Gobierno de Cartes debe cambiar la gestión actual del gasto público

284

Y ocurrió lo que más debió evitarse en el proceso de recambio en el Gobierno, como es la repetición de la imagen de debilidad institucional por la que ya nos dieran duro antes en las malas notas de “riesgo-país” de las calificadoras internacionales. Sucedió al darse a conocer que las finanzas del Estado están en “rojo”, no tanto por la falta de recursos sino por una mala gestión que deja poco margen para las inversiones.
Las noticias de un creciente déficit fiscal, así como las acusaciones del presidente electo de la posibilidad de encontrar las arcas vacías de Hacienda en agosto, generaron la lógica inquietud entre los inversores externos. Más que un potencial peligro de que el país caiga en cesación de pagos o algo cercanamente similar, la incertidumbre surgió por lo que vendrá después del 15 de agosto, en la medida en que se espera una gestión diferente de las finanzas estatales con el nuevo Gobierno colorado. La transición en la entrega de mando al nuevo inquilino del Palacio de López aparecía con buenos augurios de tranquilidad y orden, en las primeras reuniones entre exponentes del Gobierno saliente y del entrante. Pero la decisión de Federico Franco de continuar licitando obras públicas y realizando compras a todo vapor antes del 15 de agosto, terminó por exasperar a Horacio Cartes, a tal punto que éste tuvo que salir a denunciar públicamente una especie de conspiración para dejar sin fondos al nuevo Gobierno.
El temor a encontrar un verdadero “cráter” en Hacienda no resulta una sensación infundada, sin lugar a dudas, porque arrecian los reclamos ante deudas muy atrasadas a proveedores y falta de pagos a personales contratados en el sector estatal.
La información de que no están bien las recaudaciones tributarias es otro elemento a considerar, así como también llama la atención que, a pesar del crecimiento económico previsto para este año y la supuesta abundancia de recursos del financiamiento externo, no se haya podido cumplir con la ejecución presupuestaria en algunas instituciones que en algunos casos no alcanza ni el 20 por ciento, cuando ya se está casi a mediados del ejercicio.
Ahora Hacienda habla de que el nuevo Gobierno recibirá en caja US$ 1.776 millones, pero ya no se puede esconder que la gestión financiera de Franco ha tenido un inexplicable deterioro a partir de la derrota electoral del Partido Liberal, lo que lleva a pensar que todo apunta a que ha habido una especie de priorización del gasto electoralista en los primeros cuatro meses del año, en detrimento de inversiones en sectores económicos y sociales sensibles, desembocando en una desequilibrada ejecución presupuestaria que provocó a su vez la actual tendencia a un agravamiento del déficit de Hacienda. El nuevo Gobierno no hallará seguramente una caja vacía para enfrentar los pagos de salarios y gastos esenciales de funcionamiento de la burocracia, a estar por los datos oficiales de disponibilidad financiera para agosto, pero el problema no está tanto allí, sino en el nivel elevado de déficit entre recaudaciones tributarias y gastos corrientes, lo que no deja margen para los gastos de inversión.
El incremento del PIB no se está reflejando en mayores recaudaciones en las direcciones recaudadoras, lo cual lleva a concluir que el gasto corriente improductivo en detrimento de las inversiones está jugando una mala pasada a Hacienda, que se ve en la imposibilidad de cumplir hasta con el plan financiero del presupuesto, que ya de por sí incluye recortes al desfinanciado cálculo presupuestario aprobado a fines de 2012 por el Congreso.
Por este motivo, a primera vista Cartes necesariamente deberá incrementar el endeudamiento externo, cuyo costo va aumentado por el interés más alto a pagar, que está en relación con la percepción de riesgo-país que se ha incrementado en las últimas semanas por la mala gestión financiera del mismo Gobierno saliente. Un dato inquietante es que el interés ha subido para los bonos soberanos de US$ 500 millones conseguidos en enero pasado, y que todavía están depositados en gran parte en Suiza sin que se los haya utilizado. Mientras tanto, en julio se prevé el primer pago de intereses, lo que lleva a pensar en la inconveniencia de un endeudamiento de esta clase, ya que las inversiones en infraestructura y energía son de lento retorno económico y social por su misma naturaleza.
Cabe esperar que el nuevo Gobierno se afiance en las obras públicas y en el sector energético a través de las concesiones, de tal forma que una alianza entre los sectores público y privado lleve a cabo la mayor parte del esfuerzo en inversiones, sin que necesariamente se llegue a aumentar más un endeudamiento público que no resulta el mejor camino siempre que subsista el problema del déficit entre los ingresos impositivos y los egresos corrientes.

Escribe: Luis Alen
lusialgo@yahoo.com

 

Facebook Comentarios

Compartir