Escribe: Luis Alen.
Como prenda del renovado maridaje entre Horacio Cartes y Javier Zacarías Irún, resulta casi natural que el líder esteño haya vuelto a reclamar para sí la dirección paraguaya de Itaipu Binacional. Pero lo que no se está dimensionando es la verdadera intención de HC, que va más allá de la misma interna colorada, ya que el objetivo último es domesticar el sinuoso andar de ZI para encajarlo dentro del plan hegemónico cartista, que apunta nada menos que a la reelección en 2018.
Ya se había presagiado en esta misma columna, en ocasión del “destape del tapado” Pedro Alliana en febrero pasado, que Zacarías Irún le hizo cometer a HC un error mayúsculo con la idea de la “renuncia” colectiva de los precandidatos a la ANR y la consecuente rebeldía de Marito Abdo junto a los 15 senadores, que puso en jaque la trabajosa gobernabilidad conseguida por Cartes con el Congreso entre agosto de 2013 y finales de 2014.
Con la posibilidad de que ZI tome el timón de Itaipu, en apariencia se estaría en presencia de otro error de Cartes al pretender “premiar” de alguna forma la adhesión incondicional zacariísta al nuevo rumbo cartista. Es decir, terminaría entregando el preciado filón del tesoro hidroeléctrico, a cambio de un total de votos acarreados por el Clan en Alto Paraná y en el resto del país que no resultarían suficientes para garantizar la victoria el 26 de julio.
Sin embargo, la verdadera intención del presidente HC es otra, evidentemente, ya que pasaría por encima del resultado en la interna, que sería una simple anécdota en cualquier caso, gane quien gane, con tal de consolidar el plan hegemónico de control sobre el Gobierno y los grandes filones de negocios, entre ellos los del sector energético, como son Itaipu y Petropar.
Y para ello ahora resulta notorio que el aporte de Zacarías Irún al plan de control autoritario de HC representa un elemento clave. El traspaso de Itaipu a ZI ya resulta un mero trámite, con tal de acompañar el avance del Grupo empresarial ligado al presidente sobre el negocio petrolero. No implica un dato menor el hecho de que quien aparece dando la cara en la configuración del revivido monopolio de Petropar sea el ministro de Industria y Comercio, Gustavo Leite, quien es parte de la cuota de Zacarías Irún en el gabinete de Cartes.
El control de los negocios
La consolidación del poder cartista, con vistas a la reelección, ya no depende tanto así del resultado de la interna colorada, sino del control sobre los filones de grandes negocios en la República, en los cuales debe marcar pautas a los demás grupos empresariales ligados a los distintos rubros. De hecho, Cartes dio muestras de querer ejercer esta supremacía en los negocios, al consumar la maniobra de otorgar la licitación de fletes fluviales de Petropar a una empresa de navegación “amiga” del poder y lo remató con los últimos decretos que dieron el 50 por ciento del mayoritario mercado de naftas y gasoil común a la empresa estatal petrolera.
El ex tesorero del Club Libertad, Carlos Rubén Cañete Tarman, es el gerente del Grupo Cartes que lleva adelante en Petropar el plan anticonstitucional de atropello a las inversiones privadas en el sector de combustibles. Los decretos 2.999 y 3.324 establecieron un monopolio parcial en la importación de combustibles a favor de Petropar y obligan a los actores privados a vender carburantes del ente estatal.
Cañete Tarman no es funcionario público, sino asesor nombrado ad honórem por HC, con el objetivo de realizar el control del negocio petrolero a partir de los intereses particulares del Grupo Cartes. Se configura así una especie de “colusión”, donde los negocios públicos son confundidos como el interés privado de un grupo empresarial.
Por el decreto 1.265 del 24 de febrero de 2014, el presidente de la República, Horacio Cartes, había oficializado la nómina de gerentes de sus empresas privadas como asesores ad honórem del Poder Ejecutivo, después de las críticas de la oposición en el Senado sobre la posible confusión entre el interés empresarial particular del jefe de Estado con los altos intereses de la Nación.
Pero esta disposición no despejó las dudas sobre las verdaderas intenciones de HC al mantener a sus gerentes en contacto con el manejo de informaciones estatales vitales que se relacionan con las actividades generales de la economía nacional. De hecho, los gerentes llegaron a participar hasta de reuniones del Consejo de Ministros, pero “sin goce de sueldo” alguno del Estado, según lo confirma el mismo decreto 1.265.
Esto quiere decir que siguen siendo empleados del Grupo Cartes, pero con injerencia directa en los delicados manejos del Estado, que influyen sobre toda la vida nacional. Es el caso de uno de los asesores nombrados: Carlos Rubén Cañete Tarman, actualmente el verdadero poder detrás del trono en Petropar, quien fue tesorero del Club Libertad durante la titularidad de Horacio Cartes en dicha entidad deportiva.
Como gerente del Grupo de empresas del presidente, Cañete Tarman había desembarcado en Petropar poco después del triunfo de HC en las elecciones de abril de 2013, con el propósito de ir preparando el terreno para el virtual control total del negocio petrolero por parte del Grupo Cartes, que actualmente se da por medio del camuflaje de los decretos 2.999 y 3.324, que establece un monopolio parcial de importación de combustibles (nafta básica y gasoil común) a favor del ente estatal y obliga a los emblemas petroleros privados a vender los derivados de petróleo de Petropar.
Los decretos hicieron tabla rasa del sistema de libre importación de combustibles que empezó a regir desde hace quince años en el país, y que había sido la base para el florecimiento de inversiones privadas en el sector. Es decir, el mismo Gobierno adoptó medidas monopolistas en detrimento de la inversión privada, contradiciendo en forma evidente su discurso a favor de las empresas particulares en la economía.
No interesa la “colisión”, sino la “colusión”
De que a HC le importa un pepino colisionar con el Senado y especialmente el G-15, lo demuestra la decisión de no dar su aprobación a la elección por los senadores de Linneo Ynsfrán como ministro de la Corte Suprema. Tampoco le hizo caso al Senado cuando éste le exigió dar marcha atrás en la vuelta del monopolio de Petropar, a través del decretazo que confiscó el 50 por ciento del mercado de combustibles a los importadores privados.
Con la seguridad de contar con el apoyo del grupo político de Zacarías Irún, HC arremete contra el G-15, cuyos integrantes ya están viendo por dónde viene el movimiento envolvente para neutralizar a los senadores, que no es otro sino el control sobre los grandes flujos de recursos de los negocios que encabeza el Estado, como el energético (electricidad y combustibles), los contratos viales y los bonos de la deuda externa e interna.
Mario Abdo Benítez comenzó a pedir tímidamente que se investiguen los negocios de Cartes, como el tabacalero y las supuestas “exportaciones” de cigarrillos que en realidad se convierten en contrabando en los países vecinos y que molestan especialmente al Gobierno de Brasil.
Pero con la “entrega” de Itaipu a Zacarías también se estaría dando una imagen “democrática” a Brasil, consagrando la influencia en la frontera del Clan Zacarías, que es protagónico en Ciudad del Este y tendrá que lidiar con la realidad de la reducción de la cota de compras a US$ 150 a partir del 1 de julio próximo, que no tiene visos de ser aplazada como ocurrió el año pasado, cuando tras gestiones con el Gobierno de Dilma Rousseff se consiguió volver a US$ 300.
Sólo los senadores del G-15, acicateados por la interna colorada, se animan por ahora a tratar de advertir con un tono bajo el propósito fundamental de Cartes de adueñarse del poder real económico con el fin de pugnar la conquista de la reelección, cuyo paso fundamental será la reforma constitucional.
El pedido de Marito de investigar las empresas de Cartes está dejando entrever que ya tienen el dato de la “colusión” que existe entre el interés particular del grupo empresarial de HC y el control de las empresas y entes del Estado ligados a los grandes negociados, como lo ha demostrado ahora el tema petrolero, con el agregado de la posible y largamente pretendida toma de la dirección de Itaipu por parte del Clan Zacarías.





























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