La ineptitud y los intereses creados en el entorno de la intendenta de Ciudad del Este podrían desembocar en un estallido social de incalculables consecuencias. Sandra McLeod de Zacarías está jugando con fuego, al someter a una terrible humillación a la clase trabajadora del microcentro de la capital del Alto Paraná.
Anteponiendo las apetencias personales, el clan Zacarías ordenó desmantelar los puestos de mesiteros, casilleros y vendedores ambulantes la avenida Adrián Jara, tirando todos sus enseres en la calle.
Lejos de primar la sensibilidad humana, a la jefa comunal esteña no le importó que esos humildes trabajadores queden sin el sustento diario, lo cual constituye su único ingreso económico, que les permita llevar un pedazo de pan a la casa o la posibilidad de vestir o educar a sus hijos.
Desde todo punto de vista queda evidenciado que a las actuales autoridades municipales poco o nada les importa el devenir de su pueblo. De lo contrario, la intendenta hubiera sido la primera interesada en buscar una solución a este grave drama, que viven estos compatriotas, que ahora deambulan por las calles de esta comunidad fronteriza.
La municipalidad, en nombre del “Plan 30 días CDE” desmanteló de vendedores el microcentro. Pero cometió la torpeza de no prever el destino de los desalojados, ya que el proyecto no contempla un programa de reubicación de los trabajadores informales, que quedaron sin la única fuente de ingreso, pasando de esa manera a engrosar la larga lista de desempleados existente en esta zona fronteriza, como en casi todo el territorio nacional.
Una política de reubicación no existe en la agenda de la lord mayor paranaense, porque ya no existe espacio físico donde trasladar a los desalojados, ya que los terrenos municipales fueron todos vendidos a inversionistas extranjeros por las actuales mandamases de turno de la institución municipal.
Al clan Zacarías, que tiene como único objetivo continuar materializando sus grandes negociados con empresarios locales, no le importa que los humildes compatriotas se expongan al intenso frío o la lluvia, que se experimenta en esta época del año. La piedad es lo que menos tiene Sandra McLeod, que en su momento, por intereses creados ignoró hasta a la propia familia, que le dio formación y educación (sic). Es más, hoy a quienes los desalojó, fueron los que votaron a su marido, en las internas republicanas y las generales del pasado 21 de abril.
La imagen y la desconfianza que transmite a la ciudadanía Sandra McLeod no tienen límites. Basta apuntar un ejemplo: En el conflicto generado con los vendedores ambulantes de la avenida Adrián Jara designó como mediadores a dos nefastos funcionarios comunales. Ireneo Franco, quien estuvo involucrado, años atrás, en el negociado de casillas, durante la gestión de Javier Zacarías Irún; y Carlos Florenciáñez, actual director de Tránsito, denunciado por reiterados hechos de corrupción.
Estos dos personajes, odiados por toda la comunidad, son los representantes de la intendenta para buscar acordar con los compatriotas, hoy abandonados a su suerte. Pero lejos de constituirse en portavoces válidos, Franco y Florenciáñez, lideraron un hecho de vandalismo, donde con apoyo de la Policía Nacional, mandaron apalear a los humildes operarios mercaderes.
A pesar de todo lo que está ocurriendo en el microcentro, Sandra McLeod sigue indiferente con los afectados, sin mostrar la cara, como acostumbra hacer. Si continúa anteponiendo sus caprichos personales y los intereses mezquinos del clan, el conflicto puede convertirse en una bola de nieve de impredecibles consecuencias.





























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