Escribe: Luis Alen.
El proyecto de consolidación del proyecto HC va por lo visto más allá de 2018, con la acumulación no sólo de poder político sino también económico y mediático, manifestada en la actuación del gabinete de gerentes en los entes estatales así como por la compra de periódicos, radios y hasta una posible estación de televisión por parte del poderoso Grupo Cartes.
La reciente actuación de un gerente “ad honorem” de Cartes, específicamente en Petropar, develó las verdaderas intenciones del “nuevo rumbo” que estaban ocultas o que no se veían aún tan claras por parte de la opinión pública.
La estrategia clave es fortalecer el poder emergente que le vio nacer al cartismo en 2009 gracias a la generosa billetera de Horacio, pero que hoy ya no resulta la única columna de soporte atendiendo a la necesidad de retroalimentar otros factores determinantes para la permanencia del proyecto hegemónico en el tiempo.
Pero no todo le sale a pedir de boca a HC, porque le empieza a surgir una inesperada oposición en el Congreso, con la cual deberá necesariamente pactar una coexistencia, de tal modo a no permitir que se afiance un proyecto opositor de aquí a tres años.
La ventaja de HC es que controla el Poder Judicial y la Fiscalía. Con la jugada de apoyar el juicio político a ministros de la Corte Suprema, y sin que ni siquiera se llegase aún a la salida de los tres ministros en el Senado, sólo le basta a HC el cuco de la destitución para controlar al máximo tribunal, que, así como el Ministerio Público, piden la bendición del “número uno” para tomar las decisiones claves.
El presidente pareció en principio que iba por el camino de transparentar la gestión pública, luchar contra el prebendarismo y, como resultado de todo ello, arrinconar a la corrupción estatal, en cumplimiento de una de sus promesas electorales de no caer en el mismo vicio de siempre del clientelismo político.
Pero HC tiró por la borda sus objetivos iniciales de convertirse en estadista al volver a la misma costumbre de sus antecesores, convirtiéndose de facto en el titular de la ANR con la imposición de Pedro Alliana como candidato para presidir la junta de gobierno, dando como resultado una reconquista parlamentaria de los espacios de poder perdidos en un año y medio de “luna de miel” entre el Congreso y el Ejecutivo.
Este traspié político se dio, en efecto, no necesariamente porque los senadores “rebeldes” deseen aprovecharse del error de HC para pasar a ser una alternativa de poder, sino porque sencillamente se hartaron de la arrogancia autocrática del titular del Ejecutivo, patentizada en el desaire al candidato para la junta que más voluntades concitaba, el senador Mario Abdo Benítez, y optando por un opaco y advenedizo diputado ex-encuentrista.
El verdadero gabinete
Si es que ahora recién se percataron los senadores del grupo de los 15 del proyecto hegemónico cartista, ya resulta tarde, porque HC logró consolidar un poder paralelo comenzando por el gabinete de gerentes en la sombra, o de “monjes negros ad honorem”, que ahora mostró sus verdaderas intenciones, que no pasan precisamente por una buena gestión administrativa sino por fortalecer la iniciativa del jefe de mantenerse en el poder a cualquier costo.
Se pudo comprobar, en efecto, hasta qué punto el cartismo se ha posicionado en forma hegemónica tanto en el Estado como en la economía, cerrando todos los conductos por los cuales podría ir a oxigenarse con recursos una eventual oposición dentro del partido y del resto de la sociedad.
La procedencia empresarial de HC debía necesariamente imprimir a su Gobierno una característica marcada por la gestión de empresa privada. Pero lo que ni siquiera sus mismos colegas empresarios esperaban ha sido la maquiavélica forma de arremeter en el Gobierno que hizo con sus gerentes.
Así, no fue ninguna casualidad que el gerente del Grupo Cartes, Carlos Cañete, haya desembarcado como asesor “ad honorem” en Petropar a pocas semanas del triunfo electoral de abril de 2013. Cañete fue ahora el brazo ejecutor para que se torciera el resultado de la subasta para la contratación del flete de combustibles, a favor de una naviera “amiga”, dejando de lado al precio menor ofertado y dando lugar a la oferta más cara.
Esta confluencia de poder político y poder fáctico a través de un gabinete paralelo de gerentes del cual Cañete es el hombre clave junto a Juan Carlos López Moreira, el jefe del gabinete civil presidencial, no pareciera obra de improvisados, sino de hombres bien entrenados en el arte de someter la política nacional y las instituciones al poder fáctico, pero no ya acudiendo a la inagotable cantera de la billetera cartista, sino a través de un bien armado aparato de gestión con aristas maquiavélicas, donde el fin justifica los medios.
Las críticas de los parlamentarios por mantener un gabinete paralelo de gerentes “ad honorem” no convencieron al cartismo, que prefiere el mensaje que se lanza a la sociedad de la existencia de un poder en la sombra y en la cuasi ilegalidad, que lo decide todo y que muchas veces pasa por encima de la ley.
Mala comunicación
Lo que tal vez hasta ahora no pudo tener el proyecto continuista es una buena comunicación con la sociedad, porque está comprobado que Horacio no es precisamente un dechado de virtudes en locuacidad convincente y no cuenta o no quiere tener un vocero bien aplomado, que no le costaría conseguir evidentemente.
De allí que en cuanta reunión de evaluación del equipo de gerentes se realiza, surge el tema del escaso conocimiento de la opinión pública de las obras de Gobierno. Los asesores extranjeros no dan en la tecla y se tuvo que acudir ahora a la contratación de otro experto extranjero más, en momentos en que se llegó al extremo de que el primer secretario con rango de ministro con voto de censura en el Senado haya sido el de Comunicación Social.
La compra del grupo de medios La Nación (diarios y radios) puede seguir con la adquisición de un canal de televisión y de otros diarios, con miras a afrontar la dura tarea de convencer al pueblo acerca de las bondades del proyecto más allá de 2018. El control del aparato político y judicial, más la ofensiva en la prensa, pueden no sólo definir las elecciones que se avecinan sino también la posibilidad de convocar a una Constituyente para el rekutú (reelección en guaraní)
Pero más allá de la necesidad de armar un buen sistema comunicacional, la prioridad sigue siendo fortalecer el corralito en torno a los “rebeldes” del Congreso, consistente en desarmar la fuerza que ha adquirido últimamente la disidencia colorada tanto en Senadores como en Diputados, lo que a su vez ha envalentonado a la dispersa oposición liberal-progresista-izquierdista.
HC se ha tomado su tiempo para responder sobre el desafío disidente de la elección de Linneo Ynsfrán para la Corte, consciente que la oposición ya ha tomado nota del proyecto hegemónico. Una rápida negativa del titular del Ejecutivo a la elección del Senado podría significar una ruptura casi definitiva, lo que no conviene con miras a no calentar en exceso la interna de julio, que se quiere llevar a cabo sin muchos escarceos, más aún cuando dos semanas antes de las elecciones se tendrá la visita del papa Francisco, un líder mundial de la paz y la tolerancia.
Hasta se podría dar el hecho de que HC tratara de negociar con los parlamentarios, condicionando la aprobación de Ynsfrán a un modus vivendi hasta las municipales, de tal forma a no enturbiar en demasía las aguas que favorezca las chances de la oposición en los comicios, como sería el caso de una victoria en Asunción de una coalición encabezada por Mario Ferreiro (liberales y progresistas) con el aporte de disidentes colorados.
Todo esto demuestra que en política todo vale, es cierto, desde la billetera hasta la compra de medios de comunicación, pasando por el gabinete de gerentes en la sombra, pero lo apuntado puede ir rápidamente al cesto de basura de la historia si el proyecto hegemónico no tiene resultados tangibles en materia de reducción de la pobreza y de exclusión social, temas en los que a juzgar por los últimos datos estadísticos el país se ha vuelto a estancar.





























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