Escribe: Luis Alen.
Al EPP le tocó el turno de “tirarle el muerto” a Horacio Cartes. En realidad, fueron dos muertos “de peso” en su camino, justo en el momento en que se empieza con el repetitivo libreto de la reelección, todavía fuera de tiempo, pero con la firme intención de instalar el tema entre los colorados, ahora que la disidencia está más lánguida que nunca.
Los muertos fueron dos ganaderos alemanes que habían apostado por el Paraguay, precisamente en la zona más peligrosa de la República, y de donde todos los productores estaban huyendo, menos Robert Natto y su esposa Erika Reiser.
Se especuló en la prensa que la intención original del grupo irregular era cobrar un jugoso rescate a través de un secuestro “exprés”, pero todo indica que los milicianos planearon a propósito un encontronazo con las fuerzas de seguridad en plena Ruta 3 y en horas de la noche, con el objetivo premeditado de liquidar a la pareja extranjera, causando de paso la conmoción nacional e internacional que buscaban.
Lógicamente, la reacción del empresariado y del mundo de los negocios en general ha sido unánime, en el sentido de que se está notando un evidente progreso en el accionar del EPP, mientras las fuerzas de seguridad del Gobierno se muestran impotentes para lanzar una ofensiva que sea decisiva con el fin de eliminar al grupo armado irregular.
Debido a esta falta de resultados en la lucha contra el EPP, agravada por el asesinato a sangre fría de los ganaderos alemanes, se ha sabido de varios planes de inversión, tanto en el Norte como en el resto del país, que se han paralizado a la espera de un accionar más firme de los militares y policías asignados a la tarea de desarticular este flagelo, que potencialmente puede extenderse al resto del país si es que no se arremete con toda la fuerza de la ley en contra de los forajidos.
Lo más notorio es que la estrategia y la táctica de los organismos de seguridad encargados de combatir al EPP no ha dado el resultado esperado, después de prácticamente dos años de vigencia de la tarea conjunta entre militares y policías. Tanto los trabajos de inteligencia como el accionar táctico de las fuerzas no ha producido los efectos de disminuir la capacidad de acción del EPP.
Pedido unánime no atendido
Todas las entidades empresariales y la prensa ligada a los más poderosos grupos de negocios del país han solicitado en forma unánime el cambio del ministro del Interior, Francisco de Vargas, pero éste continúa en el cargo apoyado por el presidente de la República.
En ese sentido, HC sigue fiel al esquema de acción y de hombres ya perfilado durante el breve interregno liberal de Federico Franco, cuando la responsabilidad más importante en la estrategia contra el EPP estaba a cargo de la Secretaría Nacional Antidrogas (SENAD), a cargo entonces del cuestionado actual secretario de Estado de la “cartera política por excelencia”.
No hay que olvidar que el actual ministro de la SENAD, Luis Rojas, fue un agente especial reincorporado en calidad de tal durante la gestión de Franco, para ser el brazo ejecutor de De Vargas en la estrategia y en la táctica en la lucha contra el EPP, a tal punto que estaba con ellos el ex gerente del banco Amambay, Hugo Portillo, hombre de confianza de Cartes y uno de los anteriores principales ejecutivos del grupo empresarial que lleva el apellido presidencial.
Rojas siempre ha dicho en sus declaraciones de prensa que el EPP está vinculado al narcotráfico de frontera, al actuar como un aliado necesario para mantener una especie de tierra de nadie por donde circulen con mayor facilidad los cargamentos de droga, sea cocaína o marihuana. Asimismo, la propuesta del EPP de no permitir la deforestación y las plantaciones de soja actúa en la dirección de mantener los montes donde se cultive la marihuana en forma extensiva.
Cartes había dicho que no permitirá que grupos como el EPP “le marquen la hoja de ruta”, pero ahora se piensa con razón que son los irregulares los que le están marcando el rumbo, y que además está desoyendo el consejo de sus propios aliados y uno de los que propiciaron su ascenso al poder, como lo es el empresariado.
En el plano de los apoyos políticos del presidente, especialmente en la dirigencia colorada igualmente se ha pedido la salida del ministro del Interior, pero el presidente ni se dio por enterado. Como toda respuesta, HC ya anunció en su mensaje por la muerte del matrimonio de ganaderos alemanes, que la lucha contra el EPP “será larga”, como queriendo admitir que su gobierno deberá convivir con el enemigo.
El problema está en que la misma reelección de HC estará dependiendo de cómo afronte la lucha contra la guerrilla. Si continúa erosionando su base empresarial por la falta de resultados y por la inseguridad en el campo, es obvio que no tendrá más el pilar de soporte esencial que representa la comunidad de negocios para sus aspiraciones de continuar en el sillón de los López.
Habrá que ver si el presidente puede en todo caso consolidar el apoyo del Pacto Azulgrana colorado-liberal en el Congreso con miras a apurar los trámites de una enmienda constitucional que le permita el cambio del texto constitucional para la reelección, y la posterior propuesta por el “sí” o por el “no” a consideración de la ciudadanía en un referéndum.
Otra falta de resultados que puede ir en contra de las aspiraciones de reelección es la carencia de logros en las hidroeléctricas binacionales, como en el caso de la entidad Yacyretá, donde la Argentina no ha dado satisfacciones hasta ahora en la renegociación del Anexo C del Tratado, especialmente en lo relativo a la previa aclaración del espinoso asunto de la deuda que se le quiere endilgar al Paraguay.
A esta situación se agregó el hecho de que Argentina vendió al Brasil electricidad de Yacyretá por emergencia energética a un precio muy superior al que le paga al Paraguay por el uso de la porción que le pertenece a nuestro país y no consume en la represa binacional.
Todo esto ocurre mientras el Gobierno nacional resulta incapaz de exigir a sus vecinos el libre manejo de la energía que le corresponde en las usinas hidroeléctricas y la fijación de un precio de exportación rentable en términos de mercado mayorista de electricidad en la región.
Pese a todo, se tuvo una buena noticia para mitigar la percepción negativa proveniente del contexto de la falta de seguridad. Es que la calificadora internacional de riesgo Fitch subió la calificación paraguaya de BB- a BB, lo que lleva al optimismo de visualizar en el horizonte económico la obtención del “grado de inversión” para la deuda paraguaya.
A su vez, las reducciones de precios de combustibles y del pasaje del transporte público permitirán una merma de la inflación, lo que supondrá menos presiones sociales y la posibilidad de enfrentar con más rigor la problemática del déficit fiscal de este año.
Sin embargo, todo dependerá de que los planes de inversión del sector privado se vuelvan a reactivar, a pesar de las malas señales emanadas de la incapacidad del Gobierno de dar seguridad a los hombres de negocios, y principalmente en el campo.





























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