La corporación política se cierra en sí misma y da la espalda al pueblo

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La actuación corporativa de la clase política en ocasión del tratamiento del desafuero del senador Víctor Bogado, solicitado por la Justicia, estaba cantada, desde el momento en que se halla en gestación un verdadero “tsunami” de denuncias de irregularidades de grueso calibre con los fondos del Estado cometidas en la era Franco y en la era Lugo.

Los senadores prefirieron pagar un alto costo político, incluidos los “escraches” ciudadanos en bares y comercios de Asunción, antes que otorgar la venia a la Justicia para el procesamiento y posterior cárcel de un colega que no es la primera vez que se encuentra en la mira de los fiscales anticorrupción. Ya lo había estado en 2006 por un caso de supuestos desvíos de fondos en la Conatel y fue salvado en la Cámara de Diputados de entonces, donde llegó a ocupar la presidencia del cuerpo por varios años.
Pero como bien lo dijo el senador Juan Carlos Galaverna, que suele tener certeros enfoques sobre el acontecer político, ya todo estaba arreglado para no llegar a reunir los votos necesarios para el desafuero y en consecuencia otorgar la impunidad a Bogado.
Al no reunir los 30 votos en el Senado para el desafuero, indirectamente se benefició toda la corporación e incluso la que votó a favor de despojar de su inmunidad parlamentaria al senador investigado por la Justicia. Esto ocurre porque no hay que olvidar que los senadores ya habían tenido el mismo espíritu de cuerpo al no desaforar en el final del período anterior al senador del Frente Guasu, Carlos Filizzola, en el caso de la investigación por la compra de helicópteros en el Ministerio del Interior durante la administración de Fernando Lugo, actual senador y líder del FG.

A pesar de todo,
fuertes coletazos
en el poder
Pese al cerrado blindaje tranquilizador adoptado ante el reclamo de la Justicia, los legisladores y la clase política se exponen a consecuencias muy severas en el plano del pago de un elevado costo político, a juzgar por la reacción de la ciudadanía.
Todo esto generó también fuertes coletazos en el centro del poder, que los debates en el Senado ayudaron a visualizar, en lo que se podría denominar como la punta del ovillo de una fuerte interna.
La bancada oficialista dividida mostró a dos exponentes claves en el debate: Juan Carlos Galaverna y Enrique Bachetta, quienes se disputarían el grado de poder que poseen para influir sobre la Fiscalía y el Poder Judicial. Quien tendría la sartén por el mango en el Ministerio Público es Galaverna, por lo que el senador se constituye en figura clave para el presidente Horacio Cartes en los manejos políticos de los fiscales.
No es ningún dato irrelevante que el caso Bogado tuviera nada menos que cuatro fiscales, una evidencia clave que le llevó al senador Luis Alberto Wagner –quien votó contra el desafuero- a afirmar que el propio Gobierno estaba moviendo los hilos en la fiscalía y el Poder Judicial para acorralar al Congreso con el objetivo de desacreditar al Parlamento ante la sociedad.
Por lo visto esta finalidad del Ejecutivo fue obtenida con creces, si se observa cómo la ciudadanía ya sentenció moralmente a los legisladores al hacer uso del “derecho de no admisión” a comercios y restaurantes. Pero, de hecho, la campaña del destape de olla en el Congreso y en general en toda la administración pública con las denuncias de mal uso de los fondos públicos, obedece más bien a una movida astuta del Gobierno para hacer el “chaque” mandando fiscales y amenazando con procesos judiciales, especialmente a los legisladores, quienes así se ven ante lo inevitable de tener que ceder a las pretensiones del Ejecutivo, como ya ocurrió en el caso de las cuestionadas leyes que supuestamente dan la suma de poderes al presidente Cartes.
Galaverna, con su verborrea grandilocuente y muchas veces esclarecedora de las tendencias políticas dominantes, dio en la tecla al destacar con fina ironía del por qué tanta importancia a un actor político como Víctor Bogado que ya no representa un “peligro” para los líderes emergentes colorados de cara a las próximas internas.
Es cierto, porque con el escándalo desatado le cavaron la tumba política a Bogado, un personaje de cuidado para las pretensiones de algunos rivales directos en la pugna por el poder partidario. Aunque igual quedó flotando en el ambiente que sólo es el principio de una tenaz lucha por consolidar a su vez el poder de Cartes en la ANR, que aún depende de la definición a que se llegue en la feroz interna desatada en el mismo seno del oficialismo colorado.
Mientras tanto, todos quieren ver los agradecidos guiños de HC, por los favores recibidos de los parlamentarios que aprobaron las leyes solicitadas por el Ejecutivo, pero todo queda supeditado a en qué medida sea superado, o agravado hasta un punto de no retorno, el truculento combate protagonizado cuerpo a cuerpo en el Senado entre Galaverna y Bachetta, evidenciando la lucha por la supremacía en el Poder Judicial y en la Fiscalía.
En última instancia, HC tendrá que decidirse por dar su apoyo a uno u otro de sus puntales en el Legislativo. Por ahora, lo que se puede afirmar es que optaría por Galaverna, dada la conocida habilidad de éste para articular el entramado de poder entre el Ejecutivo y la Justicia, pasando por sus influencias notorias en el Ministerio Público.
Una muestra de la sobrada astucia de “Calé” es el haberse ubicado en el bando de los que pidieron el desafuero, con lo cual volvió a crecer su desgastada figura en la opinión pública. Sin haber entrado directamente en este período legislativo a través de la lista principal de HC, es indudable la capacidad de Galaverna de ubicarse en el centro de los entreveros políticos y ser el actor principal de esta verdadera jungla que es la política paraguaya.
Con esto, vuelve a demostrarle a Cartes que puede serle muy útil en la tarea ya no tanto de controlar el poder partidario sino en construir un relacionamiento armónico con el Poder Judicial y la Fiscalía.

Escribe:
Luis Alen

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