Se instaló el domingo el nuevo Congreso Nacional, donde en sus representantes, una vez más, el pueblo paraguayo cifra una nueva esperanza, en pos de la anhelada transformación.
La decepción ciudadana es muy grande hacia los legisladores, por la poca productividad que presentan en el Congreso, en cada mandato de cinco años. No hay respuestas a las verdaderas necesidades del pueblo, que necesita de la aprobación de leyes que vayan en beneficio del país, y no a favor de grupos, como viene ocurriendo desde hace décadas.
Los nuevos parlamentarios, y otros que no son muy nuevos, porque consiguieron el rekutu, tienen la responsabilidad histórica de tratar de enmendar la pésima labor de sus antecesores, que se dedicaban a sancionar leyes que favorecían sólo a una caterva que priorizaban beneficios personales, por sobre lo colectivo. Pero esta ineficiencia no es patrimonio exclusivo del poder legislativo, sino también es de los poderes ejecutivo y judicial.
Aquí, el Alto Paraná, la región más importante del país en término económico y de producción, tiene 8 representantes parlamentarios que deberán corregir la pésima imagen dejada por los anteriores legisladores, que tuvo en sus filas hasta al más improductivo de los diputados, Gustavo Cardozo, y que hoy, para desgracia de la población fue nuevamente reelecto.
Pero quizás la ciudadanía altoparanaense no tiene toda la responsabilidad, de que personas incompetentes y haraganas como Cardozo sean reelegidas al cargo de diputado, sino un sistema electoral desfasado que permite que esto ocurra.
Los otros 7 representantes del décimo departamento en la cámara baja son: Andrés Retamozo Ortíz, Elio Cabral, Ramón Romero Roa, Mario Concepción Quintana, Blanca Vargas de Caballero, Óscar González Drákeford y Carlos Portillo.
Todos ellos durante la campaña electoral pasada prometieron, que en caso de acceder a una banca, trabajarían por sacar adelante al Alto Paraná, a través de la aprobación de leyes beneficiosas, que permitan el desarrollo de la región.
Sin embargo, este tipo de compromiso, en cada periodo electoral, se escucha en los cuatro cantos del país. Pero a la hora de la verdad, las palabras empeñadas se las llevan el viento, y casi nada se ejecuta en terreno. No pasa de ser un discurso teórico, cargado de un gran populismo.
El pueblo ya no debe ser tan tolerante con la clase política. Es hora de exigir y reclamar sus derechos, que desde décadas son pisoteados. Hay que estar atentos del accionar de los nuevos legisladores, especialmente de esta región que urge un nuevo impulso para lograr el definitivo despegue socio-económico.
De los 8 legisladores electos por el décimo departamento, 3 consiguieron su reelección, (Retamozo, González Drákeford y Cardozo), cuyas gestiones fueron de las más pésimas. Nunca honraron el cargo para el cual fueron electos. Muy por el contrario, se esmeraron en priorizar negocios personales o de cúpulas.
Los otros cinco nuevos parlamentarios de esta región llevan la bandera de la redención, a fin de enderezar rumbo torcido, y así intentar devolver la confianza perdida. Indudablemente, la clase política paraguaya está muy desgastada y desprestigiada.
Es más que perentorio reencauzar el destino del país hacia un mejor derrotero. Para eso se necesitará de un gobierno patriótico, que verdaderamente luche por el desarrollo y bienestar el pueblo. Los legisladores altoparanaenses deben agendar como uno de los temas prioritarios para la zona la solución del conflicto fronterizo y trabajar con el gobierno central para atraer inversionistas, sin condicionamiento alguno. Basta de cinismo y trampería.





























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