En nombre de la “hermandad”, el gobierno brasilero, desde hace más de una semana, nuevamente, desplegó soldados de su ejército en esta parte de la frontera con nuestro país, con el objetivo de combatir la ilegalidad. Pero el verdadero transfondo de la presencia de militares en esta triple frontera, es buscar asfixiar al comercio de Ciudad del Este, que desde años enfrenta una terrible crisis.
En esta ocasión, el Operativo Frontera Sur 2013, que consiste en la presencia constante de aproximadamente 100 soldados del Ejército en la cabecera del Puente de la Amistad, se extenderá por tiempo indeterminado, teniendo casi por seguro que se prolongue hasta después de las fiestas de fin de año, que suele ser la época donde mayor cantidad de compradores brasileños, de todas las regiones del gigante vecino, se acercan a nuestra ciudad para adquirir productos.
Los visitantes, que copaban los comercios en épocas pasadas, no eran solo de ciudades lejanas, un gran contingente era de residentes de Foz de Yguazú, que así como los esteños aprovechan ventajas de la comunidad vecina, los mismos, en masa venían para adquirir productos importados y todo tipo de mercaderías. En otras palabras el tradicional comercio fronterizo también se ve seriamente afectado por este despliegue intimidatorio de las Fuerzas Armadas brasileñas.
Siendo así, es evidente que el objetivo de este tipo de operativo es acogotar a la capital del Alto Paraná, que desde hace años está en la mira del gobierno del vecino país, por convertirse en una verdadera competencia para su producción. Y lo peor, la decisiones hacia donde debe apuntar el gobierno, en este punto, lo toman los influyentes empresarios brasileros.
Nadie discute la legalidad o no de la medida proteccionista tomada por el gobierno de Dilma Rousseff, que es libre de disponer de su poderío militar como mejor le parezca, lo que sí preocupa a los comerciantes y empresarios locales, es la recurrencia a este tipo de estrategia para tratar de cohibir la presencia de “compristas” en esta ciudad fronteriza, que actualmente atraviesa por una de sus peores crisis económica.
Si el objetivo es éste, paralizar la actividad comercial de la segunda ciudad en importancia del Paraguay, sus idealizadores lo están consiguiendo, basta hacer un simple recorrido por las calles del microcentro esteño, donde el paisaje es desolador, tiendas vacías, vendedores de brazos cruzados, muchos negocios de puertas cerradas, y lo que es peor, algunos ya de forma definitiva, pues no se avizora una mejora en un futuro cercano.
Miles de desempleados de estos comercios cerrados se suman a las estadísticas y podrían incorporarse a la delincuencia, pues no existe generación de puestos de trabajo que puedan reabsorberlos.
Si el país vecino quiere realmente combatir la ilegalidad en la frontera, los efectivos militares, por lo menos, deberían instalarse solamente en las rutas de salida de Foz de Yguazú y no en el Puente de la Amistad, donde ya existen las instituciones encargadas para ese fin. Siendo así, el tradicional comercio fronterizo no sería afectado en esta época de esperanza de fortalecer las ventas, por las fiestas de fin de año. En resumen, aquella famosa frase, “irmãos” paraguayos, es sólo de boca para afuera, porque la realidad es totalmente distinta. Basta de cinismo y populismo con ínfulas de política imperialista.





























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