de la Venezuela de Hugo Chávez sin el reconocimiento del Senado paraguayo, en violación flagrante del Tratado de Asunción de 1991.
Pese a que nunca ni siquiera pidieron disculpas públicas por el feo error cometido al pisar el ordenamiento jurídico mercosuriano, Argentina, Brasil y Uruguay han estado presionando al nuevo Gobierno paraguayo a rever la postura del Senado, que había rechazado expresamente el ingreso del país bolivariano al sistema regional. Es que sin ese requisito legal no se podría justificar nunca la presencia irregular del gobierno de Nicolás Maduro, ahora heredero político de Chávez.

¿Qué movió
realmente a HC?
Los socios en el Mercosur le habían dado la bienvenida a HC en ocasión de su asunción en agosto pasado, pero quedaba pendiente el espinoso asunto de la incorporación de Venezuela en ausencia del Paraguay. El Gobierno nacional estaba en la disyuntiva de salir del bloque por no admitir la entrada del régimen de Caracas, o de aceptar su ingreso como un hecho consumado y rever la posición inicial adoptada por los senadores.
Se optó por la segunda alternativa, con una buena dosis de realismo político y el reconocimiento de que fuera del Mercosur no habría muchas posibilidades para que el país siga siendo tan atractivo como lo es ahora para los inversores extranjeros.
Lo primero que le preguntan a Cartes y sus funcionarios en cada visita, quienes desean incorporar capitales al país, es ¿“cuándo se arreglará el problema de la participación plena en el Mercosur”?
Tampoco fue una casualidad o mera coincidencia que, tras el anuncio del envío del protocolo de adhesión de Venezuela al Senado, se arreglara una rápida visita de Cartes a su colega Evo Morales, presidente de Bolivia, para a su vez normalizar las relaciones con el vecino y aprovechar su riqueza en materia de gas natural.
También no hay que olvidar que Paraguay debe renegociar en forma urgente su deuda con Caracas por el petróleo y los combustibles comprados de PDVSA (Petróleo de Venezuela S.A.), de alrededor de 300 millones de dólares. Si bien se habla que el reconocimiento de Venezuela en el Mercosur por el Senado no está ligado expresamente con la renegociación, lo cierto es que convertir la deuda vencida en otra a largo plazo de hasta 15 años ya compete a una conversación política de alto nivel Gobierno a Gobierno. ¿Y qué mejor predisposición puede exhibir Nicolás Maduro para resolver el problema con PDVSA si tiene a mano el acuerdo del Senado paraguayo para el Mercosur?
Pero aunque estos temas posean de por sí su peso propio en la balanza que finalmente se inclinó hacia los intereses de Venezuela y de los otros socios en Mercosur, es indudable que existe otro factor determinante, como lo es la necesidad política que tiene Cartes de ponerse de igual a igual con sus pares del bloque regional, a la hora de negociar otros aspectos gravitantes que hacen al desarrollo económico nacional, como son las trabas al comercio y el transporte de Paraguay desde y hacia sus vecinos.
Con Argentina y Brasil existen además temas muy importantes y urgentes que negociar alrededor de las usinas hidroeléctricas del río Paraná, aparte de los recurrentes problemas de frontera, en torno al contrabando y los distintos tráficos ilegales.
Asimismo, hay un hecho muy trascendente que no escapa a la consideración del presidente Cartes, y que ya había surgido durante las presidencias anteriores de Lugo y Franco, respecto a la importancia estratégica de Paraguay para el logro de la integración energética regional, a partir de las mega posibilidades de producción hidroeléctrica y su combinación con una gran industrialización del gas boliviano en territorio paraguayo, a través de un acuerdo binacional con Bolivia o trinacional si se incorpora a Uruguay, en una reincidencia en el viejo y casi extinto acuerdo Urupabol.
La presencia de HC en La Paz, Bolivia, la semana pasada, puede significar el principio de un plan energético e industrial, utilizando de paso el instrumento de la APP, la Alianza Público-Privada. Sabido es que tanto Bolivia como Argentina tienen en estos momentos problemas para captar la inversión extranjera en el ámbito energético, debido a sus políticas económicas nacionalistas, pero el Gobierno paraguayo, al regularizar su situación en Mercosur y al adoptar una política de apertura a la inversión foránea, junto a la APP, tiene todas las condiciones para albergar un sistema mixto de producción energética que lleve a solucionar los graves problemas energéticos existentes actualmente en el Cono Sur.
Como se puede apreciar, la realidad ha condicionado la decisión de asumir con todas sus consecuencias lo actuado por el Mercosur, a todas luces en forma antijurídica, en junio de 2012.
Pero a partir de allí surgen anchas sendas favorables hacia el desarrollo económico y social del país. Lo que aparece es una dosis muy favorable de realismo político por parte de HC, en función a los más altos intereses nacionales.

Escribe:
Luis Alen

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