
Escribe: Luis Alen.
El ministro de Industria y Comercio, Gustavo Leite, sigue insistiendo en que se logró un “ahorro” de US$ 30 millones en el precio del flete para Petropar con la reciente subasta a la baja electrónica y sugirió al vicepresidente del Centro de Armadores Fluviales y Marítimos (Cafym), Guillermo Ehreke, que se compre una nueva calculadora.
Ehreke había desmentido la cifra del supuesto ahorro, explicando que, sobre la base de un transporte mensual estimado en torno de los 30 mil metros cúbicos y un contrato de 24 meses, Petropar obtendría sólo un ahorro total de alrededor de US$ 3 millones por año. Agregó que este “ahorro” tendrá sólo un impacto en cada litro de gasoil común de cerca de 50 guaraníes, lo que implica 0,90 por ciento sobre el precio del diesel por litro.
Es evidente que el ministro Leite ha recibido datos irreales que le fueron acercados con la intención de mostrar que supuestamente Petropar fue capaz de romper el “negociado” de los fletes. En cuanta entrevista se le hace a través de los diarios y en las radios, los funcionarios se ufanan de un logro que los números reales desmienten.
Tendencia del mercado
Lo que ocurrió con la nueva licitación es que los valores ofertados sólo reflejan la tendencia del mercado en la navegación fluvial de Villa Elisa a las inmediaciones del Río de la Plata. Del nivel de US$ 66 el m3 contratado en 2012, se bajó a la nueva oferta mínima de US$ 47,5 el m3, lo que equivale a una reducción de US$ 18,5 el m3, que es la base de cálculos mencionada por Leite.
Pero lo que no han dicho al ministro es que la tarifa de US$ 66 el m3 se dejó de aplicar porque las navieras contratadas por Petropar han venido disminuyendo el flete durante la vigencia del contrato de 2012 como consecuencia de la baja del precio internacional del petróleo, llegándose al más reciente precio de US$ 54,6 el m3, vigente en el último transporte realizado.
Lo más resaltante es que el nuevo precio ofertado de US$ 47,5 el m3 se ha dado en un contexto de libre competencia entre las navieras participantes, cabiendo la menor oferta a la firma Naviera Alto Paraná y la siguiente a la empresa Riverpar que son las transportadoras que podrían ser adjudicadas de acuerdo a los requisitos exigidos por Petropar.
En la realidad de los hechos se ha dado una rebaja de 7,1 puntos (de US$ 54,6 actuales a US$ 47,5 en el nuevo llamado), mientras ha sido mayor la reducción desde el contrato de 2012 a la actualidad (US$ 66 a US$ 54,6) con 11,4 puntos.
Ocurre que la baja del petróleo ha influido en forma determinante para reducir el flete, atendiendo a que, contrariamente a lo sostenido por Leite, prácticamente un 50 por ciento del costo de mover un remolcador de empuje corresponde al combustible. Mientras tanto, determinan el costo otras variables importantes, como el caso de los grandes gastos que demandan las trabas y excesivas reglamentaciones argentinas a la navegación en la Hidrovía Paraguay-Paraná.
La gran pregunta es si el Gobierno y el ministro de Industria y Comercio qué harán y dirán cuando se debiera ajustar hacia arriba el flete, en el caso de nuevos incrementos en la cotización internacional del petróleo. Evidentemente, allí caerá la historia del “negociado” en el contrato de 2012, que fue justamente el año en que el precio del crudo alcanzaba picos históricos que podrían volver a registrarse en el futuro.
Lo que la última subasta a la baja electrónica ha llegado a desmentir con seguridad son los tan mentados “arreglos” en los precios de 2012, que en realidad se debieron a un nivel elevado de costos del gasoil, lo que se reflejó a su vez en el flete ofertado a Petropar en los últimos tiempos con tendencia a la baja, por efecto de la caída en la cotización mundial. La nueva licitación no hizo otra cosa que volver a reflejar esta evolución bajista.
Si tanto Leite habla de la importancia del “ahorro” de US$ 18,5 el m3, incluso para eventuales bajas en el precio del gasoil al consumidor, hay que insistirle entonces que en las próximas semanas se reduzca mucho más el precio del vital combustible para la economía, ya que la disminución fue de sólo 11,3 por ciento, al descender de G. 5.290 a G. 4.690, mientras el flete ya se redujo en una proporción mayor desde 2012 hasta hoy, siendo de 17 por ciento, mientras si se toma la nueva cotización ofertada alcanzará a 28 por ciento.
Pero más rebajas en el gasoil difícilmente se darían, y si ocurren lo harían en una mínima porción, para demostrar la falacia del “histórico logro” del Gobierno, ya que en los costos del gasoil tienen mucho más importancia los elevados gastos administrativos y de personal de la empresa estatal, su abultada deuda con PDVSA y los impuestos que se lleva Hacienda. Mucho más que el 5 por ciento del flete en la estructura de costos del citado combustible.





























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