CDE se prepara para celebrar otro aniversario de su fundación, en ésta ocasión con la expectativa puesta en el inminente registro de los mayores cambios y avances estructurales de su perfil urbanístico.
Sendas estructuras arquitectónicas e ingenieriles están por darle mucho más que un simple cambio de cara.
El volumen de inversión que supera varios millones dólares, habla de una decisión política histórica, aunque con inquietante atraso, considerando la importancia país que representa la Capital Departamental. Más vale tarde que nunca, es la expresión que atenúa la observación.
Lo cierto es que estamos frente a una etapa en la que la ciudad incorporará nuevas estructuras viales, plazas, parques y centros recreativos que la volverán muy atractiva, al mismo tiempo, estos cambios requerirán de un plan de mantenimiento extremadamente eficaz para su buena conservación en el tiempo. El aspecto no resulta un detalle menor, dado que de eso dependerá que la ciudad edifique el perfil de su identidad y logre el éxito en la tarea de insertar su peculiaridad como centro internacional de comercio y turismo. Si la casa que habitamos la vamos a mejorar estamos en la obligación de conservarla en buen estado, no sea que gastemos tanta plata descuidando lo nuevo, para finalmente quedarnos sólo con los millonarios gastos, desaprovechando la inversión, y otra vez tengamos que sobrevivir en una ciudad con grandes estructuras mal conservadas y sin ninguna aplicación práctica para las que fueron construidas.
El cuidado y aseo de las obras públicas es un trabajo que figura en la agenda municipal, pero, nada se podrá hacer en bien de la conservación de las mismas, si la ciudadanía que las utiliza no aprende a protegerlas con una actitud de mayor responsabilidad y respeto hacia aquello que siendo de nadie en particular, es de todos.
El celoso cuidado y valoración del bien público de parte de la gente, ejercerá una marcada presión para que las instituciones encargadas de su conservación hagan lo suyo.
Mejorar la ciudad, no es solo construir obras, es por sobre eso, desarrollar en los que la habitan un gran nivel de aprecio por ella.
El crecimiento material de la ciudad debería ir acompañado de un despertar de conciencia y de amor ciudadano, éste afecto deberá transformarse en autoestima y orgullo colectivo, más allá de las propias diferencias que caracterizan a sus habitantes. La fortaleza, que para todos constituye la ciudad en la que nacen nuestros hijos y transcurre nuestra vida, es nobleza que obliga a cuidarla como un preciado patrimonio colectivo. La CDE que se viene, cobijará a todos los sectores humanos que la habitan, éste generoso amparo deberá contribuir a cultivar el orgullo de vivir en ella. Qué mejor forma de demostrar tal sentimiento, cuidando y protegiendo las obras que para nuestro beneficio común construiremos en ella.
Escribe: José Martínez





























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