HC quedó atrapado en laberinto de la candente interna colorada

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Escribe: Luis Alen.

 

La estrategia de Horacio Cartes de no promover una interna prematura en el Partido Colorado y de evitar que emergieran liderazgos protagónicos que le hicieran sombra en la ANR, parece estar agotándose después de haberle permitido cierto margen de gobernabilidad desde que asumiera el poder el año pasado. Mientras surge un disimulado forceo político entre el vicepresidente Juan Afara y el actual jefe de Estado, el líder político esteño, Javier Zacarías, pesca en río revuelto, lo que más sabe hacer.

 

Algo le está comenzando a fallar a HC para encontrarse ahora prácticamente atrapado en el laberinto de una sorda lucha por el poder dentro del mismo movimiento oficialista, lo que eventualmente hasta podría perjudicar las chances de plantear la reelección del jefe de Estado.

Hasta hace unas pocas semanas, todo parecía indicar que le saldría a pedir de boca al presidente el logro de impulsar la destitución de cuatro ministros de la Corte Suprema, asegurar un Presupuesto 2015 dentro de los parámetros aceptables de reducción del gasto corriente y un acuerdo de cogestión presentado como un avance en la binacional Yacyretá.

Pero, en forma repentina, a HC se le volvió prácticamente inviable, por falta de votos suficientes en Diputados, el juicio político para renovar la Corte a la vista de los numerosos votos disidentes colorados y liberales; asimismo, el presupuesto inflado fue ratificado e incluso ampliado en el Senado, superando lo incrementado en la Cámara Baja, y ahora se cuestiona en medios técnicos el acuerdo de cogestión en Yacyretá por reducir la autoridad paraguaya a lo que se opera en el país, dejando a los argentinos la mayor responsabilidad y autoridad sobre la energía producida y vendida casi totalmente al vecino país.

Es como decir, una “soberana” entrega a los intereses argentinos, que viene a confirmar la “flojedad” con la que el Gobierno de HC actúa también en la relación con la Argentina en temas claves como el Pilcomayo, las trabas a la libre navegación de los ríos por parte del Gobierno de Cristina Kirchner y la riesgosa instalación de una planta nuclear en la vecina provincia de Formosa.

 

Hay mucho en juego

 

La exacerbación de la interna colorada era siempre vista en el cartismo como el enemigo a frenar, pero tarde o temprano debía el oficialismo enfrentarse a la dura realidad de una dirigencia que está dispuesta cobrar factura a HC por lo que considera una falta de atención a los reclamos de la dirigencia de ocupar más cargos y espacios de poder, en detrimento de los gerentes del Grupo empresarial Cartes.

Y ello está ocurriendo ahora, porque Horacio debe ir tomando partido por algún caballo que se pone en punto de largada, dejando de lado su equidistancia del internismo. Se está cumpliendo lo que ya se dijo en esta misma columna acerca del error de no potenciar un movimiento interno con un fuerte liderazgo del Jefe de Estado.

Prácticamente se lanzó oficialmente la interna tras la convención que unificó las elecciones para las candidaturas con miras a las municipales y de autoridades partidarias, asomando dos candidatos, el gobernador de Itapúa, Luis Gneiting, que se lanzó con el respaldo del vicepresidente Juan Afara, quien anhela ser Presidente en 2018. Pero Cartes evita el enfrentamiento directo con su “vice” y busca disimular su enojo, lo que no implica que no esté trabajando para desarmar esa candidatura presidencial. Mientras, los senadores colorados oficialistas empezaron a mostrar como candidato a Mario Abdo Benítez, pero hasta ahora HC se cuidó de confirmarlo.

A medida que pasa el tiempo, la gestión de HC estará sometida a más presión y estará obligado a mostrar resultados para tener cierto respaldo, con una disidencia colorada cada vez más al acecho para marcar su distancia del Gobierno, como en el caso ya comprobado de Julio César Velázquez y de un Javier Zacarías Irún que ya no disimula su inclinación por armar una alianza con el senador. Se habla de hasta un acuerdo “tri-departamental”, que aglutine los electorados mayoritarios de Itapúa (Afara-Gneiting), Alto Paraná (Zacarías Irún) y Central (Velázquez)

Esta alianza en potencia ya se hizo notar como que está detrás de la rebeldía de los legisladores colorados contra el proyecto de renovación de la Corte del Ejecutivo, además de propugnar los irracionales aumentos en las asignaciones presupuestarias para las gobernaciones y otros gastos corrientes superfluos, lo que pone en peligro las posibilidades reales del Gobierno de realizar inversiones en sus programas de desarrollo.

Si se agrega a todo esto el posible desliz en las negociación con Argentina por Yacyretá, con un casi seguro rechazo en el Senado de la Nota Reversal sobre Cogestión en la EBY, el panorama para HC en 2015 se vuelve muy sombrío, arriesgando seriamente sus posibilidades para un buen Gobierno que le permita al presidente intentar un respaldo de su partido y del arco parlamentario para una reforma constitucional que le permita a su vez volver a pugnar por el sillón de López en 2018.

Está por verse si HC continuará teniendo como hasta hace unos meses la cómoda gobernabilidad que le permitió la sanción de leyes que como la de alianza público-privada le dan un fuerte movimiento de cintura para llevar a cabo los programas desarrollistas. Ante la emergencia de los liderazgos disidentes colorados y la irrelevancia de la oposición de los demás partidos políticos, habrá que ver si HC no se verá obligado a tomar decisiones que le lleven a retomar un fuerte posicionamiento al interior de la ANR, y aprovechar la ocasión para reforzar el movimiento que le llevó al poder, Honor Colorado.

De cualquier manera, lo concreto es que el tiempo del cómodo margen de maniobra político se le acabó al presidente, debiendo acelerar un “nuevo rumbo” propio que había olvidado en aras de mantener a raya el precoz internismo que ahora apareció con todo.

El escenario político ha cambiado en forma repentina, por lo que HC tendrá que rever su estrategia de mostrarse prescindente en la interna colorada, para entrar a lidiar en forma activa. De otra forma, tendrá que contentarse con ser un mero observador mientras sus adversarios políticos se potencian, lo que le dejará con muy poco poder hasta terminar su mandato, lo que no es el deseo del Jefe de Estado y no es lo más conveniente para una buena administración de la economía del país, que debe estar alejada al máximo de los avatares políticos.

 

 

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