La energía debe dar mucho más que que los US$ 750 millones actuales

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Paraguay debe utilizar su energía a favor de la población y su progreso integral, a través de facilitar las inversiones industriales que permitan consumir más la electricidad. De esa manera, los beneficios serán mucho mayores de los actuales US$ 750 millones anuales que recibe el Estado.
Para los detractores del marco regulador energético y defensores de la Ande monopólica, se corre el riesgo de perder la “gallina de los huevos de oro” del Estado paraguayo, pero la realidad es que la energía eléctrica es actualmente una riqueza “dormida”, que no sirve para acompañar un proceso de desarrollo industrial más acelerado, que es el único camino para reducir la elevada pobreza existente en el país.
Una razón poderosa para apoyar el marco regulador de la electricidad es que, así como está la Ande en situación de pérdidas constantes, ni soñando el país va a recuperar la energía que hoy fluye con muy bajo precio a la Argentina y el Brasil. Esto es así porque se requieren grandes inversiones para permitir la utilización de la energía en el país a través de un plan de industrialización acelerada.
Los voceros de la izquierda quieren convencer a la opinión pública que el marco regulador sólo llevará a la enajenación de nuestra riqueza hidroeléctrica, y su ida a manos de los intereses transnacionales.
Pero la verdad es otra, ya que, en la situación actual de la Ande, el Paraguay no puede beneficiarse con su gran disponibilidad en hidroelectricidad en las binacionales Itaipú y Yacyretá, porque sencillamente no existen planes concretos de inversión para expandir el consumo de la energía de aquí a diez años plazo, por parte de la empresa monopólica, a menos que el Estado paraguayo decida distraer enormes cantidades de recursos que mejor pudiera usarlos en atender necesidades sociales.

Contradictoria situación en
dos mediciones mundiales
Para ilustrar esta afirmación, hay que partir de un dato excelente: el Paraguay ocupa el “top ten” en el mundo (el grupo privilegiado de los diez primeros) tomando la producción per cápita de energía eléctrica, junto a grandes países industriales como Estados Unidos, Canadá, Australia, Corea del Sur, Taiwán, Noruega, Finlandia, Emiratos Árabes Unidos y  Suiza.
Pero cuando se analiza el consumo per cápita de electricidad, Paraguay cae muy bajo en el ránking mundial, por debajo de países de la región que tienen guarismos mucho mejores, como Chile, Argentina y Brasil. ¿Qué está ocurriendo? Es obvio que no se ha desarrollado un sector industrial capaz de absorber más energía, en vez de exportarla a un precio casi regalado a los países vecinos, a quienes les estamos financiando su desarrollo industrial por nuestra incapacidad para plantarnos y decirles que vamos a utilizar más cantidad de la energía que nos corresponde en las represas del Paraná.
El ente regulador dará la posibilidad de plantar cara a los vecinos, ya que un gran consumidor de energía como una industria electrointensiva podrá conectarse directamente a las grandes represas, sin pasar necesariamente por el cedazo de la tarifa inflada de la Ande, que normalmente, como toda empresa estatal, tiene altísimos costos operativos por la burocracia improductiva que mantiene por razones políticas.

La nueva entidad a crearse como agencia reguladora, la ANREE, será el órgano rector del Estado paraguayo para conseguir la finalidad de utilizar una mayor cantidad de la energía generada en las grandes hidroeléctricas, y ello no está impedido ni por la Constitución ni por los tratados suscriptos con Brasil y Argentina. Al revés, es la actual situación la que resulta inconstitucional, pues el monopolio de la Ande riñe con las normas de la Carta Magna e impide la canalización de inversiones del sector privado hacia un sector clave de la economía.
Lo que importa en esta instancia es poner el sector energético a acompañar el proceso de desarrollo nacional, con el fin de obtener el ansiado 6-7 por ciento de crecimiento anual promedio en esta década, que otorgará precisamente el salvoconducto para disminuir la pobreza extrema y asegurar la incorporación de miles de jóvenes a un próspero mercado laboral.
Actualmente, este sector energético catalogado como la “riqueza” que no se debe perder, por parte de la izquierda, sigue como “dormida”, sin colaborar en lo más mínimo con el esfuerzo requerido para bajar el alto nivel de pobreza de grandes capas de la población paraguaya.

Escribe: Luis Alen
lusialgo@yahoo.com

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