La decisión del Gobierno de Buenos Aires está tomada hace rato. Se construirá una pequeña central nuclear en la provincia de Formosa, a modo de experimentar su tecnología Carem (Central Argentina de Elementos Modulares) en reactores atómicos, con una inversión de US$ 600 millones. Pero la gran pregunta es: ¿tiene justificación económica una inversión de esta naturaleza, habiendo tanta capacidad hidroeléctrica dormida que podría desarrollarse en forma conjunta con el Paraguay y así afrontar la grave crisis energética que afecta al vecino país?
Los técnicos paraguayos en materia de energía no ven la lógica de la instalación de la planta nuclear formoseña, ubicada sólo a 300 kilómetros de la central hidroeléctrica binacional de Yacyretá y de la proyectada usina de Corpus en el mismo río Paraná, también en condominio entre Argentina y Paraguay. Aparte de las consideraciones ambientales y de seguridad para el entorno natural o humano por un hipotético accidente nuclear -que podría contaminar con radiación letal hasta 500 kilómetros a la redonda-, el tema de la central atómica demuestra que el pensamiento del Gobierno argentino para solucionar su crisis no pasa por la gestión de una integración energética con sus vecinos, pese a que le podría redituar mejores dividendos económicos que experimentar con la tecnología nuclear por medio de la proliferación de pequeñas, riesgosas y costosas plantas nucleares del tipo Carem.
Rechazo a integración energética
De hecho, un solo proyecto a ser puesto en marcha rápidamente como es la ampliación de la central de Yacyretá, con tres unidades adicionales más la maquinización de la represa Aña Cua, podría incrementar la producción de la usina hidroeléctrica en un 10 por ciento, equivalentes a dos plantas nucleares Carem de 150 MW, con la misma inversión. Asimismo, con la inversión proyectada de US$ 60 millones de una línea de 500 KV entre Villa Hayes y Formosa, se podrá inyectar a la red argentina del Nordeste unos 200 MW, completándose una infraestructura adecuada para la interconexión eléctrica entre Itaipú, Yacyretá y Corpus. Con esta línea de 500 KV de conexión con la Argentina, más las dos líneas entre Itaipú y Villa Hayes, y Ayolas-Villa Hayes, se permitirá compartir unos 20.000 Gwh en la región, aprovechando estacionalidades y la diferencia de hora, entre otros beneficios, con lo cual la rentabilidad para los países interconectados superaría los US$ 1.000 millones.
Además de embarcarse en una costosa y riesgosa solución como la planta nuclear, la Argentina ahora debe aumentar en un 50 por ciento las adquisiciones de gasoil para asegurar el suministro eléctrico al sistema nacional interconectado, debido a que la mayor parte de su producción de electricidad se realiza con plantas térmicas dependientes de gas o de combustibles derivados de petróleo. Cuando se reduce la oferta de gas, como es el caso actual por el invierno, se incrementa la importación de combustibles. El rechazo a una solución natural como la integración energética con el Paraguay evidentemente no obedece a consideraciones económicas, sino a valorizaciones políticas o de otro tipo de cálculo de costo-beneficio que realiza el Gobierno argentino al margen de lo estrictamente rentable en términos sociales o económicos. Habría que buscar la clave del problema en la experiencia de Yacyretá, donde tal como ocurre en Itaipú en el caso de Brasil, gran parte de la producción se destina a la red argentina, con el pago de un ínfimo valor compensatorio a la parte paraguaya por la cesión que ésta realiza de la energía que le corresponde como país condómino.
Tanto a Brasil como a Argentina les conviene de sobremanera el actual estado de cosas, ya que uno distinto donde rija la interconexión entre los tres países y la fijación de precios en un mercado eléctrico mayorista (MEM), dejaría en flagrante evidencia la injusticia cometida hasta este momento con el Paraguay por los bajísimos precios pagados por la energía mediante el sistema financiero fijado por los dos tratados de 1973.
Como difícilmente los dos grandes países vecinos se avengan en el corto plazo a modificar el trato inicuo dado al Paraguay, por los subsidios energéticos que aplican a su población teniendo como respaldo el ínfimo pago al Paraguay, se impone que nuestro país insista en incentivar la inversión privada en la generación hidroeléctrica en los ríos interiores, en la producción de electricidad a partir del gas natural importado de Bolivia o extraído del propio territorio nacional, o a través de otras modalidades de generación, como la solar, la eólica y hasta, por qué no, la nuclear, cumpliendo, eso sí, con los estrictos protocolos de seguridad de acuerdo a los estándares internacionales establecidos en el marco de la Organización Mundial de Energía Atómica.
Con una capacidad ampliada de generación eléctrica, añadida a la energía que le corresponde en las represas binacionales, tendrá el Paraguay una oferta energética inmejorable en términos de costos que le permitirá ponerla a disposición de los países vecinos, Uruguay y Chile, y especialmente a la Argentina, que en estos momentos debe importar derivados de petróleo a un alto costo.
Escribe: Luis Alen
lusialgo@yahoo.com





























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