Escribe: Luis Alen.
Un hecho paradójico está ocurriendo con las candidaturas para la Junta de Gobierno de la ANR. Cuando debió haber acontecido lo contrario, la indefinición de Horacio Cartes para digitar un candidato oficialista desorienta a la disidencia y hace que ésta no tenga aún su propio hombre propuesto para la titularidad colorada, lo que le resta fuerza para realizar una campaña con posibilidades de derrotar al oficialismo.
La jugada de ajedrez de HC ha producido el efecto deseado, no precisamente para satisfacción de sus propios seguidores, que aún esperan la bendición sobre el candidato finalmente elegido por el presidente, sino para conveniencia del propio jefe de Estado, que ha conseguido lo que buscaba: desatinar totalmente a los disidentes, que estaban a la espera de la candidatura oficialista, pero no tuvieron hasta ahora la orientación que deseaban como para saber a quién atacar.
Pero, de paso, ha pasado algo que tampoco estaba en el libreto disidente, como el caso de la notable erosión en los liderazgos opositores colorados, a causa de la misma indefinición de Cartes. Esto suena como una especie de jugada del tipo “carambola”, lograda por HC, ya que la disidencia no midió las consecuencias de la actitud del presidente de declararse en principio “neutral”, pese a que se sabe que eso era un imposible, a la vista de que la financiación de la campaña “oficialista” debería venir necesariamente de las arcas cartistas.
El “autismo” oficialista pasó a la disidencia
La disidencia colorada nunca supo capitalizar a su favor la marcha de piloto automático del cartismo en el primer año y algo más de gobierno de HC. No supo aglutinarse y cuando ahora lo quiere hacer ya resulta tarde. El dato está la vista: Javier Zacarías Irún sufre la desbandada de sus propios adherentes, convencidos de que a nivel nacional ZI ya no tiene chances, por lo menos para la titularidad de la Junta.
Al mismo tiempo, se desinfló la candidatura proveniente del sur, como era el caso del gobernador de Itapúa, Luis Gneiting, que había tratado de convencer al zacariísmo del Alto Paraná y al velazquismo del departamento Central, para formar un frente común “anti-Cartes”.
Julio Velázquez es el único que está casi incólume en su poder de negociación, manteniendo a sus operadores fuera del ámbito de acción del oficialismo, que a toda costa trata de atraer a sus filas a los disidentes de Central.
El “autismo” de la disidencia es el resultado de haber esperado la definición del presidente sobre su candidato, pero, además, tuvo mucho que ver en su debilitamiento el no haber optado por una firme oposición a Cartes, pese a haber tantos temas económicos y sociales de los cuales embanderarse, y que son puntos flojos en la gestión del Gobierno. Por ejemplo, el agravamiento de la situación campesina y la no menos apremiante falta de resultados en materia de obras públicas.
Pero la guinda de la torta oficialista para la Junta que vino a sepultar los sueños disidentes es la llamativa nómina de nombres totalmente desacreditados que conforman el equipo de comando del movimiento oficialista, cuya jefatura la ejerce HC desde la distancia, todavía sin la aparente bendición total, pero con una velada luz verde para que empiece a actuar.
Sin haberse desvinculado aún de la candidatura de Marito Abdo Benítez, ya prácticamente le ha bajado el pulgar a Lilian Samaniego, la actual presidenta, quien sólo se conformaría con el rekutú de su hermano Arnaldo en la intendencia de Asunción.
Es lo mismo que ocurre con Zacarías Irún, que no tendría chances para alcanzar la presidencia de la ANR, pero sí se conformaría con un rekutú para su esposa Sandra, sin que HC haya movido un dedo para insistir con el tema de la intervención a la comuna de Ciudad del Este y para articular un fuerte movimiento anti-ZI en la capital del Alto Paraná.
Si la decepción ciudadana es total por las personas que forman el equipo de comando oficialista, bajo la batuta de HC y del titular de Diputados Hugo Velázquez, es porque también la misma disidencia ha fallado en su intento de aglutinar nombres potables que convenzan a la masa colorada. Velázquez tiene, a propósito, un negro pasar como fiscal adjunto en Ciudad del Este.
Pero el hecho de que el oficialismo haya optado por personajes cuestionables que incluso están acusados de patrocinar el narcotráfico en su zona de influencia fronteriza, raya en una arriesgada maniobra que también pone en evidencia el grado de deterioro de nuestra política, que ha caído a merced de gente plenamente descalificada para ejercer la función pública o de representar al pueblo.
Si los liderazgos disidentes emergentes “anti-Cartes” no logran conformar un frente que combata y extirpe de raíz al equipo propuesto para dirigir la ANR en los próximos cinco años, le será muy difícil que para 2018 pueda surgir alguna precandidatura presidencial que le pueda hacer sombra al candidato oficialista a la presidencia, sea o no éste Horacio Cartes.





























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